Bostezar es sano

Cuando comienza la somnolencia, cuando estamos aburridos o incluso cuando tenemos hambre, de forma inconsciente, incontrolada, y estemos donde estemos, nuestro cuerpo recurre al bostezo. Bostezar es una respuesta corporal, con apertura descomunal de la mandíbula, por contracción de músculos estriados, que difícilmente puede ser inhibida y que suele repetirse varias veces.

El bostezo no es exclusivo de los humanos, también los animales bostezan, sobre todo al atardecer. Los bostezos siguen un patrón circadiano, aumentando al disminuir la luz natural y en la penumbra.

El bostezo es un proceso automático, no aprendido, que realizamos desde el quinto mes de gestación, en nuestra etapa fetal. La teoría más aceptada es que el bostezo favorece efectos hemodinámicos (de la sangre). El bostezo contribuye a refrigerar el sistema nervioso ya que el aire frío que penetra al organismo enfría la sangre del interior de los vasos sanguíneos que, así, llegará más fresca al cerebro.

Pero además, y quizá más importante, el bostezo es esencial para la supervivencia de cada individuo, ya que, en condiciones de sueño, de hambre o de aburrimiento, el organismo reclama más oxígeno y el bostezo asumiría esa encomienda.

Unos núcleos neuronales del hipotálamo responden a lo que entienden como fallo funcional de disminución de oxígeno e inmediatamente activan los músculos del bostezo. Y, con esa gran bocanada de aire, abonan las concentraciones de oxígeno en el organismo que, a través de la sangre, serán aportadas al metabolismo neural cooperando en la activación de funciones cognitivas superiores, como la atención o la concentración, y favoreciendo estados de bienestar y de relax.

El proceso neural de bostezar

La neurobiología del bostezo es altamente compleja e intervienen diferentes sistemas de neurotransmisores. Las neuronas paraventriculares del hipotálamo liberan oxitocina en el hipocampo y en el tronco del encéfalo, cuyas neuronas (con histamina, serotonina y dopamina), en base a reflejos primitivos de la corteza motora, activan a las neuronas que dinamizan los músculos que producen el bostezo. Asimismo, otras neuronas, que liberan GABA y opioides, estabilizan el sistema, frenándolo cuando ya es suficiente.

El equilibrio entre estos sistemas es básico, pero está alterado en algunas enfermedades. Por ejemplo, en tumores, en epilepsia, en esclerosis múltiple, en parkinsonismo, en fases de abstinencia de drogodependencias o incluso en enfermedades hepáticas, existe tanto disonancia como desequilibrio de estos neurotransmisores, y de sus receptores, provocando bostezos de repetición.

Igualmente, algunos tratamientos farmacológicos pueden desencadenar bostezos. Si bien, los facultativos avisan a los pacientes para preverlo, quienes, al ser conscientes, se adelantan a esos efectos indeseables cambiando de fármacos.

El bostezo contagioso

Todo el mundo reconoce la experiencia del contagio de los bostezos. Se trata de ecofenómenos y, como el eco, se repiten o se imitan. Si alguien bosteza en la sala o incluso al otro lado de la pantalla, de forma preventiva, nuestro cerebro se activa desencadenando también el bostezo para oxigenar nuestras neuronas. Y no es únicamente en humanos, también ocurre en los animales.

Quizá este mecanismo empático se ha consolidado a lo largo de millones de años como base de sincronización y de supervivencia grupal. De hecho, al pedir a un individuo que se resista y que reprima el bostezo cuando los que están en derredor siguen bostezando, le resulta casi imposible. Y cuando más se quiere reprimir, más excitabilidad provoca ese reflejo de imitación.

Este prodigio de contagio es un mecanismo de empatía. Se cree que depende de las neuronas en espejo, indispensables en la vida de relación social. Sin embargo, aunque las personas más empáticas ‘se contagian más fácilmente’ de los bostezos, no se ha demostrado que estos desencadenen actitudes prosociales.

Si no es desmesurado, bostezar es muy sano. No obstante, para evitar bostezar en determinadas circunstancias, es aconsejable mantener húmedo el ambiente circundante y con temperatura fresca. Igualmente, un truco para reprimir el reflejo del bostezo puede ser beber sorbos de agua fría que puedan ‘despistar’ a los sensores y a los reguladores intrínsecos del organismo.

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