Al recibir el diagnóstico de un cáncer de mama el mundo parece detenerse. Históricamente, el tratamiento de esta enfermedad ha estado ligado a intervenciones quirúrgicas que, aunque muy efectivas, conllevan ingresos hospitalarios, molestias y secuelas estéticas. Sin embargo, la medicina avanza a pasos de gigante y la oncología moderna persigue un objetivo claro: lograr la máxima eficacia para curar la enfermedad con la mínima agresión. En este contexto nace la ablación tumoral percutánea, una técnica que permite destruir el cáncer desde el interior, con solo un pinchazo y sin alterar en absoluto la estética de la mama.
Imaginad que la mama es un jardín y el tumor es una mala hierba que acaba de brotar. Hasta ahora, la cirugía clásica (que sigue salvando millones de vidas) consistía en coger una pala y cavar para arrancar la raíz junto con un buen trozo de tierra sana alrededor. El problema se resolvía pero inevitablemente quedaba un agujero en nuestro jardín. La ablación percutánea es enviar a un jardinero ‘francotirador’. En lugar de palas, usa una aguja finísima. La introduce de forma milimétrica directamente en el centro de la mala hierba, aplica una energía que la desintegra en el sitio y, al retirar la aguja, el jardín queda completamente intacto. Sin cortes, sin deformidades y con una precisión exquisita.
Los responsables de esta ‘magia’ somos los radiólogos intervencionistas, una especie de frikis tecnológicos de la medicina: hemos cambiado el clásico bisturí por agujas modernísimas y pantallas de alta resolución. No operamos a ciegas ni por intuición. Utilizamos los ecógrafos y la imagen médica como si fuesen nuestros propios ojos navegando por el interior del paciente, lo que nos permite guiar la aguja esquivando nervios y vasos sanguíneos para proteger con cariño vuestro tejido sano.
Hielo para curar: la crioablación
¿Y cómo una aguja puede destruir el tumor? Con temperaturas extremas. En los tumores de mama, la reina absoluta de estas energías es la crioablación. A través de esa pequeña aguja introducimos gas argón, que genera una ‘bola de hielo’ en la punta a temperaturas inferiores a -40 ºC. Ese frío extremo destruye las células tumorales de forma irreversible y, maravillosamente, actúa como un potente anestésico natural. Esto nos permite hacer el procedimiento en menos de una hora, de forma ambulatoria y usando anestesia local. Al terminar, te ponemos una pequeña tirita y ese mismo día te vas a casa a seguir con tu vida normal.
En tumores de otras localizaciones, como el hígado, el riñón o el hueso, utilizamos microondas (¡como las de casa!) o radiofrecuencia para calentar el tumor y, literalmente, freírlo. Da igual frío o calor, eso es cosa nuestra, pero tú te vas a casa con un pinchazo y sin tumor.
¿Cuándo lo utilizamos?
El inmenso valor de esta técnica reside en saber elegir a quién va a beneficiar más. La ciencia nos ha demostrado que brilla especialmente en dos escenarios entrados en la mama, que es de lo que va este artículo (pero lo usamos en más tumores):
pTratamiento curativo en fases iniciales: la ablación es estelar en tumores pequeños y amables. El ensayo clínico internacional ICE3, que marcó un antes y un después, trató con frío a mujeres mayores de 60 años con tumores tempranos menores de 1,5 centímetros y de bajo riesgo. En lugar de operarse, el tumor se congeló y las pacientes continuaron con su pastilla hormonal. Cinco años después, la supervivencia era del 96,7% y la tasa de que el tumor volviera al pecho fue casi inexistente (un 4,3%).
pAyuda y alivio sin riesgos: hay mujeres muy mayores o con problemas severos (de corazón o pulmón, por ejemplo) para quienes entrar a un quirófano con anestesia general es un riesgo inasumible. En estos casos, la ablación con anestesia local permite frenar el crecimiento del tumor en la mama, evitando dolores o úlceras, y mejorando drásticamente su calidad de vida en un ratito de intervención.
¿Por qué no se usa siempre?
Si habéis llegado hasta aquí, seguro que me diréis: “Doctor, ¿y por qué no nos hacen esto a todas y nos olvidamos del quirófano?”. La decisión de cómo tratar un cáncer no se toma a la ligera, recae en un Comité Multidisciplinar (cirujanos, oncólogos, radiólogos) que diseña un ‘traje a medida’ para cada mujer. La ablación no se usa por defecto debido a:
pEl tamaño de la bola de hielo: la zona de congelación tiene un límite. Si el tumor mide más de 2 cm o tiene forma de ‘raíces’ difusas, el frío no lo abarcará entero de forma segura. Ahí, la pala del cirujano sigue siendo nuestra mejor aliada.
pLa lupa del patólogo: cuando el cirujano extirpa un tumor, el patólogo analiza la pieza entera para decidir qué medicación darte. En la ablación, el tumor muerto se queda dentro y el cuerpo lo reabsorbe. Para no perder esa información vital, tenemos que hacer muchas biopsias previas. Si el tumor es muy rebelde o complejo, preferimos operarlo para analizarlo entero.
p Los ganglios de la axila: a menudo hay que analizar si el tumor ha llegado a la axila. Como eso suele requerir un paso por quirófano, muchas veces lo más sensato y eficiente es aprovechar ese momento para que el cirujano quite también el tumor del pecho.
Una realidad que ya está en la Arrixaca
Es común leer artículos de avances médicos y pensar: “Qué bonito, pero esto seguro que solo lo hacen en hospitales carísimos de Estados Unidos, a mi barrio no ha llegado”. ¡Falso! Para los lectores de Salud21, os traigo la mejor de las noticias: nuestro sistema sanitario público ya está integrando estas tecnologías. Sin ir más lejos, aquí en la Región de Murcia, nuestro hospital Virgen de la Arrixaca ya hace uso rutinario de la ablación en la Unidad de Radiología Intervencionista para tratar de forma percutánea tumores renales, hepáticos, óseos, suprarrenales… o complejas malformaciones vasculares. Y la Unidad de mama de la Arrixaca ya aplica la crioablación para los tumores de mama que cumplen criterios. La tecnología, los equipos punteros y, sobre todo, las manos expertas de los intervencionistas, ya están aquí, trabajando a pleno rendimiento.
Su expansión a más casos de cáncer es progresiva, ya que exige maquinaria muy costosa y un entrenamiento médico súper especializado, además de la prudencia habitual que exige la ciencia médica antes de cambiar un tratamiento estándar. Pero la ablación tumoral percutánea no es un guion de ciencia ficción; es una espléndida realidad científica, certera y, sobre todo, mucho más amable y humana con vosotras. Los sanitarios murcianos seguimos formándonos para ofreceros lo mejor. Estaremos muy felices de traeros avances y buenas noticias.

