El fenómeno denominado como ‘cosmeticorexia’ hace referencia a la obsesión por el cuidado de la piel y el uso excesivo de cosméticos. A pesar de que esta fijación puede ser perjudicial a cualquier edad, hay un segmento de población especialmente vulnerable a sus efectos: las niñas y adolescentes.
El uso cada vez más temprano de las redes sociales ha facilitado que estas jóvenes reciban toneladas de información cada día y cada hora sobre cómo ‘deben’ cuidar y tratar su piel para lucir rostros impecables y sin imperfecciones como las famosas einfluencers. El problema surge cuando imitan las rutinas y siguen los consejos de estas figuras de referencia sin supervisión de un dermatólogo, y sin conocer las necesidades de su tipo de dermis en función de sus características específicas y su edad.
Esta situación se percibe desde hace tiempo en las consultas dermatológicas de la Región de Murcia. El doctor Jesús Hernández Gil, médico dermatólogo en el hospital Reina Sofía de Murcia, apunta que “vemos muchas veces a niñas que vienen a consulta por otro motivo, pero que, al preguntar, descubres que siguen rutinas de supuestos cuidados muy excesivos con productos cosméticos que no les han aconsejado nadie con formación, sino que han visto de amigas y a través delas redes sociales”.
Tal y como advierte el doctor Jesús Hernández Gil, usar estos productos sin supervisión en edades en las que la piel está teniendo cambios como puede ser la adolescencia, “en el mejor de los casos no hará nada, y en el peor de los casos su piel se podrá ver afectada”.
Advertir de estos riesgos es importante cuando se siguen de manera excesiva este tipo de rutinas ya que, a diferencia de otros comportamientos que también pueden ser perjudiciales para la salud de las adolescentes, al ‘disfrazarse’ de cuidados y al utilizarse productos testados y seguros para otras edades, puede no percibirse como un riesgo. Por ello, explica el dermatólogo, “en consulta siempre explicamos que en sí mismo el producto no es malo, pero quizá no sea lo que necesita su piel en ese momento o que, aunque le vaya bien a otra persona, no tiene porque funcionar bien y puede causar más grasa en una piel ya de por sí grasa, inflamación, la aparición de eczemas, irritación, etc.”.

Además de producir estos daños en la piel al momento de usarlo, manejar este tipo de productos cosméticos sin supervisión dermatológica a largo plazo también tiene su impacto. “Se puede producir sensibilidad a ciertos productos que, a lo mejor, en el futuro sí les podría haber sido útiles y no van a poder usarlos, también se generan manchas en la piel o aparecer enfermedades que no habían aparecido antes como la rosácea ya que, al final, estamos modificando el curso natural de la piel y si está sana puede perder su barrera natural”, asegura el doctor Jesús Hernández Gil.
En el caso de existir un problema en la piel como los brotes de acné durante la adolescencia, es igualmente importante que la rutina para tratarlo y resolverlo haya sido diseñada y recomendada por un médico dermatólogo en función de las causas de dicho problema, su presentación y las características generales de la piel de la persona afectada.
“Hay muchos tipos de acné, unos son más retencionales y otros son más inflamatorios, y muchas veces no es sólo la cosmética lo que va a corregir ese problema de la piel, sino que hace falta, además, un tratamiento médico que muchas veces se complementa con esa cosmética. Pero es muy importante que esos productos los recomiende un médico porque, por ejemplo, puede darse el caso de que se usen productos que son incluso incompatibles entre sí, o que tienen efectos completamente contrarios”, apunta el doctor Jesús Hernández Gil.
Más allá de productos cosméticos, de rutinas de cuidado del rostro y de otras modas de redes sociales, la realidad es que, en el caso de la piel de las niñas y las adolescentes, “no necesita gran cosa –explica el doctor Jesús Hernández Gil– porque es una dermis que está en un proceso de cambio y bastaría con algún gel para limpiar la cara, ya que son cutis que tienden a estar un poquito más grasas, y usar protector solar. Hay que ver las características particulares de la piel porque cada chica puede estar en un punto de maduración distinto y, por tanto, su epidermis también es diferente en cada caso, pero salvo casos de acné que necesiten un tratamiento más potente y específico, con un lavado y una protección solar es suficiente”.
COSMETICOREXIA Y SALUD MENTAL
De manera innegable, la obsesión por el aspecto físico y el bienestar de la piel derivado de la cosmeticorexia también tiene un componente de salud mental.

Diferenciar entre un gusto por tener la piel cuidada y esta obsesión puede ser complicado, para lo que la psicóloga Mª Dolores Oñate, vocal de educación y experta en adicciones del Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia, recomienda prestar atención si la persona, adulta o adolescente, “vive centrada o excesivamente preocupada en mejorar estéticamente mediante el uso de estos productos, ya sean cosméticos o maquillajes. Los síntomas tienen que ver con un gasto excesivo de tiempo y dinero, que no es acorde ni a la edad ni al nivel adquisitivo que suelen tener estas jóvenes”.
En muchos casos, las recomendaciones que siguen las jóvenes a la hora de elegir y usar sus productos cosméticos vienen de figuras de las redes sociales a través de publicidad engañosa cuyos resultados no sean los que ellas esperan.
“La publicidad, de alguna manera, genera la expectativa de que el uso de ese producto va a traducirse en el resultado que muestra la foto y eso es lo que mueve a la persona a comprarlo. La realidad, sin embargo, difícilmente va a satisfacer esa expectativa, lo que provoca en la persona una frustración y un sentimiento de fracaso y, como consecuencia, una sensación de malestar y de decepción”, advierte la psicóloga.
Para abordar esta situación en el hogar y en la familia, “debemos transmitirles que la felicidad es algo que rara vez tiene que ver con la estética. La felicidad es un estado psicológico relacionado con una manera de afrontar y de disfrutar la vida, pero también con los valores, de los que poco se habla actualmente en la sociedad. Esforzarse y ver la recompensa, superar dificultades, querer y sentirse querido, hacer lo correcto y no lo fácil, el sentimiento de gratitud… es de eso de lo que depende en realidad nuestra autoestima y aumentan nuestra sensación de felicidad. Estar a gusto con nuestro físico, sea el que sea, y cuidar nuestro cuerpo es solo un ingrediente más”, concluye la psicóloga Mª Dolores Oñate.

