Azúcar y edulcorantes en la balanza de la salud

Analizamos los beneficios y riesgos de las dos formas de endulzar nuestra vida.

Debemos ir más allá del manido debate entre azúcar y edulcorante y comprender mejor el efecto que cada uno produce en nuestro organismo para formarnos una opinión. No siempre escoger un camino implica abandonar otro.

El azúcar

El azúcar de mesa es el más refinado y no es un alimento esencial. Más bien, se considera un alimento complementario de tipo fruitivo, que son aquellos que brindan placer sin aportar un valor nutricional útil. Tradicionalmente se utiliza en preparaciones culinarias o como ingrediente en otros productos de magnitud industrial, y esto es así debido a su bajo costo.

La sacarosa, presente en el azúcar de mesa, es un carbohidrato simple compuesto por dos monosacáridos: glucosa y fructosa. Debido a su estructura, se absorbe rápidamente en el cuerpo. Su única función es proporcionar energía, aportando 4 kilocalorías por gramo. Al ser absorbida rápidamente, la glucosa entra en la sangre de inmediato, lo que eleva los niveles de glucosa sanguínea y puede tener implicaciones para la salud, especialmente en personas con diabetes o con probabilidades de padecerla. Además, es bien conocido que el consumo de azúcar contribuye a la aparición de caries dentales.

El azúcar tiene la función principal de endulzar la comida y, en cierto modo, endulzar la vida. No es necesariamente mala ni venenosa, todo depende de la cantidad que tomemos. Claro que se puede consumir azúcar, pero el problema radica en que no solo la tomamos de forma voluntaria, sino que también está oculto en muchos otros alimentos, como salsas (por ejemplo, el kétchup), zumos, refrescos, lácteos, batidos, tomate frito, y casi la gran mayoría de productos ultraprocesados.

Por su valor calórico, un consumo excesivo acarrea un aumento de peso. La mayoría de las veces que dejamos el azúcar suele ser por ese motivo. Y lo sustituimos por edulcorantes —naturales o sintéticos— porque nos hemos acostumbrado mucho a los sabores dulces, que realmente son más palatables (cualidad de ser grato al paladar).

Los edulcorantes

La Unión Europea solo autoriza 19 edulcorantes. Dentro de ellos, los hay naturales como el xilitol, que cuando se consumen en exceso tienen efecto laxante, producen molestias gastrointestinales y diarrea; está presente en algunas chucherías, refrescos y en los chicles sin azúcar.

Todos los edulcorantes autorizados han sido aprobados porque su consumo no representa riesgos para la salud, siempre y cuando no se ingieran en cantidades exageradas. Según las normativas de la UE, no se debe superar una toma de 2 mg por kilo de peso corporal. Para ponerlo en perspectiva, esto equivaldría a consumir 25 sobres de sacarina.

La mayoría de los edulcorantes no tienen calorías, pero mucho ojo que no en todos es así. Los polialcoholes —como el xilitol de las chucherías—, solo pueden presumir de contener un 60% menos de calorías que el azúcar. Lo que ningún edulcorante aporta es utilidad nutricional, su único fin es potenciar el dulzor.

Las recomendaciones de la OMS piden que se reduzca el consumo de edulcorantes sintéticos y se apueste por los naturales. La razón es que se están utilizando para perder peso y eso sí que se ha demostrado que no funciona. En el objetivo de adelgazar o reducir el aporte calórico, lo que influye es el modelo alimentario, es decir, todo lo que comemos. No sirve de nada tomar todo con edulcorantes si luego se come bollería industrial y no se hace ejercicio físico.

En resumen, si no se lleva un estilo de vida saludable. Las dosis autorizadas por la UE no representan ningún riesgo para la salud, por eso es mejor que una persona que, por ejemplo, padezca de caries, consuma edulcorantes antes que azúcar. Un diabético que no puede tomar azúcar debe recurrir a los edulcorantes y, además, preferentemente acalóricos. Pero también hay que tener muy claro que consumir edulcorantes no va a disminuir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares ni tampoco obesidad

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