Párkinson: alimentar estómago, corazón, cerebro y mente

MARÍA TRINIDAD HERRERO | Catedrática de Medicina de la Universidad de Murcia. Directora del Instituto de Investigación en Envejecimiento de la Universidad de Murcia

MARÍA TRINIDAD HERRERO
Catedrática de Medicina de la Universidad de Murcia
Directora del Instituto de Investigación en Envejecimiento de la Universidad de Murcia

La enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa en prevalencia, pero su diagnóstico no para de aumentar. Mas del 90% de las formas de la enfermedad aparece de forma esporádica sin tener un trasfondo genético directo.

Aunque desconocemos la causa última de la enfermedad, en los últimos 75 años se ha avanzado mucho en su conocimiento y, en consecuencia, se han desarrollado tratamientos sintomáticos que están permitiendo disfrutar de una vida más apacible a los pacientes que la sufren. Sin embargo, al ser progresiva, uno de los mayores esfuerzos científicos se dirige a retrasar la aparición de nuevos síntomas y a ralentizar la evolución y empeoramiento de los que primero se manifiestan.

SÍNTOMAS

No hay una sola enfermedad de Parkinson: en cada persona se manifiesta diferente, dependiendo de sus características genéticas y fenotípicas y de su forma de vida. Esta enfermedad neurodegenerativa progresiva se inicia de forma insidiosa.

Los síntomas más frecuentes de consulta inicial son el temblor, la lentitud, la rigidez al moverse y la inestabilidad postural, pero los pacientes refieren que también han perdido el olfato, que tienen ansiedad y depresión, dolor, estreñimiento pertinaz y, con gran frecuencia, trastornos del sueño.

El proceso patológico de la enfermedad de Parkinson comienza muchos años antes de que se expresen los primeros síntomas. No es solo la falta de dopamina, es también el acúmulo progresivo de proteínas anómalas, que solo se traduce en síntomas clínicos cuando afecta a grandes áreas del sistema nervioso.

LA EDAD

El mayor riesgo de padecer la enfermedad es cumplir años. Sin embargo, el 15% de los pacientes con enfermedad de Parkinson son de inicio temprano. Y este tema no es baladí, ya que son personas que están en plena actividad laboral y con proyectos de vida incipientes. Este tipo de enfermedad, de inicio antes de los 50 años, es particular y tiene características específicas que desde los servicios de neurología y desde la unidades de trastornos del movimiento se conoce muy bien, haciéndose todavía más imperioso estudiar minuciosamente el tratamiento personalizado y la respuesta a las diferentes terapias.

CALIDAD DE VIDA

Esta enfermedad afecta a todas las esferas del organismo y hay que cuidar no solo el cerebro, sino también el estómago, el corazón y la mente. Así, la teoría de que algunos tipos de esta enfermedad pueden iniciarse en el tubo digestivo es ya una realidad demostrada. Por ello, hay que cuidar la alimentación de forma rigurosa desde antes del nacimiento, también durante el periodo intrauterino prenatal.

Es esencial que en el tubo digestivo no existan procesos inflamatorios ni oxidativos para mantener el equilibrio positivo de la microbiota. Hay que evitar consumir productos manufacturados, prefiriendo alimentos naturales, de temporada y ricos en fibra, además de hidratarse convenientemente. Asimismo, está demostrada la importancia de la restricción calórica. Como dijera el profesor Grande Covián, “hay que comer lo justo, de todo, variado, pero en plato de postre”.

Moverse es invertir en salud. Es prioritario hacer ejercicio: el músculo es un órgano endocrino esencial en el bienestar de todo el organismo. Así, el esfuerzo físico y el desarrollo de masa muscular son neuroprotectores y retrasan el envejecimiento. Si la práctica habitual de ejercicio físico está directamente relacionada con la longevidad saludable, este aspecto es mucho más importante y necesario en pacientes con enfermedad de Parkinson, una condición con esencial componente motor al ser en inicio una patología englobada en los trastornos del movimiento.

La actividad física, de mínimo 2,5 horas semanales, va en paralelo con la salud del sistema cardiovascular que se protege evitando el sedentarismo y la obesidad, y controlando la tensión arterial, la glucemia y el colesterol.

Igualmente, debe perseguirse el equilibrio mental que es más que el equilibrio cerebral. Se trata, además de dormir bien, hacer higiene mental antes de ir a la cama, evitar sustancias tóxicas y afrontar las situaciones estresantes para que no nos inunden pensamientos negativos contraproducentes. Enesa línea, en el ser humano, como ser social, sus relaciones sociales condicionan su bienestar: el apoyo social es imprescindible. De hecho, este 2025, el eslogan internacional en la celebración del día mundial es ‘reivindicar la inteligencia emocional’.

TERAPIAS NO FARMACOLÓGICAS

Los pacientes y sus familias precisan atención en diferentes esferas. No es solo atención médica con prescripción de fármacos, sino también con tratamientos no farmacológicos.

Desde la fisioterapia, la logopedia y todo tipo de ejercicio físico activo, incluyendo ejercicio con música, ya que un aspecto frecuente en los síndromes parkinsonianos es la alteración del ritmo. Con estas simples reglas se previenen las caídas y se combate el estrés, la ansiedad y la depresión. Bailar marcando movimientos rítmicos, o al seguir el compás, incluso estando sentado, ayuda a las neuronas a sincronizarse con el ritmo natural físico y emocional.

El equilibrio vital de alimentación, de sueño, de ejercicio, de control de factores cardio y cerebro saludables, junto a la protección de la esfera social, son esenciales para mejorar la calidad de vida con inteligencia emocional ◙





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