La adolescencia no es solo un proceso biológico, sino también y, sobre todo, un fenómeno cultural y, en función de la sociedad en la que niños y niñas se desarrollen, les será transmitida una u otra interpretación de este proceso.
UNICEF aporta una definición optimista de la adolescencia, caracterizándola como una etapa de oportunidades, sin olvidarse de alertar sobre la importancia de investigar sobre la salud mental de los adolescentes y establecer programas de prevención, de intervención temprana y estrategias de tratamiento eficaces y asequibles, dados los datos estadísticos recogidos a nivel mundial en población adolescente: el 20% tiene problemas de salud mental; la depresión es la enfermedad que más contribuye a la carga mundial de morbilidad entre los jóvenes de 15 a 19 años; el suicidio es cometido cada año por unos 71.000 adolescentes y una cifra 40 veces superior lo intenta. En España es la primera causa de muerte no natural; aproximadamente la mitad de los problemas de salud mental comienzan antes de los 14 años y el 70% antes de los 24; la frecuencia de los problemas de salud mental ha aumentado en 30 años por causas como la ruptura de las estructuras familiares, el aumento del desempleo entre jóvenes y las poco realistas expectativas educativas y profesionales que las familias tienen para sus hijos e hijas.
A pesar de los avances en intervenciones eficaces, la mayoría de las necesidades de los adolescentes para tener una buena salud mental no están satisfechas ni en las sociedades más ricas. El estigma hacia los adolescentes con problemas de salud mental y las violaciones de derechos humanos a las que están sometidos aumentan las consecuencias adversas para la persona, como un factor de riesgo más, al igual que los malos tratos en la infancia; la violencia en la familia, escuela y vecindario, la pobreza, los problemas de salud mental en padres y/o madres, la exclusión social, la desventaja en educación y la angustia psicológica que acompaña a los conflictos armados, los desastres naturales y otras crisis humanitarias.
A pesar de que son una minoría los adolescentes que viven esta etapa de su vida cargados de estrés y problemas emocionales, y la mayor parte de ellos y de ellas alcanzan el final de esta etapa sin apartarse de su familia, sin crisis de identidad graves, adaptándose a los cambios de forma satisfactoria, se hace necesario estudiar con más detenimiento los factores o motivos que dan lugar a que el 20% de los y las adolescentes sufran ansiedad o cualquier otra alteración de su bienestar biopsicosocial.
FACTORES DE RIESGO DE LA SALUD MENTAL
La adolescencia es una etapa de mayor riesgo para el inicio de trastornos y problemas como el consumo de drogas, la esquizofrenia, la depresión y los cuadros de ansiedad, los trastornos del comportamiento alimentario o el trastorno límite de la personalidad.

Un factor de riesgo es un factor bio-psico-social que puede implicar la aparición de circunstancias externas o características internas que aumentan la probabilidad de que ocurra un determinado fenómeno, en este caso, un problema de salud mental. Por ejemplo, respecto al consumo de sustancias, la adolescencia es un período importante, pues es en esta etapa evolutiva en la que se produce el inicio del consumo.
Los adolescentes son más vulnerables porque los cambios de esta fase vital les colocan frente a varios factores de riesgo individuales como la edad, características internas como personalidad, valores, actitudes, autoestima; factores de riesgo relacionales constituidos por la relación con aspectos del entorno más próximo; factores de riesgo sociales como la estructura económica, normativa, la accesibilidad al consumo, la aceptación social, costumbres y tradiciones.
El número de acontecimientos estresantes, el momento en que se presentan y su sincronía van a ser determinantes en la vida del adolescente pues van a influir en el proceso de afrontamiento. Un chico que tenga que asimilar al mismo tiempo el divorcio de sus padres, el cambio de colegio y la pérdida de sus amigos junto con los cambios físicos y psicológicos propios de su edad será mucho más vulnerable a la hora de conseguir una adaptación saludable o presentar un problema de salud mental.
Por otro lado, el estrés varía en función de diversas dimensiones: si es normativo o atípico, el grado de magnitud y su naturaleza crónica o aguda (estrés normativo, estrés agudo grave y estrés crónico grave). Todos los adolescentes pasan por cierto nivel de estrés normativo propio de esta etapa. Un ejemplo de estrés agudo grave sería el fallecimiento de uno de los padres. Factores de estrés cró- nico grave serían la situación de pobreza, los problemas de salud mental de los padres y el racismo, por ejemplo. Distintos tipos de factores estresantes tendrán un efecto diferencial sobre la salud mental de los adolescentes◙
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