
Según las teorías de la comparación social, los seres humanos nos autovaloramos comparándonos con los otros. Observamos que es lo que les satisface a ellos y, para sentirnos bien, detectamos si podemos tener acceso a lo mismo que ellos y ya (aquí y ahora).
En el siglo XXI, inmersos en el mundo digital, con la incorporación de las nuevas tecnologías, para conseguir toda la información y a cualquier coste, desarrollamos conductas compulsivas, como la necesidad de revisar constantemente nuestras redes sociales y consultar la pantalla. El riesgo es que se tiende a desarrollar comportamientos impulsivos e incluso adictivos.
FoMO
El término FoMO, que fue acuñado en los años 90 por Dan Herman, es el acrónimo de la expresión inglesa ‘Fear of Missing Out’, es decir, ‘el miedo a perderse algo’. Las personas con FoMO, al creer que que pierden información, se sienten frustradas por no poder vivir experiencias que pueden ser gratificantes y esa inquietud les provoca una ansiedad irremediable.
Dan Herman fue un estratega de marketing, un innovador, que investigaba el comportamiento humano centrándose en la psicología de los consumidores. Fundó el FoMO Authority Institute, dónde estudió la necesidad humana de estar siempre conectado, sobre todo en el omnipresente mundo tecnológico. Con la cultura digital y con la dictadura de las redes pareciera obligatorio estar conectado constantemente para estar informado o poder participar en actividades. Muchas personas, llegan a estar obsesionadas y se condenan a utilizar las redes de manera compulsiva, incluso perdiendo el sentido del tiempo. Las consecuencias del FoMO son la distracción en el aprendizaje y en muchas actividades de la vida diaria; el sentimiento de soledad y de vacío, a pesar de la conexión digital, pero, sobre todo, el FoMO provoca ansiedad, depresión y adicción a la tecnología.
SÍNTOMAS
Los jóvenes (y no tan jóvenes) hiperconectados comienzan privándose de horas de sueño y de actividades de socialización ‘cara a cara’, pero llegan a descuidar las obligaciones básicas como el estudio o el trabajo. De hecho, pueden sufrir una sensación de vacío que les conduce a perder las costumbres y los hábitos saludables, como los de limpieza básica, mintiendo sobre la cantidad de horas que pasan conectados.
El síndrome FoMO se relaciona con un malestar psicológico generalizado que les provoca ansiedad por creer que no disponen de toda la información. Es una forma de adicción en la que ocupan su tiempo y energías. Por tanto, son incapaces de disfrutar del presente porque, al estar en un estado de alerta constante, solo se sienten bien y eufóricos cuando están delante de las pantallas que les brindan la posibilidad de acceso a nuevos datos. En consecuencia, esas personas pierden la capacidad de concentración, baja su rendimiento y su productividad, tanto académica como laboral, entrando en un círculo vicioso en el que, en su interior, están insatisfechos con baja autoestima y complejo de inferioridad porque se comparan con personas cuyas vidas aparecen idealizadas en las redes.

Lo peligroso es que el FoMO puede ir creciendo y agravándose generando irritabilidad y ansiedad generalizada, con problemas de sueño, dependencia de las redes sociales y aislamiento del mundo real que les conduce a la soledad y, en algunos casos, a tomar decisiones poco acertadas y conductas de riesgo con desapego a la vida real.
FoMO Y MARKETING
Se cree que los varones son más proclives al FoMO, sobre todo los niños y los adolescentes cuyo cerebros está inmaduros, en desarrollo, así como aquellos que sienten su vida insatisfecha. Irremediablemente todos ellos, no solo sufren ansiedad, sino que es más fácil que sean manipulados por las tácticas del marketing de ventas.
Así, según como se sucumba a la manipulación de la publicidad se han descrito cuatro tipos de personas: los mariposas; los devotos; los endosadores; y los adictos. Tras una compra impulsiva insatisfactoria, las personas mariposa evitan la recompra porque entran en un bucle de negatividad. Sin embargo, los otros tres tipos de personas (los devotos, los endosadores y los adictos), tras una compra impulsiva, a pesar de la insatisfacción, siguen comprando como si fuera parte de su terapia, y el peligro es que pueden engancharse a las compras por campañas de marketing que manipulan la voluntad humana. Esos tres tipos de personas son los que más fácil pueden padecer FoMO en diferentes grados. Pero se puede prevenir.
PREVENIR EL FOMO
Para prevenir el FoMO, se debe aprender a desconectar. Hay que limitar el tiempo en redes sociales; aceptar que siempre te vas a perder algo; practicar la atención plena (en cada momento, enfocarse en algo concreto); cultivar las relaciones humanas offline; priorizar las actividades que aporten valor y experiencias; enseñar y aprender a decir NO; y enfocarse en las cosas positivas de la vida y en los propios logros.
Porque, como dijera Mark Zuckerberg, “la conectividad es un derecho humano”, pero la cuestión es aprender a utilizarla correctamente evitando que nos esclavice◙
