Misioneras de la Caridad: un refugio para la mujer vulnerable

En la casa, que forma parte de la congregación fundada por la Madre Teresa de Calcuta, viven casi veinte madres con sus hijos

IMPARABLES

En el barrio del Infante, en Murcia, se encuentra una de las casas de la congregación Misioneras de la Caridad, fundada por la Madre Teresa de Calcuta. En esta casa acogen a más de una docena de mujeres, a menudo acompañadas de sus hijos pequeños, en situación de vulnerabilidad debido a diversas situaciones como puede ser el desempleo, las drogas o la violencia de género.

Además, las hermanas que viven en esta casa también ofrecen ayuda a varias familias en riesgo de pobreza realizando compras semanales o ayudándoles con sus hijos para reducir el riesgo de que caigan en la droga o en la delincuencia, y a perfiles desfavorecidos como pueden ser las prostitutas o las personas sin hogar. Sin olvidar de la labor de acompañamiento que realizan a personas que sufren soledad no deseada, sobre todo en el caso de las personas mayores, a quienes ayudan, cuidan y acompañan.

CÓMO SURGE ESTA CASA

La congregación de las Misioneras de la Caridad nace a mediados del siglo pasado en la India, gracias a su impulsora: la Madre Teresa de Calcuta. Ella vivía en la congregación de las Hermanas de Loreto, pero la abandonó para vivir con los más desfavorecidos en la calle y, desde ahí, ayudarles en lo que pudiera.

A este espíritu de ayuda se fueron sumando otras mujeres hasta que formaron la congregación que, después, fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy. Fundaron allí, en Calcuta, la primera casa que fue para personas moribundas en un piso que consiguieron alquilar mientras seguían trabajando con los pobres en las calles repartiendo comida, sustento o cualquier ayuda.

Después de esta primera casa se fueron abriendo otras, pensadas y diseñadas para suplir las necesidades del lugar en el que se ubica. A España llegaron en los años setenta después de haberse expandido ya a otros países como Venezuela, Italia, Estados Unidos o incluso Yemen, una zona delicada ya que el cristianismo ahí es perseguido. En el caso de nuestro país, la primera casa que se abrió se destinó a acoger a enfermos de SIDA y se ubicó en Madrid. En el caso de la ciudad de Murcia, desde la congregación decidieron ayudar a un perfil especialmente vulnerable: las mujeres en riesgo de exclusión social con hijos.

SU LABOR

Primero en un pequeño piso y ahora en una casa en la que pueden acoger a casi veinte mujeres con sus hijos, las hermanas de la congregación Misioneras de la Caridad en Murcia no solo ofrecen comida o un techo a las mujeres que lo necesitan. Además de esto, les ayudan con sus hijos en caso de que tengan que salir a trabajar o a hacer gestiones, sobre todo cuando son pequeños, y les facilitan un espacio propio donde poder estar con dignidad y cuidar de su prole. También, intentan que cada una tenga su propio espacio, fomentan el acompañamiento de las unas con las otras, para que se cree una buena comunidad y se ayuden mutuamente.

Por descontado, estas mujeres también tienen responsabilidades dentro de la casa de la congregación, con un reparto de tareas, mantenimiento del orden y la limpieza su habitación o su espacio, horarios para las comidas y un respeto por las hermanas que les acogen a ellas y a sus hijos.

Una vez que las mujeres consiguen una mayor estabilidad por sí mismas, las hermanas de la congregación continúan en contacto con ellas, aunque ya no vivan en la casa, y les ofrecen la ayuda que puedan necesitar con los gastos, el cuidado de los hijos, etc.

Todo esto se realiza siguiendo un pensamiento de la Madre Teresa de Calcuta, que pensaba que sí, era importante enseñar a la persona a valerse por sí misma (la metáfora de enseñar a pescar en lugar de dar el pescado), pero si esa persona se encuentra en un momento de urgencia, lo primero es ayudarle y todo lo demás vendrá después.

EL TRATO HUMANO

A pesar de que la labor de llevar comida o dar cobijo que llevan a cabo las hermanas Misioneras de la Caridad es de vital importancia para quienes la reciben, desde la congregación insisten en que lo más importante es el trato humano. Miguel, uno de los voluntarios que colabora con las hermanas de Murcia, explica que “a menudo no es que a la familia le falte de comer, pero están desestructuradas. Las hermanas van a llevar alimento, pero también a verlos simplemente, para saber cómo están. Lo mismo con las personas mayores”.

CÓMO SE MANTIENEN

La casa de las Misioneras de la Caridad se sustenta únicamente a través de donaciones. Su rechazo a las subvenciones públicas, explica Miguel, responde a un deseo de poder seguir haciendo las cosas a su manera: “las subvenciones conllevan trabajar de una manera, que alguien superior te supervise y te controle. En todas las casas de la congregación se trabaja a su manera, como se hacía en la India”.

Otro de los principios de esta congregación es que las donaciones deben salir del propio donante, en lugar de que las hermanas sean quienes piden el dinero. Esta filosofía la siguen a rajatabla para diferenciarse de las múltiples y muy frecuentes estafas que consisten en personas pidiendo dinero en nombre de la congregación o en nombre de la Madre Teresa de Calcuta.

Del mismo modo, aunque las hermanas de la congregación aceptan donaciones tanto de comida como monetarias y se puede poner en contacto con ellas cualquier lector que quiera colaborar, en lo que insisten ellas es en que la persona vaya a la casa y las conozca, que conozca su labor y después haga, si quiere, la donación◙


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