¿Cómo hablar con los niños sobre la muerte y la pérdida? Esta es una pregunta a la que muchas familias se van a tener que enfrentar en algún momento de la infancia de sus hijos. Contarles o no, y de qué manera hacerlo son las incógnitas a las que se enfrentan madres, padres y tutores cuando alguien fallece en el entorno de un niño o niña pequeño.
Ángela Guardiola Fernández, maestra en Educación Infantil por la Universidad de Castilla – La Mancha, versó sobre esto su TFG (Trabajo Fin de Grado): “Todo empezó con la pérdida de mi padre cuando yo tenía 19 años. Para mí fue un momento muy duro y me di cuenta de lo poco que habíamos hablado de la muerte en casa y en el colegio. Cuando empecé la carrera vi que esa pregunta clave se repetía mucho, los niños preguntaban constante mente sobre la muerte. Pero no tenían respuesta porque los adultos no sabemos qué responder. Entonces quise unir mi experiencia personal con mi vocación e investigar un poco cómo los más pequeños vivían la muerte. Y todo esto, aunque parezca imposible, me ayudó a entender mi propio duelo y avanzar un poco en él hasta la aceptación”.

Tomar la iniciativa de investigar cómo los niños y niñas viven la muerte fue complicado desde el primer momento porque “había mucha información sobre el duelo en adultos, pero no encontré recursos prácticos para trabajar la muerte en la etapa infantil. La información que había se centraba en qué hacer cuando ha sucedido, en el momento del duelo, pero no en cómo abordar la muerte con los niños de manera preventiva, antes de que pase todo eso”, explica la maestra en Educación Infantil.
“Esto –continúa-, es curioso, hemos crecido con películas como las de Disney, donde muere el padre o muere la madre, pero como eso después no se ha explicado ni en el cole ni en casa, el niño no lo llega a entender y ha pasado desapercibido”.
¿ENTIENDEN LOS NIÑOS LA MUERTE?
La primera pregunta que suelen hacerse padres, madres y tutores cuando quieren o deben introducir el concepto de muerte en la vida de sus hijos es si estos van a ser capaces de entender qué es un fallecimiento.
“En el caso de los niños más pequeños, de dos o tres años, no comprenden el concepto de muerte, pero no tan la ausencia si, por ejemplo, falta su figura de apego. Y su reacción es buscarla. Con el paso de los años, entre los 3 y los 6, creen que la muerte es reversible. Piensan que, con el tiempo, va a volver. Y a partir de los 7 años, comienzan a entenderlo mejor y surgen preguntas profundas como si él mismo va a morir o por qué se ha muerto”, explica la autora del trabajo.
RECOMENDACIONES TRAS EL FALLECIMIENTO
Como conclusión tras su investigación y su formación académica, la maestra de educación infantil Ángela Guardiola recomienda, sea cual sea la edad del niño “ser sincero y usar palabras que pueda entender, porque hay mucha gente que me decía que le había contado al niño que la persona en cuestión se había dormido y no se iba a despertar o que se había ido de viaje, pero usar esas frases genera mucha confusión. Lo mejor es decirle que el cuerpo de esa persona ha dejado de funcionar y que no va a regresar”.
Del mismo modo, “alejarle del momento de ir al tanatorio o al cementerio también puede crear una sensación de rechazo en el niño o niña porque pueden pensar que si el que ha fallecido es su padre, ¿por qué no puede ir? En la medida de lo posible, cuando el niño ya empieza a tener conciencia con cinco o seis años, a veces incluso con cuatro, lo mejor es dejarle decidir”, aconseja la experta.
“También es muy importante validar las emociones de los niños, dejar que esté triste, que esté enfadado, que esté confundido, porque los adultos hemos crecido con una represión de emociones y tenemos que empezar a entender que tenerlas nos hace un poco más fuertes, no más débiles”, asegura Ángela Guardiola, que también recomienda “mantener las rutinas de siempre, porque esto les da mucha seguridad a los niños, y permitirles participar en algunas despedidas simbólicas, como por ejemplo, en el momento de ir al tanatorio”.
RECOMENDACIONES ANTES DEL FALLECIMIENTO
Aunque en muchas ocasiones las muertes son imprevisibles, también se puede dar el caso de que sea un fallecimiento más o menos previsto como sucede cuando son personas mayores o que están enfermas. En estos casos “lo importante es preparar al niño. Ir diciéndole que el abuelo, por ejemplo, está muy enfermo y no sabemos qué va a pasar. Preparándole también con actividades como decir: venga, vamos a soltar un globo por el abuelo porque puede ser que luego cuando suba al cielo lo vea”, recomienda Ángela Guardiola.
Del mismo modo, tras haberse visto ella misma ante la falta de manuales y estudios previos que aborden cómo hablar de la muerte con niños y niñas pequeñas, la maestra en Educación Infantil recomienda uno de los materiales que sí encontró y que le fueron útiles en su investigación: ‘Educar y vivir teniendo en cuenta la muerte : reflexiones y propuestas’, un libro de Agustín de la Herrán (pedagogo), Mar Cortina Selva (psicopedagoga) y Pablo Rodríguez Herrero (pedagogo)◙

