
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la menopausia representa un punto en el continuo de las etapas vitales de las mujeres, y marca el final de sus años reproductivos”. En la antigüedad, cuando la esperanza de vida era menor, la fertilidad femenina duraba todo el periodo vital, pero desde hace más de 100 años, al aumentar la longevidad, existe una etapa post-productiva que ha ido in crescendo, de modo que en la actualidad, más de un tercio de la vida se vive tras la menopausia.
La menopausia aparece entre los 45 y los 55 años, variando de una mujer a otra. Progresivamente va agotándose la capacidad y la función de los ovarios que concluye con el cese permanente de la menstruación.
Mientras que se considera menopausia al momento en que se tiene la última menstruación, el climaterio es un periodo y un proceso que dura desde varios años antes y varios después de la menopausia. En ese periodo de transición, debido a variaciones hormonales, sobre todo por la disminución de la síntesis de estrógenos, las mujeres aprecian cambios corporales como sequedad vaginal, alteraciones del ritmo de sueño y de los tegumentos (piel y cabello), redistribución de la grasa, además de los consabidos cambios de humor y sofocos repentinos.
KONENKI
Lejos de interpretar que la menopausia y el climaterio son negativos y que, a partir de la menopausia, comienza el declive, se debe cambiar la mentalidad y pensar que el tiempo que queda por vivir se debe vivir en plenitud.
Los japoneses denominan “konenki” a la menopausia significando el momento de la vida para regenerarse. Así entienden que la fertilidad es parte del pasado y que el climaterio es la oportunidad de renovación y de crecimiento personal. Entonces dejan a un lado las responsabilidades sociales de haber tenido que ser esposa y madre y enfrentan su reto de madurez abriendo su vida al futuro.
En las culturas orientales la narrativa del climaterio es diferente a la que se infiere en la cultura occidental: a las mujeres mayores se las respeta y su estatus social se acrecenta. Y, aunque los cambios hormonales y físicos existen, psicológica y socialmente los enfrentan como una metamorfosis de la madurez. El climaterio es una época de regeneración y de nuevas oportunidades. Culturalmente aprenden que es un momento no solo de supervivencia, sino de nuevas energías cuya savia, de forma connatural, ayuda a enfrentar los cambios físicos con ilusión y con talante optimista.
NUTRICIÓN Y CLIMATERIO
Las japonesas refieren cambios corporales y de conducta, pero los entienden como parte del proceso. Aunque si refieren dolores articulares, rigidez de hombros y frío, apenas tienen sofocos.

Debido a los cambios hormonales del climaterio, las mujeres occidentales tienden a aumentar de peso y a perder masa ósea y muscular. En las asiáticas estos cambios son menos evidentes. Más allá de la actitud y de posibles diferencias genéticas, también cambia la alimentación. Particularmente, el consumo de brotes de soja y sus derivados (soja fermentada, salsas y bebidas) que contienen isoflavonas, con propiedades semejantes a los estrógenos. Por ello, es recomendable incluir en la dieta productos ricos en fitoestrógenos como la soja o las semillas de lino.
Durante el climaterio se puede aprovechar para establecer nuevas pautas de vida saludable y de cuidar de sí misma. Hay que rehuir el tabaco, el alcohol, las grasas saturadas y los alimentos procesados. Y se debe seguir una dieta equilibrada, manteniéndose hidratada para prevenir la sequedad de la piel y de las mucosas.
Con el fin de preservar la salud ósea y muscular, además de aportes de vitamina D, de exponerse al sol con precaución, de ejercicios aeróbicos y de fuerza y de evitar el sobrepeso, deben consumirse alimentos bajos en grasa, frutos secos, huevos, lácteos, nueces y semillas de chía, pescado y verduras de hoja verde. Es preceptivo consumir proteínas animales y/o vegetales: carne, pescado o legumbres; e incluir en la dieta alimentos ricos en fibra que regulen el tránsito intestinal: cereales integrales, fruta, leguminosas y verduras.
LA BELLEZA DEL FLUIR
El konenki corresponde a esa parte de la vida que reflorece en una transición natural, como ocurre con los cambios de estaciones. En la vida, transicionamos por etapas vitales. Con la madurez, debemos reconocer la belleza del fluir y entender que la menopausia no es la muerte de la juventud, sino una etapa de renovación, una etapa de florecimiento de una vida fecunda.
En este primer tercio del siglo XXI, tras la menopausia quedaría por vivir al menos un tercio de la vida. Convirtamos esos años en tiempo de enriquecimiento y de madurez. Será un largo periodo de disfrute para descubrir aspectos novedosos de la vida, para seguir aprendiendo, para disfrutar con la sabiduría que brinda haber vivido, para ser agradecidas y para celebrar cada día las nuevas oportunidades.
Según el dicho japonés, “toshi o totte koso wakaru”, la comprensión del devenir en este mundo solo se consigue cumpliendo años. Vivamos la plenitud de la edad y adaptándonos a cada momento y circunstancia, superemos las novedades con resiliencia y actitud proactiva… gestionando el estrés emocional◙
