Hace algunos meses se dio a conocer el arresto del líder de una secta en la Región de Murcia por suministrar mercurio purificado a sus seguidores. Esta situación ha dado la voz de alarma por este tipo de organizaciones, que busca la sumisión de sus fieles a través del suministro de drogas y otras sustancias. Miguel Motas, veterinario y toxicólogo, profesor de la Universidad de Murcia e investigador en toxicología, apunta que esta sectas son más habituales de lo que podemos imaginar, pero que no es la única fuente de riesgo toxicológico con la que convivimos. Incluso una dieta no equilibrada podría ser fatal.
“Todo lo que nos rodea es tóxico, depende de la dosis”, recuerda el toxicólogo, “por eso hay que tener cuidado con cualquier sustancia que sea extraña al organismo. En esto se incluye las drogas, también los medicamentos. Incluso los alimentos si se toman con frecuencias inadecuadas, pueden causar intoxicaciones”.
En relación a las intoxicaciones relacionadas con alimentos, es cierto que hay más gente concienciada en la seguridad alimentaria en cuanto a la manipulación de alimentos o su conservación, pero también la frecuencia con la que consumimos estos alimentos, como apunta Miguel Motas, puede causar intoxicación.
El equilibrio es clave en la dieta
“Desbalancear una dieta puede hacer que estemos expuestos a niveles de metales pesados y otros compuestos demasiado elevados”, explica el veterinario.
Este desequilibrio puede ser por una mala alimentación, pero también puede suceder sin darnos cuenta, cuando comemos algún alimento que tienen compuestos nocivos.
“Ocurre mucho con el atún. Sabemos que los jóvenes tienden a comer muchas latas de atún en su alimentación, pero desconocemos que no solo comemos atún en las latas. Por ejemplo, la marinera lo lleva también o las empanadillas. Podemos comer mucho sin darnos cuenta y, si tomas una cantidad excesiva de atún, estarás expuesto a unos niveles de mercurio demasiado altos”, adiverte Miguel Motas.
Otros alimentos, continúa el veterinario, son conocidos por ser saludables y nutritivos. Y lo son, pero también deben comerse con precaución para evitar intoxicaciones. Por ejemplo, aunque el hígado y el riñón sean conocidos por ser una valorada fuente de proteína, el toxicólogo recomienda “tener cuidado porque son los órganos que filtran y eliminan los contaminantes de cualquier organismo, y nos estamos tomando el filtro que ese animal ha usado durante toda su vida para acumular contaminantes. Esto es peor cuanto más viejo sea el animal”.
Alimentos menos habituales
En otros casos, aunque la comida tenga compuestos negativos para la salud, su consumo es tan puntual y en dosis tan pequeñas que se puede tolerar por parte del organismo.
Ejemplo de ello son las gambas. “Las gambas tienen en la cabeza lo que equivale a nuestro hígado y riñón, y ahí acumulan mucho cadmio. Al chupar la cabeza, estamos ingiriendo una dosis elevada de metal”, advierte, “pero tampoco comemos gambas todos los días”, añade.
La solución para no tener estos riesgos, apunta el toxicólogo, es el sentido común. La dieta mediterránea, asegura, es la mejor manera de evitar las intoxicaciones por su variedad, y se debe recurrir siempre a alimentos de calidad que aseguren haber pasado controles sanitarios.
Manipular los alimentos
Otro aspecto que el toxicólogo Miguel Motas recomienda no olvidar es el material con el que manipulamos los alimentos. “Las fuentes de cerámica que no están diseñadas para la cocina tienen un barniz rico en metales pesados, y cuando entra en contacto con el vinagre de una ensalada o se somete a altas temperaturas en un horno, se desprende este barniz y lo ingerimos con los alimentos”, recuerda.
