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Xperiencia Kilimanjaro: así demostraron que las enfermedades no podían pararles

La endocrina Mercedes Nova y Arturo Carvajal, fisioterapeuta con diabetes tipo 1, formaron parte de la ‘Xperiencia Kilimanjaro’ en la que sanitarios y pacientes subieron la montaña africana e hicieron voluntariado

La Xperiencia Kilimanjaro pretendía servir de apoyo a personas que se han visto implicadas en un proceso complicado, como una intervención quirúrgica, un tratamiento o un trasplante. 25 personas, entre pacientes y sanitarios, realizaron durante siete días y el pasado mes de junio, una ruta que culminó con la llegada a la cima del monte Kilimanjaro en Tanzania (África), con casi seis mil metros de altura. Esta hazaña fue ideada e iniciada por el Grupo de Trabajo de Endocrinología, Nutrición y Ejercicio Físico (GENEFSEEN).

Mercedes Noval, médico especialista en endocrinología y nutrición en el Hospital Universitario Son Espases (Mallorca) y miembro del Grupo de Lípidos y Riesgo Cardiovascular de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), formó parte del proyecto #Xperienciakilimanjaro. 

SALUD21: ¿Cómo surgió su deseo por unirse a la experiencia?

MERCEDES NOVAL: La doctora Elena Saura (del grupo de trabajo de Endocrinología, Nutrición y Ejercicio Físico de la SEEN) y yo somos amigas y colegas de profesión. Cualquier propuesta que venga de ella puede ser una aventura de lo más interesante y enriquecedora. Cuando se te plantean oportunidades como Xperiencia Kilimanjaro, el ‘ya lo haré’ no es una opción. La vida es aquí y ahora porque nunca sabes cuándo van a cambiar tus condiciones.

S21: ¿Cómo transcurrió?

M.N.: Los primeros días hicimos el voluntariado, que en mi caso fue sanitario. Valoramos a los habitantes de un pueblo de Moshi, haciendo screening de hipertensión arterial y diabetes. También atendimos a pacientes con otra sintomatología como fiebre, dolores mecánicos, problemas visuales que solicitaron nuestra valoración.

Fue muy bonito el acercamiento con personas de otra cultura y lo amables y cariñosos que fueron con nosotros. 

La segunda parte de la experiencia fue el ascenso al Kilimanjaro. Si bien a nivel técnico y físico me lo esperaba más complejo, se hacía duro tantas horas de caminata, y conforme íbamos subiendo notabas la altitud.

Tuve mal de altura en la última etapa, en la que hicimos cima. Fue leve inicialmente, pero cuando me quise dar cuenta estaba bastante mareada. Por suerte mis compañeros y los guías me ayudaron y no me dejaron sola ni un minuto. Con el descenso de metros y un poco de descanso quedé como nueva en cuestión de unas pocas horas. 

S21: ¿Qué sensaciones tuvo durante la experiencia y después de la travesía?

M.N.: Felicidad. Una felicidad diferente, tranquila, en paz con todo. Ha sido una experiencia vital. El grupo ha sido maravilloso, tanto entre nosotros, que no nos conocíamos previamente, como la integración con la gente nativa de África. Ha sido una convivencia muy natural, hemos cuidado unos de otros de una forma muy sincera,  y a nivel personal todos hemos aprendido y crecido.

Creo que muchas veces se dice al volver de este tipo de viajes que la gente de África es muy feliz a pesar de no tener nada; y yo pienso que precisamente son felices porque tienen lo más importante que son las personas, y son felices en comunidad porque son una piña. Creo que nosotros hemos perdido esta perspectiva por culpa del uso excesivo de las pantallas y por el afán de tener cosas materiales. Vuelvo convencida de que la vida es más sencilla de lo que en ocasiones la hacemos, y de que tenemos que apagar el wifi más a menudo. 


La Xperiencia Kilimanjaro puso a prueba a varios pacientes con sus particulares situaciones de salud. Entre ellos estuvo Arturo Carvajal, joven fisioterapeuta de 29 años con diabetes tipo diagnosticada el 1 en marzo de 2019.

S21: ¿Cómo entraste a formar parte de Xperiencia Kilimanjaro?

ARTURO CARVAJAL: Me hablaron del proyecto y cuando los promotores contactaron conmigo, ni me lo pensé, dije que sí; ya tendría tiempo de asimilar qué iba a suponer para el control de la diabetes. El proyecto era tan apetecible que no tuve que pensármelo: subir el Kilimanjaro y aportar mi granito de arena como fisioterapeuta en la población rural de Moshi.

S21: ¿Cómo lo viviste?

A.C.: Fueron 12 días de emociones intensas continuamente. De allí me llevo toda la calidad humana que vivimos, de sus habitantes, que nos llevan ventaja en cuanto a calidad de vida, viviendo el día a día y afrontando los problemas que van surgiendo de forma pausada y disfrutando cualquier momento del día. Las tecnologías nos aportan muchas cosas, pero el uso excesivo nos lleva a vivir de forma ‘rápida’, sin pararnos a disfrutar de los pequeños momentos. Conseguimos que durante el viaje todo fuese alegría, risas, bromas y compañerismo.

La subida al Kilimanjaro fue muy buena en todos los aspectos: pude reducir la insulina lenta a la mitad todos los días, y la rápida también la reduje mucho; en los desayunos solo me tenía que poner el 30%. En comidas, el 50% y en cenas, el 75%.

Hubo hueco para el mal de altura el día de aclimatación, ya que superamos los 4.000 metros hasta alcanzar los 4.600. Ese día tuve dolor de cabeza, que iba en aumento con la altitud, y también la glucemia se disparó, llegando a más de 300. Pero gracias a Elena, Sonsoles, Ángel, Mercedes y Gaby, que me ayudaron a verlo con calma y a tomar las decisiones para llevar un control, cuando llegamos al campo base por debajo de los 4.000 metros, la glucemia entró en rango. 

S21:  ¿Qué sensaciones e impresiones tuviste durante toda la experiencia?

A.C.: Fueron muchas sensaciones. Me quedo con la alegría de las familias de niños con discapacidad a las que ayudamos, el compañerismo convertido en amistad con todo el grupo y, por supuesto, hacer cima en el Kilimanjaro, con sus 5.895 metros. La sensación allí fue de alegría infinita, que quise dedicar a mi hermana, diabética desde que tenía un año.

Después de la experiencia he cambiado la forma de tomarme la diabetes y algunos aspectos del día a día, ahora lo vivo todo de forma más calmada. 

Uno de los retos de la expedición era demostrar que pacientes con enfermedades crónicas como la diabetes pueden hacer ejercicio e incluso practicar deportes ‘extremos’ siempre que se haga con la supervisión médica adecuada y la de un entrenador en caso de necesitarlo. Ojalá este reto sirva para que se anime mucha gente a hacer deporte.

S21: ¿Recomiendas a personas en tu situación que realicen actividades de este tipo?

A.C.: Por supuesto, si algo te gusta, tienes que ir a por ello. Con nuestra condición de diabéticos quizá sea más difícil controlar o alcanzar algunas metas, pero con constancia y aprendizaje, todo se puede. Hay que adaptar la diabetes a nuestro estilo de vida y no al revés. 

Esto no se alcanza solo, hay que dejarse ayudar y nosotros contamos con las mejores endocrinos, preocupadas por nosotros, ya que es fundamental esa conexión para poder aconsejarnos acerca de la diabetes.

Es importante destacar que cada paciente es diferente, y por eso la diabetes no se comporta de igual manera en todas las personas. Quiero reconocer a integrantes del equipo  como Elena, Sonsoles, Ángel y José Luis, y darles las gracias porque he vivido la mejor Xperiencia que se puede llegar a imaginar y ¡ha sido gracias a ellos! 

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