La subida de los precios en los supermercados tiene un impacto directo en la salud de las personas. Compramos menos productos de calidad nutricional y recurrimos a opciones más baratas, aunque estas sean menos saludables. Pero esta no es la única situación relacionada con la oferta de productos en los supermercados y nuestros hábitos de consumo que impacta en nuestra salud de manera directa e indirecta.
Juana Pérez Martínez, presidenta de la Federación de Consumidores ThaderConsumo, advierte de un fenómeno denominado ‘reduflacción’: “esto es que los envases de los productos de alimentación que consumimos, poco a poco, se van reduciendo de peso. Aunque el volumen no varíe, el peso sí”.
En esta situación, el precio del producto no se ajusta a esta reducción en la cantidad de materia prima que se está vendiendo, lo que afecta directamente a la capacidad económica del consumidor, que tendrá que comprar más producto para conseguir la misma cantidad que conseguía antes. “El problema aquí (explica la presidenta de ThaderConsumo), es que en España esto no está regulado. En otros países sí obligan a avisar de que el producto ha reducido de volumen o de peso, pero en España no y ocurre con productos básicos como legumbres, pasta, etc.”
INGREDIENTES Y ETIQUETADO

Otra acción que tampoco está adecuadamente regulada, continúa Juana Pérez Martínez, es el aviso de que los ingredientes han cambiado. Esto también tiene nombre, ‘barataflacción’, y se produce cuando una marca decide cambiar determinado ingrediente de su producto por uno más económico, intentando no subir el precio. “Lo vimos hace años cuando empezaron a cambiar el chocolate por sucedáneos, y el aceite por otras grasas comestibles más económicas”.
Esto, explica, afecta de manera directa a la salud porque los ingredientes elegidos por ser más baratos, son de menos calidad y suponen un riesgo para la salud, especialmente de poblaciones con patologías como la diabetes o con riesgo de hipertensión. “Las marcas no están obligadas a avisar de que han cambiado su composición”, insiste Juana Pérez Martínez.
Lo que sí hacen a menudo las marcas, continúa la presidente de ThaderConsumo, es dar información imprecisa al consumidor, induciendo a errores. Usa como ejemplo un ingrediente muy de moda ahora mismo, el pistacho: “ahora mismo encuentras todo tipo de dulces que contienen pistacho, pero luego miras los ingredientes y te das cuenta de que a veces es el 1% de pistacho. El resto, para obtener ese color verde tan característico, es colorante”.
PRODUCTOS PROCESADOS
Además de estos comportamientos por parte de las marcas, también hay otras tendencias realizadas por los consumidores que afectan a su salud. Uno de ellos es “el aumento de productos procesados de cuarta y quinta gama, es decir, productos que ya vienen totalmente cocinados como estas tortillas de patatas preparadas. Son muy atractivos para el consumidor y dentro de los hogares cada vez se consumen más, haciéndose no solo frecuentes sino casi indispensables por los ritmos de vida que llevamos y porque, en muchos casos, si echas cuentas te salen más rentables que, por ejemplo, comprar las patatas, los huevos, el aceite, gastar la luz que supone cocinar la tortilla, etc.”, argumenta Juana Pérez Martínez.
El problema con estos productos, explica la presidenta de ThaderConsumo, es que, aunque cada vez van evolucionando más para ser más saludables, aún no están al nivel de los productos frescos o caseros. “Hay muchísimos informes médicos que hablan de que no deberíamos abusar de estos productos procesados porque, aunque son menos dañinos, siguen siendo mucho más ricos en azúcares, en sal, en grasas saturadas, etc.”, explica Juana Pérez.
LA COMPRA Y LA SALUD MENTAL
Habiéndose demostrado ya que las situaciones derivadas de los precios y los hábitos de consumo afectan a la salud física, desde ThaderConsumo recuerdan que estos contextos también afectan a la salud mental. “Cuando tienes que ir a hacer la compra, y ves que todos los precios han subido, a cualquier ama o amo de casa le produce un ‘nubarrón’ en la cabeza porque, con esos precios, tengo que cubrir las necesidades nutricionales y comer de manera saludable con los mismos ingresos”, explica Juana Pérez Martínez, “y si intentas comer alimentos frescos, vas a tener que ir cada tres días al supermercado, teniendo esa presión cada pocos día”◙

