Benditos bostezos

En especies sociales, como lo es la humana, el bostezo se convierte en comunicación siendo un elemento de sincronización social

El bostezo es un comportamiento motor complejo. El bostezo es una conducta espontánea muy antigua en la escala filogenética y en la evolución, siendo un reflejo que los mamíferos compartimos con las aves, los peces y los reptiles. El bostezo comienza con una apertura amplia de la boca desplazando la mandíbula. Ese es el preámbulo de una inspiración larga y profunda que se sigue de una pausa respiratoria (la apnea) y de una espiración lenta. También suele acompañarse de cierre de los ojos y estiramiento de los músculos de la cara, del cuello y de las extremidades.

Son patrones motores estereotipados y complejos en los que intervienen diversos neurotransmisores como la acetilcolina, la dopamina, el óxido nítrico, la oxitocina o la serotonina, y que implican a muchas áreas del sistema nervioso central y periférico, desde núcleos centrales del hipotálamo, regiones cerebrales de las emociones, redes neuronales de la atención, de la vigilia y de la empatía a centros del sistema autónomo que, coordinadamente, controlan la activación sincrónica del aparato respiratorio y de la musculatura facial.

Aunque para que empecemos a andar o aprendamos a comer o a controlar los esfinteres nos lo tienen que enseñar, para bostezar no necesitamos aprendizaje. El bostezo es un reflejo neurobiológico innato. Nacemos aprendidos. De hecho, el bostezo se ha descrito en fetos de 11 a 15 semanas de gestación y su frecuencia va aumentando durante el segundo trimestre del embarazo. Aunque los bostezos disminuyen en el noveno mes, horas después del parto los bebés ya lo practican.

¿Para qué bostezar?

Los mecanismos cerebrales del bostezo aparecieron hace cientos de millones de años y no se han extinguido. Por tanto, su función debe ser esencial, brindando ventajas evolutivas de regulación fisiológica y social. Al comenzar con una inspiración profunda con intercambio de aire en las vías respiratorias se pensó que era un reflejo debido a la falta de oxígeno cerebral, pero esa hipótesis no ha podido ser demostrada.

Sin embargo, se sabe que el bostezo no tiene una única función. Por una parte, sería un mecanismo de activación del sistema nervioso autónomo simpático para promover el aumento de la frecuencia cardíaca e implicar a sistemas activadores que consigan incrementar las respuestas cerebrales y la atención. De ese modo, el bostezo estaría regulando el estado de alerta durante la vigilia, sobre todo cuando corremos el riesgo de entrar en estado de somnolencia. Asimismo, parece que equilibra la termorregulación cerebral aportando un flujo sanguíneo ‘mas frío’ desde la cara y el cuello hacia la cabeza y el sistema nervioso.

Pero no queda ahí. En especies sociales, como lo es la humana, el bostezo se convierte en comunicación siendo un elemento de sincronización social.

Contagio = Vínculo social

Todos hemos bostezado cuando hemos visto a alguien bostezar. Es el fenómeno de contagio por imitación refleja que, a diferencia del bostezo espontáneo innato, la conducta de este bostezo contagioso sí se aprende. El bostezo por contagio suele aparecer entre los 4 a los 6 años. Y es que, para que se inicie, se precisa mayor maduración cerebral, de los circuitos de la empatía, las neuronas en espejo, y las áreas parietales insulares y prefrontales que están relacionadas con la percepción y con la cognición social. Así, al desarrollarse el cerebro, se logran procesar las señales interpersonales que son esenciales en la sincronización y en la cohesión de los grupos sociales.

Por ello, se entiende que el bostezo es un reflejo social inconsciente de cohesión humana que, por observación e imitación, ayuda a mantenernos en alerta y coordinados como grupo. Para que este contagio se haya convertido en vínculo social se han debido desarrollar los circuitos de la imitación automática. Esos circuitos nos permiten comprender las acciones de los otros, el significado de los momentos y activan los sistemas de resonancia emocional y motora.

La opinión silenciosa

Por todo, más que ser un grito suplicando un café, como dijera Chesterton, “el bostezo es una opinión silenciosa”. Es una opinión silenciosa porque sin palabras comunica tanto sobre el estado de ánimo de quien lo emite como sobre su nivel de cansancio o de interés en ese momento. Y, en consecuencia, nos pone en alerta para prevenir que no caigamos en ese mismo estado. Por tanto, cuando el bostezo aparezca sería mejor no reprimirlo. Pensemos que se trata de un rápido y económico reseteo cerebral.

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