Longevidad empoderada y participativa

MARIA TRINIDAD HERRERO | Las medicinas preventiva y predictiva, junto a los avances de la tecnología y de la investigación biomédica, nos harán vivir más

En el año 2050, un 20% de la población mundial habrá cumplido 60 años, es decir, una de cada cinco personas en el mundo será adulto mayor, y lo más aconsejable es que esas personas estén sanas y activas. La clave está en la prevención y la promoción de la salud que nos brindan la nueva longevidad. Para ello, debemos cambiar el enfoque del binomio salud-enfermedad y aplicarlo en nuestra propia vida adoptando hábitos de vida saludable que nos protejan de sufrir enfermedades.

Las medicinas preventiva y predictiva, junto a los avances de la tecnología y de la investigación biomédica, nos harán vivir más, pero también con mejor calidad de vida. La medicina se ha transformado y de ser “únicamente reactiva” y curativa, actuando cuando ya han aparecido los síntomas, ha pasado a ser preventiva y participativa. Así, es esencial promocionar los hábitos saludables desde el nacimiento y desarrollar, con ahínco, la educación para la salud de toda la población, que está destinada a ser longeva.

LONGEVIDAD

Se considera longeva a una persona desde los 74 hasta los 90 años. A partir de esa edad ya se denomina vejez avanzada. La longevidad, según la OMS, implica “la combinación de todas las capacidades físicas y mentales con las que cuenta una persona, incluidas las psicológicas”.

La longevidad es una etapa de la vida que, incorrectamente, asociamos con achaques y enfermedades; sin embargo, cada vez más hay personas que cumplen años en estado de salud y con las capacidades íntegras, a lo que hay que sumar la experiencia que han adquirido durante su devenir vital que, en muchos casos, es sabiduría. Pero, es que, además de experiencia, se debe perseguir ser longevo con capacidad funcional óptima. Y esto equivale a combinar la propia capacidad intrínseca con las posibilidades que ofrece el entorno donde se vive, ya que ambas interaccionan. Por ello, es preciso indicar que, para que las personas mayores se realicen en su entorno, deben existir los medios y las oportunidades para desarrollar sus capacidades a cualquier edad.

Una persona longeva tiene mucho que aportar a su comunidad. Los adultos mayores disponen de capacidades intrínsecas que deberían ser consideradas como agentes activos de la sociedad, máxime en los aspectos que les atañen de su propia vida y de sus circunstancias.

PARTICIPACIÓN DIGNIFICANTE

En nuestros países, el envejecimiento poblacional es una realidad que hay que afrontar y aprovechar en positivo. Debemos desarrollar una transformación, tanto personal como social, incorporando el enfoque participativo de forma equitativa.

Los adultos mayores deben involucrarse de forma activa en todos los aspectos que tengan que ver con su vida, con el fin de mejorar sus condiciones, su calidad de vida y su salud. Sus aportes y su diferente forma de abordar los problemas, casi siempre más práctica, real y evidente, garantiza que los servicios respeten su autonomía, sean acordes a las necesidades reales y que los resultados de las acciones y de las políticas alcancen lo que se espera.

El enfoque participativo, además de fomentar la autonomía, la confianza en ellos mismos y su empoderamiento, brinda coaprendizaje, que es necesario y aconsejable. Asimismo, las experiencias piloto en otros países europeos demuestran que la movilización comunitaria participativa no solo dignifica a los mayores, sino que también optimiza los fondos y los recursos.

BENEFICIOS

Para las personas mayores, el enfoque participativo solo aporta beneficios: se mejora la calidad de las decisiones por el diálogo colaborativo al incorporar diferentes perspectivas para un determinado asunto, se fomenta el respeto mutuo y la cohesión, se aumenta el compromiso al ser protagonistas en la planificación, en el desarrollo y en las propias acciones y se incentiva la motivación, la creatividad y la innovación, En definitiva, se obtienen ambientes vitales más positivos.

CAMBIO DE PARADIGMA

Del enfoque de “envejecimiento activo” hemos transitado a la “longevidad empoderada y colaborativa”. Las personas mayores no son seres pasivos. La participación es un componente central y esencial que implica ser activo en su propia vida, pero también participativo dentro de la propia comunidad, en la que las opiniones de los mayores deben ser buscadas y tenidas en cuenta.

Para construir un futuro digno, en las políticas públicas se han de incorporar los enfoques participativo y compartido, con la colaboración intergeneracional. El futuro ha de ser inclusivo, con atención a la diversidad y la unicidad de todo ser humano, reconociendo a las personas mayores como agentes positivos del cambio y no como objetos pasivos.

Alcanzar una longevidad saludable y sentirse bien no es cuestión de años, es cuestión de actitud y de cuidados. Lo más importante es vivir cada etapa en plenitud. Envejecer no debería tener connotaciones negativas, va a depender de la percepción que cada persona tenga de su edad y de su estado físico y mental. Cuando una persona se siente activa, independiente, participativa y útil, disfruta al cumplir más años, ya que la aparición de la ‘vejez’ se retrasa.

Prevenir y participar son dos conceptos clave para una longevidad saludable◙



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