«Vivir con una persona con alzheimer agota: necesita atención constante»

Agotador. Muy duro. Así define en pocas palabras Fátima Buendía lo que es convivir con una persona con alzheimer en casa. En su caso, la persona que sufre la enfermedad es su madre, con la que convive. 

En el hogar, en el que también vive su marido y sus dos hijos adolescentes, Fátima pasa los días sin poder perder de vista a su madre ni un solo momento. “El otro día – recuerda -, confundió una flor con una vela e intentó encenderla con cerillas”. Aunque, por suerte, el trabajo de Fátima es desde casa, la atención que requiere su madre no le deja tiempo ni para llevarlo a cabo.  “Es dependiente para todo, desde peinarse hasta ponerse y quitarse la dentadura, ir al baño, arrimarse la silla para comer, todo”, asegura la hija.

Los únicos ratos que Fátima tiene para sí misma son las mañanas entre semana, cuando su madre está en el centro de día de AFAMUR, las asociación de familiares de personas con alzheimer. 

En este sitio, además de ayudar a que Fátima tenga tiempo, su madre es muy feliz. “Le encanta ir, está mejor que bien, ahí es feliz no, lo siguiente. A mi madre le encanta bailar y ahí tienen un día de baile, un día de bingo, un día de pintar. Además del personal preparado para atenderla”, explica Fátima. 

El problema aparece al llegar la tarde y durante los fines de semana, que es cuando la madre de Fátima está en casa. “Se aburre y se le ocurren cosas. Pregunta por su madre, dice que la tenemos secuestrada porque no le dejamos ver a sus padres y a su familia. Se lo intentas explicar, y entonces se enfada porque no se lo cree y piensa que la estás engañando”, explica Fátima. 

Por este motivo, la familia de Fátima solicita que los centros de día abran también los fines de semana. Además de ayudar a la conciliación y el respiro familiar, estos espacios mejoran la calidad de vida de las personas con alzheimer. 

Diagnóstico temprano del alzheimer

La historia de la madre de Fátima Buendía es un ejemplo de la importancia del diagnóstico temprano. Tras el fallecimiento de su padre, la familia de Fátima empezó a notar que a su madre le sucedía algo. “Decía que hablaba con mi padre, veía cosas donde no las había. Pero en La Carolina (Jaén) donde residía, hay demoras de un año para el neurólogo, y cuando nos atendieron nos dijeron ya que el alzhéimer estaba avanzado”, concluye Fátima.

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