
El estigma es un proceso a través del cual las personas pertenecientes a un colectivo vulnerable son discriminadas y excluidas socialmente por el hecho de pertenecer al colectivo. Cuando las personas son estigmatizadas, el acceso a derechos fundamentales como la sanidad, la educación, la cultura, la vivienda y el trabajo, entre otros, se ve obstaculizado. Ejemplo de ello, en el caso de las personas con trastorno mental grave, el 80% se encuentra en situación de desempleo.
Un alto nivel de estigma público o social está presente cuando pensamos que las personas con diversidad en salud mental son débiles, inferiores, impredecibles o agresivas. Este tipo de estereotipos lleva asociado prejuicios como el miedo y conductas como la evitación, el rechazo y la discriminación social. El estigma duele más que la sintomatología y se convierte en un estresor crónico que puede agravar la condición de salud y llevar incluso a la internalización del estigma (autoestigma) y al suicidio. Ahí es cuando la persona pierde toda la esperanza, pues vive como propias las creencias y actitudes que percibe en la sociedad, llegando al efecto del ¿para qué…? ¿Para qué voy a salir si no voy a encontrar amigos?; ¿para qué voy a buscar trabajo si no me lo van a dar?
Sin apoyo social es difícil avanzar en la recuperación de la salud y de la propia vida, volver a coger el timón, tener mayor propósito vital, sentirse incluido y partícipe de las actividades de la comunidad, útil a la sociedad. Para ello, también es importante luchar contra el estigma estructural o institucional, demandando más inversión en los servicios públicos de salud mental, mejora de leyes que garanticen los derechos humanos de las personas con problemas de salud mental.
MICROESTIGMAS
Los microestigmas son actitudes, acciones o comentarios que tenemos automatizados, suelen ser sutiles, cotidianos y tan normalizados que, a veces, resulta difícil detectarlos. En principio, no se suelen hacer con mala intención, incluso las personas que los transmiten pueden hacerlo con el objetivo de ayudar, de ‘quitar hierro’ a la situación. Está claro que el nivel de analfabetismo en salud mental en España y en todo el mundo es muy elevado, con amplias lagunas de información relevante; y, precisamente, ese desconocimiento es uno de los factores que contribuye a mantener el estigma hacia personas con este tipo de diversidad que suelen aislarse socialmente o relacionarse solo con otras personas del mismo colectivo para evitar la ansiedad y el miedo a ser tratados como si fueran defectuosas o no tuvieran nada que aportar, o en el peor de los casos, como si fueran peligrosas

Los microestigmas al igual que el estigma y el autoestigma se mantienen porque se transmiten, de generación en generación, a través de la familia, entorno escolar, laboral, cine y medios de comunicación, también por la existencia de factores estructurales y de intereses sociales, económicos y políticos difíciles de abordar.
Tratar de forma infantil, dando por hecho que por tener un problema de salud mental no estás capacitado para expresar tus opiniones, deseos o necesidades; dar por hecho que ya no podrás estudiar o trabajar por tu diversidad; controlar o sobreproteger por miedo a que la persona con diversidad no vaya a hacer bien sus tareas; todos estos microestigmas se repiten diariamente en el seno de las familias, en los servicios sanitarios, en la sociedad, dañando de forma larvada los sentimientos de autoestima y la identidad social de las personas que viven una condición de salud diferente.
LUCHAR CONTRA LOS MICROESTIGMAS
Existen numerosas estrategias de lucha contra el estigma, el autoestigma y los microestigmas que han sido probadas y cuentan con evidencia científica, entre ellas, la sensibilización y alfabetización en salud mental, el activismo o contacto e interacción social entre personas con y sin problemas de salud mental.
Es importante reflexionar y tomar conciencia, de forma individual y en grupo (familia, amigos, compañeros de estudio o de trabajo), acerca de qué microestigmas están presentes en nuestro modo de pensar y de actuar y de cómo pueden afectar a las personas que los reciben, intentando sustituirlos por ideas más objetivas que darán lugar a actitudes prosociales que facilitarán la inclusión y participación en la sociedad.
Conocer la realidad de las personas con este tipo de diversidad con información veraz (podcast, libros, mesas redondas) y, sobre todo, a través de la interacción y contacto directo con ellas, también reduce los prejuicios y microestigmas y estimula su inclusión social, escolar y laboral◙
