Un huerto urbano para que la salud mental ‘florezca’

El centro de salud mental San Andrés ha organizado un taller hortofrutícola para sus pacientes

En octubre de 2024, un grupo de trabajadores del centro de salud mental San Andrés, concretamente de la Unidad de Rehabilitación de Adultos, decidieron organizar y poner en marcha un taller hortofrutícola dirigido a personas con trastorno mental grave. Para que este proyecto fuera un éxito, previamente habían llevado a cabo unas sesiones educativas sobre horticultura básica. El resultado es que un grupo reducido de pacientes elegidos según el criterio profesional de Ana Isabel Fernández Díaz, terapeuta ocupacional, y Victoriano Simón Peñafiel, trabajador social, comenzaron a formar parte de este proyecto. “Comenzamos alquilando una parcela urbana de apenas 35 metros cuadrados, pero con el tiempo se ha convertido en mucho más que un espacio para cultivar hortalizas: es un lugar de encuentro, de aprendizaje mutuo, de autoestima y de salud”, explica Victoriano.

Desde ese mes de octubre y hasta este pasado mes de junio, retomando ahora en septiembre, con una sesión semanal en horario de mañana, “comenzamos a trabajar la tierra, a plantar lechugas, rabanillos, zanahorias y otras hortalizas de temporada. Desde el primer día, el contacto con la naturaleza y el ritmo pausado del trabajo agrícola crearon un ambiente propicio para la calma y la concentración”, explica el trabajador social.

Aunque algunos participantes nunca habían tenido contacto con una huerta, poco a poco fueron tomando confianza: desde preparar la tierra hasta regar con regularidad o esperar con paciencia el crecimiento de cada planta. Todo esto se convirtió en una rutina significativa y terapéutica.

CULTIVAR VÍNCULOS Y AUTOESTIMA

Uno de los aspectos más valiosos del taller, aseguran sus organizadores, ha sido la socialización entre los participantes. Personas que en otros contextos podían sentirse aisladas encontraron en el huerto urbano organizado por el equipo del centro de salud mental San Andrés, un espacio seguro donde compartir tareas, conversar, reírse y colaborar. “La dinámica del grupo fue cambiando con el tiempo: surgieron amistades, se organizaron entre ellos, se animaban mutuamente a cuidar sus cultivos”, recuerdan la terapeuta ocupacional y el trabajador social.

Los beneficios de este huerto urbano en el bienestar emocional de sus participantes eran evidentes solo con verlos, pero quedaron palpables en el test que los profesionales organizadores crearon para evaluar diversas áreas relacionadas con el bienestar personal y social, incluyendo la autoestima, el bienestar psicológico, las habilidades sociales, la motivación y el manejo de emociones. Dichos test se les pasaron a los participantes tanto al inicio como al final del proyecto, y sus resultados arrojaron una mejoría en todas las áreas de forma general, siendo más significativa la autoestima, la sensación de responsabilidad y la reducción de ansiedad y estrés.

“Este tipo de talleres no solo aportan bienestar individual, sino que son un paso hacia una sociedad más inclusiva. La horticultura comunitaria demuestra que, con pocos recursos y mucha sensibilidad, es posible abrir espacios reales de participación, integración y salud mental”, asegura Victoriano Simón “no se trata de grandes logros ni de soluciones mágicas. Se trata de pequeñas semillas, plantadas con paciencia, que transforman no solo un terreno, sino también las vidas de quienes lo habitan”◙








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