Sal, la justa

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define sal como la “sustancia consistente en cloruro de sodio, ordinariamente blanca, cristalina, de sabor propio y muy soluble en agua, que se emplea para sazonar y para conservar alimentos; que es muy abundante en las aguas del mar, pero que es también abundante en la corteza terrestre”.

La sal es una roca comestible que el ser humano (y algunos animales) utilizan desde tiempos inmemoriales, siendo el sexto elemento más copioso en la superficie de la Tierra. 

Aunque se desconoce cómo se adoptó en la dieta de los humanos, la sal es imprescindible para el buen funcionamiento del organismo humano. Al inicio fue un condimento de lujo, pero, con los siglos, se democratizó y se añadía a todos los platos. 

Peligros de la sal

El exceso de esta sustancia mata la vida, y cuando los guerreros querían destruir al enemigo derrotado y limitar sus posibilidades, aprendieron a salar sus campos para que no pudieran tener más cosechas. También la sal fue protagonista en el proceso de independencia de la India. Fue el elevado precio de la sal, lo que hizo que los hindúes se rebelaran contra el Imperio Británico consolidando el liderazgo de Gandhi en la ‘Marcha de Sal’.

Ingerir elevadas cantidades de sal es nocivo para la salud. El exceso de sal causa el 30% de la hipertensión arterial. Además, está directamente relacionado con retención de líquidos, insuficiencia renal, osteoporosis, celulitis, otras alteraciones cardiovasculares, varices e incluso úlceras, gastritis y cáncer gástrico. Niveles elevados de esta sustancia en el organismo son altamente dañinos y, por ello, se deberían retirar los saleros de las mesas.

Dieta equilibrada

La cantidad de sal que ingerimos deber ser ‘la justa’. En las dietas equilibradas no debe superar los 5-6 gramos por día (una pequeña cuchara de café), máxime cuando el 80% de la sal que consumimos se ingiere con los alimentos.

Esta sustancia también puede formar parte de productos funcionales, al utilizarse iodada en lugar de sódica. En lugares dónde la cantidad de iodo en el agua es baja, la sal iodada es terapia preventiva del bocio y del hipotiroidismo.

Alimentos manufacturados

La sal es un asesino oculto en los productos envasados y procesados ya que, para su conservación, la contienen en altas dosis. 

Existe exceso de sal no solo en el jamón serrano o en las patatas fritas comerciales, también en salsas, salchichas, sándwiches, hamburguesas, sopas preparadas, tomate frito o en pizzas y pasta congeladas.

Los productores de estos alimentos, cada vez más, siguen las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud y controlan la cantidad de sal que incorporan a sus productos.  No obstante, es conveniente estar atentos y comprar alimentos que contengan bajas cantidades de esta sustancia.

Alternativas

La sal es importante para la salud, pero en su justa medida. Por ello, hay que limitar su ingesta a los valores recomendados por la Organización Mundial de la Salud. 

Si se prefieren sabores más fuertes, o para incentivar el apetito, la comida se puede condimentar con especias o con hierbas aromáticas, como el ajo, el azafrán, el cardamomo, la cebolla, el cilantro, el clavo, el comino, la cúrcuma, el gengibre, el laurel, el limón, la nuez moscada, el pimentón, la pimienta, el orégano o el tomillo u otras, según las preferencias culturales, que, además, son altamente beneficiosas para el organismo. 

La variedad es grande y mucho más saludable. Es cuestión de acostumbrarse y de disfrutarlo.

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