
Los implantes dentales son una solución excelente para recuperar la función masticatoria y la sonrisa. Sin embargo, es fundamental entender que son un dispositivo artificial y, como tal, no son indestructibles ni eternos. A diferencia de los dientes naturales, no sufren caries, pero los tejidos que los rodean sí pueden enfermar.
Estas afecciones se conocen como mucositis y periimplantitis, análogas a la gingivitis y la periodontitis que pueden afectar a los dientes. Son enfermedades inflamatorias causadas por la placa bacteriana que afectan a los tejidos alrededor del implante. Sus síntomas son similares: enrojecimiento, sangrado, supuración, hinchazón y, a veces, dolor. La diferencia crítica es su reversibilidad:
➡️La mucositis es reversible. Si se elimina la placa bacteriana causante, los tejidos se recuperan por completo.
➡️La periimplantitis es irreversible. En este caso, se produce una pérdida del hueso que sujeta el implante. Aunque se trate, el hueso perdido no se regenera. Esto puede derivar en problemas esté- ticos (como que quede visible el metal del implante y la retracción de la encía) y en la exposición de superficies rugosas donde las bacterias se acumulan con facilidad, perpetuando el problema y pudiendo llevar, finalmente, a la pérdida del implante.
Según las últimas revisiones científicas, aproximadamente a los 5 años de tener implantes cerca del 50% de los pacientes presentará mucositis y alrededor del 20% desarrollará periimplantitis.
FACTORES DE RIESGO
Conocer los factores que aumentan el riesgo es el primer paso para prevenir. Los principales son:
➡️Mala higiene oral: es el factor determinante. Los depósitos de placa desencadenan la inflamación. Es importante destacar que, a veces, el problema no es la falta de esfuerzo del paciente, sino la imposibilidad física de limpiar bien debido a un implante mal colocado o a un diseño defectuoso de la prótesis, que impide el acceso con los cepillos o hilos. Esto subraya la importancia de acudir a profesionales con formación específica (másteres o cursos de especialización) en implantología.
➡️Antecedentes de periodontitis (piorrea): los pacientes con enfermedad periodontal activa o no tratada tienen un riesgo mucho mayor. Las bacterias que dañan las encías naturales pueden colonizar los implantes. Por ello, es esencial tratar completamente la periodontitis antes de colocar cualquier implante.
➡️El tabaco: Los fumadores, especialmente los que consumen más de un paquete al día, tienen mermada su capacidad de defensa y cicatrización. Esto no solo compromete la integración inicial del implante (osteointegración), sino que también hace que los tejidos respondan peor a las bacterias.
Otros factores a considerar son: restos de infecciones previas, cemento sobrante de las coronas, diabetes mal controlada y cierta predisposición genética.
UN ÉXITO COMPARTIDO ENTRE PACIENTE Y PROFESIONAL
El mensaje final es claro: nada supera a un diente natural sano. Debemos hacer todo lo posible por conservarlos. Cuando su pérdida es inevitable, los implantes son una magnífica opción, pero debemos desterrar el mito de que son ‘para toda la vida’. Su longevidad es, en gran medida, una responsabilidad compartida.
➡️Por parte del profesional: garantizar un plan de tratamiento correcto, realizar una colocación y un diseño protésico impecables que faciliten la higiene, y establecer un seguimiento periódico.
➡️Por parte del paciente: mantener un compromiso inquebrantable con una higiene meticulosa, eliminar hábitos de riesgo como el tabaco y asistir a las revisiones periódicas.
Para ello, el primer paso es elegir a un profesional con una formación específica y acreditada en implantología (como un máster o un título de especialización). Solo con este esfuerzo conjunto se puede maximizar la duración y el éxito de los implantes dentales◙
