Hace cinco años, mientras la pandemia ponía de la tecnología en el centro de nuestra vida profesional, personal y académica, se aprobaba el programa ‘Educa en digital’ en la Región de Murcia, con una inversión de más de 5 millones de euros procedentes de fondos europeos. Este programa, iniciativa del Ministerio de Educación y Formación Profesional, pretendía impulsar la transformación digital de la educación en España al mismo tiempo que venía a solventar la brecha digital que se había creado la semipresencialidad en las aulas.
Después de esta decisión, han sido varios los impulsos que se ha dado a esta transformación digital en las aulas, como la entrega de más 12.000 equipos informáticos como tablets u ordenadores portátiles a alumnos en situación de vulnerabilidad que estén cursando sus estudios en centros educativos públicos de la Región de Murcia en el año 2021, o la entrega de otros 9.000 ‘chromebooks’ (ordenadores portátiles) a casi 300 centros educativos por parte de la Consejería de Economía, Hacienda y Empresa en mayo del año pasado.
Al resto de familias, la compra de estos equipos para la educación digital venía costado unos 300/400 euros por niño, un gasto considerado obligatorio ya que la educación se adaptó para que fueran igual de imprescindibles que los libros tradicionales.
Todo este impulso y apuesta por la digitalización frena en seco cuando el pasado mes de marzo la Comunidad Autónoma aprueba la ampliación de las limitaciones del uso de dispositivos digitales en el aula para reducir el tiempo de exposicióndel alumno a laspantallas. Con carácter general se procurará que el uso de los dispositivos digitales no exceda de una hora al día en Primaria y de dos horas en ESO. Esta orden que, en palabras del presidente de la Región de Murcia, “redefine el proceso de digitalización de nuestros centros”, ha causado un desconcierto general en las familias murcianas, que hace menos de cinco años tuvieron que hacer frente de una enorme inversión económica en dispositivos digitales que, ahora, pierden protagonismo en las aulas tras haberse demostrado que no son el soporte más conveniente a edades tempranas.
CONSECUENCIAS DE LA PANTALLAS
No son pocos los estudios y profesionales que han advertido de las consecuencias que tiene para el desarrollo neurológico de los más pequeños y de los adolescentes pasar demasiadas horas delante de una pantalla. La neuróloga María Cerdán explica, en primer lugar, que durante los primeros años de vida tenemos más neuronas que, con el paso de los años, sufren un proceso llamado ‘poda neuronal’. Tener más neuronas durante la infancia permite que los menores tengan una mayor plasticidad cerebral, es lo que explica que los niños sean ‘esponjas’ y tengan más facilidad para el aprendizaje en los primeros años de su vida. Por el contrario, perder estas neuronas cuando crecemos favorece que seamos capaces de concentrarnos y llevar a cabo tareas más complicadas.
En este contexto neuronal, explica la doctora María Cerdán, es importante que los niños se expongan al desarrollo de habilidades ya que será más fácil que consigan dominarlas si las comienzan a edades tempranas, ya que su plasticidad cerebral es mayor. “Por ello, la Asociación Española de Pediatría recomienda que no haya ningún contacto con pantallas hasta los seis años de edad porque se ha demostrado que es el período en el que el cerebro se está desarrollando al máximo, en el que tiene que ser un cerebro curioso, buscando constantemente estímulos. Si le pones la pantalla delante vas a conseguir que el niño esté tranquilo, que esté fascinado, que se esté quieto. Pero el niño tiene que estar en movimiento, que su cerebro se haga preguntas”, explica la neuróloga.

Otro ámbito que se ve afectado por el uso de pantallas a edades demasiado tempranas y que puede tener consecuencias nefastas en el ámbito educativo es el descanso. De este modo, la doctora María Cerdán referencia al pediatra Gonzalo Pin, que en sus estudios ha demostrado que las horas de sueño en menores se han reducido en una hora y media en los últimos 15 años. En este escenario, la neuróloga recuerda que “el descanso no es una actividad pasiva, nuestro cerebro durante el sueño está trabajando muchísimo y el sueño profundo ayuda a asentar los conocimientos, lo que es fundamental para el aprendizaje, para organizar los recuerdos, para que las hormonas implicadas en el crecimiento de los niños se secreten”.
Otra advertencia que trae la neuróloga María Cerdán es la existencia de estudios que demuestran que el estudio con pantallas es “menos manipulativo y sabemos que, de cero a seis años, necesitamos mover las manos, porque estas representan casi la mitad de nuestra corteza cerebral. Cuando un niño mueve las manos, está activando muchísimas conexiones neuronales y sabemos que cuando conectamos neuronas, hacemos que estas sobrevivan mejor”.
Del mismo modo, esta digitalización en las aulas favorece la multitarea. “Esto es algo que puede parecer positivo y puede serlo en determinadas ocasiones, pero cuando se trata del aprendizaje lo que necesitamos es una conciencia plena, una atención plena, para que se asiente el conocimiento”, advierte la neuróloga.
Por todo esto y apoyándose en diversos estudios, la neuróloga María Cerdán recomienda la exposición cero a pantallas hasta los seis años de edad. A partir de esos años y hasta los 12 años, siguiendo las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría, la exposición no debería superar una hora diaria, “pero hay estudios que demuestran que, cuanto menos, mejor”, asegura. Hasta ahora, esa franja de una hora diaria ya se estaba superando solo con el uso que se daba en las aulas o en casa para hacer la tarea escolar impuesta.
Ante la preocupación de si es o no reversible la manera en la que afecta a los niños una exposición elevada a pantallas, la neuróloga María Cerdán se muestra positiva: “hay estudios que avalan que, por suerte, el cerebro guarda cierta plasticidad neuronal, lo que quiere decir que si una neurona que realiza una función muere, las otras que hay a su alrededor pueden ‘aprender’ a hacer lo que esta hacía. Si un niño ha estado en inactivación por una alta exposición a las pantallas, se puede revertir si exponemos al niño a los estímulos adecuados”◙

