
En estas fechas podemos decir que el verano ya ha cogido la recta final antes de comenzar la esperada estación otoñal, a pesar de que en la Región otoño y calor asfixiante se dan la mano hasta bien entrado noviembre.
Mientras que para unos es momento de pensar en el estresante cambio de ropa y vuelta al estrés de las actividades extraescolares de los infantes, para los profesionales sanitarios es un momento de gran preocupación ya que comienza la campaña vacunal estacional. En la pasada campaña la cobertura vacunal descendió en relación al año anterior, lo cual pone en riesgo la llamada inmunización grupal. Quizás resulte ilustrativo comenzar explicando algunos conceptos clave que nos ayudarán a responder a la pregunta: ¿por qué deberíamos vacunarnos?. Llamamos inmunización grupal al efecto protector que tiene para cada persona el hecho de que el resto se vacune. Cuantas más personas se vacunen, mayores, niños y cuidadores, menos probabilidad tendremos de enfermar por infecciones que los otros posiblemente no nos contagiarán al haberse vacunado. La cuestión es que cada uno de nosotros debería ser solidario y responsable con su salud y la del resto, salvo cuando la vacunación habitual esté médicamente contraindicada. Esto afectaría también a los cuidadores de personas mayores ya se encuentren en sus domicilios o en residencias. Si ellos no se vacunan los mayores estarán mucho más expuestos a infecciones respiratorias.
Además, con la edad, a partir de los 55-60 años, los efectos protectores del sistema inmunológico, lo que solemos llamar “las defensas del organismo”, suelen disminuir su eficacia. Es la denominada “inmunosenescencia”. El sistema de defensas se hace mayor, funciona peor y de manera menos eficaz para protegernos de enfermedades. En unas personas funciona peor que en otras. Además, debemos tener en cuenta que las distintas enfermedades que han ido apareciendo con los años, lo que llamamos comorbilidad, es precisamente en la vejez cuando manifiestan sus peores complicaciones. Así, inmunosenescencia y comorbilidad hacen muy mala pareja deteriorando el organismo y provocando cada año muertes prematuras en personas mayores, principalmente por infecciones. En este escenario debemos utilizar todas las herramientas que tenemos para proteger la salud de los más vulnerables, siendo la vacunación una de las más potentes que tenemos en nuestro sistema de salud.
MITOS ASOCIADOS AL USO DE VACUNAS
➡️“Yo nunca había enfermado antes y el año que me vacuné me puse malísimo”: Muchas de las vacunas no impiden por completo que la persona enferme, sino que su objetivo es hacer que sus síntomas sean mucho más leves. Algunas personas enferman de procesos respiratorios que también pueden cursar con síntomas parecidos a la gripe, sin serlo, y ante su aparición el paciente cree que la vacuna antigripal no sirve para nada, cuando lo que tiene no es gripe. Este pensamiento es erróneo. Además, la protección proporcionada por la vacuna no siempre es máxima, dependiendo del estado de las defensas de la persona y haciendo que a pesar de vacunarse algunas personas no lleguen a un nivel de protección adecuado. Aunque algunas personas no alcancen a desarrollar ese nivel de protección adecuado la inmensa mayoría si lo alcanzan y esto justifica la vacunación.

➡️“La vacuna está manipulada y sus efectos son desconocidos a largo plazo”: no hay ni una sola justificación científica que sostenga este tipo de mito. Los promotores de esta teoría suelen ser personas más interesadas en justificar sus teorías pseudocientíficas que en arrojar luz al tema. Durante más de 50 años se está vacunando contra la gripe a personas mayores en nuestro país con resultados cada vez más alentadores y reduciendo la mortalidad por esta enfermedad de manera esperanzadora. Hoy en día las vacunas que se deberían inocular los mayores vienen acompañadas por numerosas investigaciones que respaldan científicamente su uso seguro.
➡️“Cuando me pongo la vacuna me hace mucha reacción”: las vacunas intentan estimular el sistema de defensa del organismo de diferentes maneras, por lo que su manifestación es lo habitual, aunque muy escasas. Esto no quiere decir necesariamente que a los que no presentan reacciones no les haya hecho efecto la vacuna. Las reacciones suelen ser leves, y van desde un leve dolor o picor en la zona donde la ponen, hasta cierto dolor de cabeza e incluso febrícula. Son reacciones perfectamente solucionables con frío local, o como mucho con alguna medicación habitual en nuestros botiquines domésticos, que su médico le recetaría si lo considera necesario.
No tiene ningún sentido privar a los mayores de una de las herramientas más eficaces y seguras de prevención de enfermedades infecciosas como las vacunas por miedo o ignorancia. No lo olvide, ante cualquier duda sobre si vacunarse o no, no espere más y pida cita con el médico y enfermera que le cuidan habitualmente◙

Enhorabuena Carmelo por tu contribución muy bien razonada y justificada, al bien común, a la prevención y al buen hacer. Siempre desde el respeto a las decisiones individuales pero argumentando que necesitamos solidariamente aumentar la cobertura vacunal en la vacunación antigripal. Un abrazo cariñoso