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Dejar sus actividades, estar callado o comer mal: señales de que tu hijo puede ser víctima de acoso escolar

Para frenar el acoso escolar hay que intervenir con todas las partes implicadas: el abusador, el abusado, los espectadores, las familias de los niños y el centro escolar

El acoso escolar es una lacra que, cada año, lleva a cientos de niños a situaciones horribles. En algunos casos, incluso a la muerte.

El abuso, explica la psicóloga Pilar Conde, hace mella en el bienestar emocional y psicológico de los niños que lo sufren, de tal manera que puede conducir a desenlaces como el suicidio. Las humillaciones les hacen percibirse a sí mismos como inferiores al resto y no valorarse. Se sienten solos, añade, aislados y despreciados. El miedo y la indefensión les llevan a creer que no son capaces de defenderse a sí mismos. Estos sentimientos mantenidos en el tiempo, junto a los síntomas clínicos que aparecen, derivan en un alto riesgo: el de pensar que la única salida es quitarse la vida.

Otra respuesta al acoso es el odio, el rencor y el enfado generalizado ante lo que le está sucediendo. Este comportamiento negativo puede ser una señal para la familia. Además, la psicóloga añade otras señales de alerta:

  • Vemos que el niño está aislado socialmente, no sale con amigos.
  • Ha abandonado las actividades de ocio y de deporte.
  • Intenta evitar ir al colegio de manera frecuente.
  • Sus calificaciones escolares han bajado.
  • Ha dejado de hablarnos de cosas de clase o de algunos compañeros.
  • Llora y no sabe explicar lo que le sucede.
  • No recibe invitaciones para los cumpleaños, eventos o dice que no quiere ir.
  • Ha dejado de publicar en sus redes sociales o las ha cerrado.
  • Cuando se pregunta a los amigos, amigas, vemos que algo no encaja, que ha habido cambios en sus relaciones interpersonales.
  • La comunicación con la familia ha disminuido de manera notable.
  • Cambios en las rutinas de sueño y alimentación.

Aunque el bullying se esconde en muchas ocasiones de los ojos de los adultos, los iguales, advierte la psicóloga, sí suelen saberlo. En el entorno escolar los profesores también suelen advertir la ausencia de comunicación del niño con la clase: está aislado y en el recreo suele estar solo.

Intervención rápida

Una vez que se ha detectado el problema hay que intervenir inmediatamente, asegurando la seguridad de quien está sufriendo el abuso. Los padres y el centro escolar deben coordinarse para valorar las medidas de protección adecuadas.

El segundo paso es intervenir con todas las partes implicadas en el acoso:

  • Persona o personas que abusan.
  • Espectadores de abuso.
  • Víctima del abuso.
  • Familiares de ambos.
  • Profesionales al cuidado de los menores.

Se tiene aquí que trabajar, según la psicóloga, mediante la toma de conciencia de qué es el abuso y de cuáles son sus consecuencias. La persona que abusa forma parte importante del proceso porque su conducta se puede reconducir.

El abusador

Quien comete el abuso es también un niño con problemas emocionales en la mayoría de los casos, que pueden tener su origen en el entorno familiar. La persona que abusa puede estar repitiendo patrones de abuso que vive en casa o puede ser que se sienta, explica Pilar Conde, vulnerable e inseguro y necesite cubrir estos puntos débiles ejerciendo poder y fuerza sobre otros compañeros de estudios.

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