
Desde el año 1987, el 28 de mayo se conmemora el Día Internacional de Acción para la Salud de las Mujeres. Impulsada inicialmente por la Red de Salud de las Mujeres de América Latina y el Caribe (RSMLAC) y la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos (WGNRR), ha ido extendiendo la esfera de sus reivindicaciones científicas y públicas al estudios de peculiaridades de salud de las mujeres, a sus causas y a buscar soluciones.
En base a los genitales externos, al nacer nos atribuyen un sexo biológico: bien mujeres o bien hombres. El sexo biológico se corresponde, respectivamente, con los cromosomas XX o XY. Esos cromosomas están presentes en cada célula de nuestro organismo y son responsables de las diferencias sexuales. Pero otro tema es el género.
El término género se acuño en los años setenta del pasado siglo y con él se indica lo femenino y lo masculino. Es decir, el género se construye cultural y socialmente. Sus atributos y formas, así como la conducta de cada individuo, va a depender de las costumbres y de las formas de la cultura y del momento histórico en el que le haya tocado nacer y educarse.
Estos condicionantes estructurales no solo se refieren al papel de la mujer como cuidadora universal, común a casi todas las culturas humanas, sino también a la discriminación, a las peores condiciones económicas y al estrés crónico al que están sometidas las mujeres por tener que dedicarse a diferentes tareas y responsabilidades. Todo ello afecta negativamente a su salud.
SALUD Y GÉNERO
Desde el ámbito de la salud, género es no solo un término alternativo diferente al de sexo. Con género se pretende diferenciar el determinismo biologicista que formalmente está instaurado en la ciencia y en los abordajes de investigación.
Si tradicionalmente el estudio de la salud de las mujeres ha quedado relegado, en los últimos años, de forma tímida, está apareciendo y es obligatorio estudiar la dimensión de sexo biológico en todas las patologías. Sin embargo, lo que está costando más introducir es la concienciazión de la importancia que tienen las dimensiones social, económica y cultural. Estos factores, que están en la base de las diferencias entre los sexos, dan lugar a circunstancias concretas que son determinantes en la salud, en la aparición de enfermedades y en la forma de responder a los tratamientos.
Saber contemplar y estudiar la realidad de la salud humana con el prisma de la dimensión de género implica abrir no solo la mente, sino también ampliar los objetivos científicos a la realidad humana en todas las culturas. Y es que la salud, como concepto global, no solo es física, ni tan solo psíquica, los seres humanos somos entes sociales y nuestra salud, nuestro bienestar, las maneras de enfermar y de enfrentar las posibles terapias implica una dimensión social y espiritual que supera lo meramente físico.
Por tanto, no tener en cuenta esa dimensión conduce a conclusiones sesgadas, no científicas, de abordar la realidad, que nos arrastran hacia inexactitudes manifiestas que han sido históricamente asumidas y que, como axiomas erróneos, acarrean consecuencias nefastas para la mitad de la población del planeta.
CAMBIO DE PARADIGMA
Es tiempo de rectificar y de cambiar el paradigma desde la base. La realidad en salud global es que investigar incorporando la dimensión de género contribuye a mirar la salud con un prisma diferente que conciba diseños y marcos de trabajo diversos, siendo conscientes que enfrentamos otros desafíos metodológicos y éticos.
El género puede entenderse en dos sentidos que, aunque están interconectados, son diferentes:
- El género, como categoría analítica: se exploran y se interpretan no solo las diferencias, sino también las des-igualdades que se plasman entre mujeres y hombres, teniendo en cuenta el contexto histórico, cultural, económico y social.
- El género como sistema de relaciones sociales: se tienen en cuenta las estructuras y a las dinámicas de relaciones y de interacciones entre mujeres y varones, considerando el concepto simbólico de lo femenino frente a lo masculino, en un desequilibrio social que se decanta desfavorable para lo femenino.
FUTURO INMEDIATO
Si realmente se quiere enfrentar esta problemática histórica hacia la equidad, en salud se deberá comenzar promoviendo investigaciones diferenciales sobre la fisiología y la fisiopatología. Y ha de complementarse impulsando políticas públicas que entiendan y siempre tengan presentes las investigaciones de salud integral. Es decir, no solo utilizando el sexo biológico como variable de estudio, sino incorporando la variable de género.
Estos estudios deberán dotarse de financiación específica ya que será la única manera de que, en pocos años, podamos conocer las causas y consecuencias y las realidades de la salud de mujeres para, quizá conseguir cambiar la paradoja de que las mujeres vivan más años, pero con peor calidad de vida.
