Diálogo interno positivo

MARÍA TRINIDAD HERRERO | Catedrática de Medicina de la Universidad de Murcia. Directora del Instituto de Investigación en Envejecimiento de la Universidad de Murcia

MARÍA TRINIDAD HERRERO
Catedrática de Medicina de la Universidad de Murcia
Directora del Instituto de Investigación en Envejecimiento de la Universidad de Murcia

A solas y en silencio, el ser humano continuamente habla consigo mismo. Es el conocido diálogo interno. Es un manantial inagotable de ideas y de pensamientos, no expresados en voz alta, en el que planteamos soluciones a las preguntas. Así, habitualmente de forma razonada, con pensamientos lógicos, elegimos una de todas las posibles opciones y adelantamos lo que puede ocurrir y sus consecuencias.

Este diálogo interno puede ser positivo o negativo. Si es positivo, es resolutivo. Se piensa, se sopesa y, con una base de realismo y optimismo, se elige de forma libre lo que parece más adecuado. Pero si la persona se centra únicamente en lo negativo, no solo es incapaz de ver y de decidirse por las soluciones apropiadas, sino queesas ideas se concatenan y se repiten de manera repetitiva. Son los pensamientos intrusivos que resultan en ideas omnipresentes y asfixiantes, sin poder evitarlas. Son pensamientos, imágenes o ideas involuntarias, desagradables y preocupantes, que llegan a obsesionar conduciendo a la indeseada angustia vital.

Las formas más frecuentes de diálogo interno negativo incluyen polarizar entre lo bueno y lo malo, sin término medio. Se exageran todos los aspectos negativos combinándose con ceguera mental para los aspectos positivos. De igual modo, en ese estado mental, se establecen metas inalcanzables, se tiende a dramatizar cualquier resultado no satisfactorio, a lo que se añade un plus de exageración permanente.

ANSIEDAD ANTICIPATORIA

Aunque para la mayoría de individuos, el pensamiento intrusivo es una ‘molestia fugaz y pasajera’, cuando el dialogo interno adopta una dinámica reverberante centrada únicamente en ideas negativas, la irremediable consecuencia es la ansiedad. Y es un tipo de ansiedad catastrofista, negativa, que anticipa futuros acontecimientos con realidades distorsionadas. Las personas que viven estas experiencias se sienten desoladas ya que sufren y acaban entrando en un círculo vicioso difícil de romper.

Sin embargo, existen mecanismos para recuperar el control y la autoconfianza. Se trata de ser consciente de esos pensamientos negativos, y recuperar la cordura para ver, de forma objetiva, los aspectos positivos de cada situación. Si una persona no es capaz de dominar los pensamientos intrusivos y esas circunstancias que le ahogan, debe solicitar la ayuda en su entorno y, si es necesario, de profesionales acreditados.

Es de suma importancia ser conscientes y romper cuanto antes la dinámica destructiva de un diálogo interno negativo para que no se establezca como una forma de conducta que, a la larga, puede ser destructiva.

PENSAMIENTO POSITIVO

Una costumbre que debería ser enseñada desde la infancia es la práctica y el fomento del pensamiento positivo. No es engañarse, sino abordar de una forma positiva y resolutiva las cuestiones escabrosas del día a día. Se trata de, siendo consciente de todas las realidades, centrarse en los aspectos reales y afirmativos.

Esta dinámica mental tiene beneficios para la salud mental y física. Por supuesto, mejora el bienestar psicológico y, en consecuencia, disminuye el sufrimiento emocional, contribuyendo a enfrentar mejor las situaciones estresantes y las dificultades cotidianas. Y se ha constatado que las personas positivas desarrollan hábitos de vida convenientes buscando el equilibrio en la alimentación, evitando los tóxicos y huyendo del sedentarismo. Por ello, se cree que practicar el pensamiento positivo aumenta la esperanza de vida, sobre todo la esperanza de vida saludable, mejorando la salud cardiovascular y los niveles de defensa del organismo, disminuyendo el riesgo de contraer infecciones o de aparición de cáncer así como de lastemidas enfermedades crónicas no transmisibles (respiratorias, endocrinas, renales o cerebrales).

AUTOMOTIVACIÓN

Para lograr hábitos optimistas se precisa ‘practicar la automotivación activa’ al menos hasta que se convierta en un fenómeno reflejo natural. Debe ser un entrenamiento consciente en el que, al centrarse en la objetividad y persiguiendo los pensamientos positivos, se evite la reverberación de ideas negativas que conducen a la parálisis mental. Debemos identificar y evitar los temas que nos resuenan y en los que nos centramos perdiendo toda lógica y racionalidad. Y, así, analizando nuestro mundo real y nuestras circunstancias personales, proponernos variar lo que es negativo. Estos ejercicios se deben practicar de forma agradecida y con esfuerzo, poco a poco, hasta que los pensamientos sean positivos de forma espontánea.

Igualmente, hay que controlar el estrés emocional con hábitos de vida saludables y que las horas de sueño diarias sean suficientes y reparadoras, ya que si no el cerebro no puede pensar con libertad. Y, por supuesto, intentar rodearse de gente positiva, evitando a las personas tóxicas que, sin darnos cuenta, nos empujan a la desesperación. Y no olvidemos incorporar en nuestra vida una sinfonía de buen humor que es esencial para el completo bienestar. Abramos la mente y levantemos la mirada hacia el horizonte, recordando con Charles Chaplin que: “Nunca veremos el arcoíris si siempre estamos mirando hacia abajo”.

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