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«En redes sociales hay personas que asumen la función de la psicología sin estar formados, y eso es un delito»

Eugenia Piñero, psicóloga, explica las precauciones que debemos tener con la información que recibimos a través de Internet y las redes sociales sobre salud mental

Ya se habla de salud mental. Uno de los ambientes donde más conversaciones hay sobre el tema son las redes sociales. En ellas podemos encontrar todo tipo de experiencias, informaciones y perfiles de divulgación, pero a menudo desconocemos quién está detrás de estos perfiles y si cuentan con la formación necesaria.

Eugenia Piñero, psicóloga, directora de Prosalud Psicología, miembro del grupo de trabajo contra el intrusismo del Colegio Oficial de Psicólogos de Murcia, y profesora asociada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Murcia. explica el papel de las redes sociales en cuidado de la salud mental.

SALUD21:Ya se habla de salud mental en redes sociales. ¿Esto es positivo?

EUGENIA PIÑERO: Siempre es positivo que se hable de salud mental. Esa es la premisa. Porque así se desmitifica, se elimina el estigma y la gente puede entender que la salud mental es algo que nos afecta a todos. Todos en un momento determinado podemos tener un problema de salud mental.

Esa parte que tiene que ver con la psicoeducación, con la normalización de la salud mental es positivo, pero es muy importante que se hable con criterio, con la ciencia detrás. No solo a través del autoconocimiento o de la experiencia personal. Y muchas veces lo que nos encontramos en redes sociales son informaciones que no están contrastadas científicamente. Hay profesionales de la psicología que divulgan su conocimiento en redes sociales, desde la responsabilidad. Pero también hay personas de las que se desconoce su formación o experiencia, si es que la tienen, que hablan de salud mental sin criterio científico. Eso puede ser incluso peligroso.

También hay gente que habla desde su experiencia personal que sirve para eso, para normalizar la salud mental, pero tampoco para divulgar. Si alguien dice que está desanimado, triste, y afirma después que ha sido diagnosticado de depresión, puede llevar a otros a confundir sintomatología que puede ser normal o adaptativa en un momento de la vida. Esto puede llevar al autodiagnóstico, a la automedicación y al alarmismo. Entonces, está bien que se hable de salud mental y se divulgue sobre salud mental, pero siempre hay que comprobar que la fuente es científica y que tiene el respaldo de la organización colegial de la psicología.

S21: Precisamente has mencionado un término que se usa con bastante ligereza en redes sociales: ‘depresión’. También se están usando muchos términos con más frecuencia: TDAH, apego evitativo, apego ansioso, TOC. Ahora tiene todo un nombre. ¿Eso puede provocar que la gente se ‘sobrediagnostique’?

E.P.: Hay que diferenciar entre un trastorno clínico de salud mental y lo que es una oscilación de los estados de ánimo que son absolutamente normales. Lo normal en la vida es que haya días en los que uno está más animado y días en los que está mas desanimado. Un trastorno implica un gran sufrimiento para la persona, implica unas grandes dificultades para mantener las rutinas, para relacionarse con la gente. Supone un perjuicio que es precisamente uno de los criterios para diagnosticar: que esa sintomatología provoque un malestar significativo.

A veces, cierto tipo de divulgación sobre psicología hace que, cuando escuchamos ciertos síntomas que nos pueden encajar porque todos en algún momento tenemos una manía por ejemplo, pensemos que tenemos ese trastorno en particular. También puede llevar a todo lo contrario, a relativizar y quitar importancia a situaciones graves.

S21: ¿Cómo podemos comprobar que la persona que está detrás del perfil en redes sociales es un psicólogo colegiado?

E.P.: Cuando aportamos información científica tenemos que citar la fuente de la que procede la información. Ese sería uno de los criterios importantes: asegurarnos de que la información que se comparte proviene de un estudio científico y está contrastada.

También hay que poder identificar a la persona que comparte la información. A menudo vemos contenido redes sociales, pero no podemos ver quién lo publica, no sabemos nada sobre esa persona. Es cierto que quien es psicólogo colegiado sí suele ponerlo en la información del perfil, con su número de colegiado, y sí citan las fuentes que utilizan. Una manera de saber también si están colegiados es consultar las listas de los Colegios Profesionales o llamar al propio colegio oficial de psicología, desde donde nos darán información sobre si una persona en concreto está o no colegiada.

En el caso de no estarlo, podríamos estar ante un caso de intrusismo, es decir, situaciones en las que una persona asume funciones propias de la psicología sin tener la formación ni la acreditación necesarias, y eso es un delito.

S21: ¿Cómo podemos asegurarnos, por otro lado, de que los perfiles de redes sociales que consultan nuestros hijos o nietos son fiables?

E.P.: Aquí hay una parte ventajosa en los adolescentes y es que esta generación, también como consecuencia de la pandemia, habla mucho de la salud mental. Los chavales hablan con mucha naturalidad de que van a terapia y eso es muy positivo. En este contexto, ellos tienen una voluntad crítica y una necesidad de saber las cosas con base. Hace falta, desde luego, educación para los padres en el uso de las redes sociales porque a veces están muy desvinculados. Es importante compartir tiempo con los hijos y preguntarles por lo que ven en redes, saber qué es, participar en ese aspecto de su vida. Hacerlo a través de las preguntas, de la curiosidad, de decir “oye y esta persona que habla de salud mental, ¿es psicólogo?”, sin excesiva restricción, o sermones, pero sí con responsabilidad y favoreciendo el pensamiento crítico.

S21: ¿Y qué pasa con los ‘influencers’, con los famosos de las redes sociales? ¿pueden servir como ejemplo para el cuidado de la salud mental o hay que cogerlo ‘con pinzas’?

E.P.: Es verdad que los influencers muestran en redes sociales una vida llena de viajes, lujo en ocasiones y objetos que a los jóvenes les resultan muy interesantes. Pero suelen mostrar una fachada en ocasiones irreal, y cuando alguna de estas personas habla de que sufre ansiedad, ataques de pánico o que han tenido que recurrir a ayuda psicológica para determinadas situaciones, resultan una buena manera de normalizar la salud mental. Pero vuelvo a insistir en que eso no es divulgación científica. Por eso animo a ser un poco cautos porque eso que te está contando el influencer en redes sociales no es ciencia, es su experiencia personal.

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