Del calor del desierto al calor del hogar

Durante el verano, el programa ‘Vacaciones en Paz’ asegura que los niños tengan una alimentación saludable y disfruten de actividades recreativas.

Medio centenar de niños saharauis llegaron el lunes 7 de julio a la Región de Murcia para pasar dos meses con familias locales, gracias al programa «Vacaciones en Paz» organizado por la asociación Sonrisa Saharaui.

La situación actual del Sáhara Occidental es compleja y se caracteriza por un conflicto que se prolonga en el tiempo. Es un territorio no autónomo, pendiente de descolonización, según las Naciones Unidas. Marruecos reclama su soberanía sobre la mayor parte del territorio y lo ocupa de facto, mientras que el Frente Polisario (Frente Popular para la Liberación de Saguía el-Hamra y de Río de Oro) busca la autodeterminación del pueblo saharaui y ha proclamado la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), reconocida por alrededor de 80 países. Las tensiones y hostilidades de baja intensidad entre Marruecos y el Frente Polisario persisten.

Durante estas semanas, el programa asegura que los niños tengan una alimentación saludable y disfruten de actividades recreativas con sus familias de acogida, como excursiones a la playa y la piscina. También se les proporcionan revisiones médicas completas (vista, dental y auditiva) y las vacunaciones necesarias.

Hablamos con una de estas familias de acogida temporal. Margarita Zaragoza y José Lozano viven en la localidad de Fortuna, y este es el tercer año que reciben a Limam Mohamed-Ali.

Margarita Zaragoza y Limam durante su visita a Salud21 para la entrevista.

¿Cómo os surge la decisión de participar en esta iniciativa?

MARGARITA ZARAGOZA: Nosotros llevábamos muchos años oyendo hablar de esta fórmula de acogida. Informativamente, seguíamos las noticias que escuchábamos sobre el conflicto del Sáhara. Un día, tomamos la decisión de dirigirnos a alguna de las asociaciones que se encargan en la Región de Murcia. Hablamos con Juana Abenza, de la asociación Sonrisa Saharaui. En aquel momento, la cosa estaba complicada por culpa de la pandemia (estuvo interrumpido durante un par de años), pero justo me dijo Juana que ese mismo año lo iban a retomar. Y teníamos muchas ganas, así que nos inscribimos.

Cuando llega septiembre, ¿cómo es la despedida?

M.Z: Es un momento entre alegre y triste. Alegre porque Limam vuelva a casa, con su familia y sus amigos. Hay que tener en cuenta que son una cultura muy familiar. Y yo comparto esa alegría de la partida con la sensación del deber cumplido, de haber ayudado. Y es una sensación que yo creo que compartimos los dos, tanto él como yo. Me quedo contando los meses para que llegue otra vez julio…(risas).

¿Cuáles serían los cuidados básicos que le proporcionáis?

M.Z: A través de voluntarios de la Universidad de Murcia, se les hacen revisiones médicas que incluyen oftalmológica y dental. Además de eso, lo llevamos a la pediatra del SMS donde le hacen analíticas y se revisan las vacunas. Limam, además, tiene un problema en el habla parecido a una tartamudez, y nosotros por nuestra cuenta lo llevamos a un logopeda. No sabemos si al tratarse de tratamientos a largo plazo podremos hacer algo pero, por lo menos, tendremos una valoración para emprender tratamientos más adelante, o quizá establecer una pautas para que pueda desarrollarlas en el campo de refugiados.

Limam, ¿te gusta algún deporte?

Redacción: Limam nos responde que no, con ayuda de la traducción de Margarita que, a pesar de no hablar demasiado árabe, se entiende con él de maravilla, además de jalonar la entrevista con continuas miradas cómplices. Pero lo que si tiene meridianamente claro el niño, es que le gusta bañarse en la piscina de su casa en Fortuna, y jugar a la Play que el matrimonio pone a su disposición.

¿Cómo valorarías la experiencia desde su perspectiva?

M.Z: Me parece un acto de valentía por su parte increíble, sobre todo el primer año. Que siendo tan pequeño esté dispuesto a irse de su casa, coger un avión y venirse con unos desconocidos, es algo que demuestra mucha valentía. Luego, a través de la asociación Sonrisa Saharaui, organizan viajes para que nosotros, los padres de acogida, podamos ir a visitarlos a ellos y a sus familias. Y yo, tengo que reconocer, que fui una vez y pasé miedo, no por el conflicto en sí, sino porque soy una persona muy sensible y temía que la situación de escasez permanente con la que viven me iba a pasar factura emocional. Pero, precisamente por la valentía que demostró él en su día haciendo el viaje inverso, me decidí a hacerlo.

¿Qué tal le parece nuestra comida?

M.Z: ¡Le encanta! Además, le gusta comer de todo, no pone pegas a nada. Se pasa todo el día comiendo… (risas). Se va siempre con más kilos. No obstante, tengo que decir que según las analíticas no tiene ninguna carencia de nada, lo que nos hace pensar que su madre cuida bien de él.

Y tú experiencia allí, ¿con qué te quedas?

M.Z: Me quedo con la felicidad de la gente. A pesar de no tener prácticamente nada, se muestran felices todo el tiempo. Allí valoran cualquier cosa, por insignificante que nos parezca aquí. Me quedo también por lo profundamente que valoran a la familia. Yo me vine de allí con una sensación… una especie de ‘lavado mental’ diciendo: qué agradecida estoy de la vida, y que afortunada soy por tener lo que tengo◙


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