
En el siglo XXI, en los países democráticos, y avanzados en los que prevalecen los derechos universales, las mujeres celebramos la capacidad de elección. La conquista de esas cotas de igualdad nos conduce a celebrar no solo la independencia y no depender de terceros, sino también la libertad de pensar y, sobre todo, de poder expresarlo. Así, cada 8 de marzo, recordamos que las mujeres de hoy vivimos en libertad debido a que antes muchas mujeres (nuestras bisabuelas, abuelas y madres, con apoyo de algunos varones) reivindicaron su papel activo en la sociedad. Y su tesón contribuyó a que hoy nosotras podamos decidir y elegir libremente.
EFECTO SHIVA
Comparar a las mujeres con los hombres no es la cuestión. Mujeres y hombres no somos ni mejores ni peores, somos diferentes. Lo somos desde la carga genética, por el sexo biológico, pero también por la cultura que aprendemos desde el nacimiento (o antes, porque, en el vientre materno, nuestro cerebro ya entonces escucha las entonaciones y los sonidos).
Así, aunque se han conquistado muchos derechos, lo que seguimos reclamando es la igualdad de oportunidades real y objetiva ya que, debido a aspectos culturales, a las mujeres se nos atribuyen roles diferenciales con más responsabilidades familiares y cargas sociales. Y las mujeres las aceptamos porque se supone que el mal denominado ‘sexo débil’ debe asumirlas: Sin embargo, esos factores interseccionales adicionales modifican nuestra vida y determinan nuestra forma de sanar o de enfermar.

Adicionalmente, de forma subliminal permanece un poso invisible por el que las mujeres debemos estar siempre presentables y espléndidas. A las mujeres, la sociedad les pide ser ‘completas’ y siempre aparentar estar estupendamente, ser mujeres magníficas e ideales en todo momento. Pero ser ‘superwoman’ no es una tarea sencilla. Es el ‘efecto Shiva’, tener ocho brazos, cuidar de todos (niños y personas mayores de la familia), ser buena madre, buena esposa y buena profesional: hacer muchas labores y hacerlas todas bien. Y ¿cómo lograrlo sin sufrir el estrés emocional de poder llegar a todo?
MUJERES IDEALES
Se dice que el término de ‘mujer ideal’ (y libre) es subjetivo y personal, pero, aunque a menudo se asocia con cualidades de amor propio, de seguridad, de inteligencia, de independencia y de empatía, más allá de lo físico, en ese concepto de mujer ideal también se debe valorar la capacidad de comunicación, el vital apoyo mutuo y la fortaleza emocional. De hecho, no existe un único modelo de mujer ideal.
Cada mujer es diferente. E incluso los gustos y las preferencias son cambiantes de acuerdo a las normas socioculturales y con las experiencias individuales que, además, evolucionan con el tiempo.
La verdadera mujer ideal es aquella que se siente cómoda siendo ella misma, que combina la feminidad tradicional con la fuerza interior y el humor (hasta reírse de sí misma) y elige. Porque ser una mujer ideal ‘real’ lleva implícito ser una mujer libre. Una mujer que puede cuestionar las creencias y las tendencias limitantes. Aquella que es consciente y capaz de tomar sus propias decisiones. Aquella que vive sin depender de la validación externa. Esa mujer auténtica es la mujer ideal e irresistible. Sin embargo, en estos tiempos de contaminación informativa nos venden un cliché en que la imagen femenina es un espejo distorsionado. Se nos uniformiza. Y huir del influjo de esas corrientes, y de las influencers, es harto difícil por lo que es un reto a conquistar.
LAS NIÑAS
Algo estamos haciendo mal: las niñas, desde la temprana edad de seis años, creen que los niños tienen más capacidades que ellas. En estos tiempos de comunicación global e inmediata, a las niñas, desde pequeñas, se les debe enseñar honestidad, autoconsciencia, seguridad y, sobre todo, confianza en si mismas. Su capacidad intelectual, con voluntad y ahínco, les conducirá a alcanzar las metas que se marquen. Deben aprender que ellas pueden conseguirlo, que nada se regala, pero que pueden hacerlo igual de bien que los varones. Cada cual según sus creencias y deseos, debe practicar la reflexión y el espíritu crítico por que así serán más libres para decidir lo que realmente quieran ser. Deben perseguir la independencia (económica y emocional), saber que el autocuidado es necesario, que la alegría y la empatía son humanas, que el sentido del humor ayuda y que, lejos de ser negativos, los momentos de soledad son muy valiosos.
Las mujeres, resilientes y reflexivas por naturaleza, van persiguiendo el equilibrio. Las estrategias para conseguirlo, además de poder enseñarlas, se aprenden imitando, por ello, esa es una responsabilidad de los adultos. Y que las niñas sean fuertes, libres y mentalmente equilibradas es la gran revolución de la igualdad, que pasa por la educación. Pero para construir una sociedad más justa y equitativa no solo se debe educar a las niñas, sino también a los niños.
FUERZA Y VOLUNTAD
Mucho se ha logrado, pero todavía quedan objetivos de equidad. Esa es nuestra responsabilidad para con las generaciones futuras, la responsabilidad de cada una y de cada uno. Un cambio de mentalidad cimentado en la igualdad logrará un mundo más equitativo en el que las personas serán más sanas y más felices. Si no contribuimos a ello el riesgo es que todo lo conseguido hasta ahora resulte inerte y que, incluso, se pueda retroceder en derechos. Eso sería imperdonable.
Por un mundo mejor, parafraseando a Indira Gandhi, “la fuerza no proviene de la capacidad física, sino de la voluntad indomable”◙
