Sonia Ruiz: la imparable revolución del baloncesto en silla de ruedas

La unionense ha jugado y ha sido entrenadora en los mejores equipos de BSR, además de dedicarse a la política a nivel regional

Sonia Ruiz Escribano (La Unión, 1982) es una de las más destacadas deportistas a nivel regional, nacional e internacional en la modalidad de baloncesto en silla de ruedas (BSR). Un accidente de motocicleta le causó una lesión medular a los 17 años, pero lejos de frenar a esta imparable deportista, sirvió para que encontrara el camino hacia el deporte adaptado primero y hacia el baloncesto en silla de ruedas después.
En este deporte ha granjeado alguno de los títulos y logros más importantes como proclamarse ganadora de La Liga y la Copa del Rey con el ONCE Andalucía pocos años después de profesionalizarse en el BSR, ser la primera jugadora de baloncesto en silla de ruedas en jugar una liga extranjera cuando la ficharon desde Australia o vestir la camiseta de la Selección Española de BSR 10 Campeonatos de Europa, un Mundial y los Juegos Paralímpicos de Tokio. Fuera de la cancha también ha logrado grandes hazañas como llevar al UCAM Murcia BSR, club que preside y entrena, a División de Honor.

Aunque el baloncesto en silla de ruedas ha sido su gran pasión y su oficio, Sonia se define como “deportista de cuna”. Incluso de muy pequeña, tanto que no lo recuerda, acompañaba a su padre a partidos de tenis y en su época escolar practicó todo tipo de disciplinas, desde el futbol sala hasta el baloncesto o el atletismo. De esta época recuerda también con cariño a su profesor de Educación Física quien, además de su familia, le inculcó ese interés y amor por el deporte que luego guio su camino profesional.

AMOR A PRIMERA VISTA

Tanto fue así que, después del accidente, también continuó probando diferentes modalidades de deporte adaptado desde el Hospital de Parapléjicos de Toledo. “Recuerdo que me decían que no iba a poder andar, que tenía una lesión medular, pero yo no terminaba de asimilarlo. Una vez, en concreto, me enumeraron todo lo que no podría hacer nunca más y, al terminar, dije “Vale, y ¿qué es lo que sí puedo hacer?” así que me ofrecieron diferentes actividades deportivas para que empezase cuando me hubiera recuperado un poco”, rememora la deportista, que añade “había natación, tiro con arco, tenis de mesa, pero ninguno me llamaba demasiado la atención hasta que una noche me escapé (todavía estaba en el ala de Pediatría del hospital a tener 17 años y necesitaba permiso para salir) y empecé a escuchar gente gritando, balones botando y cuando me asomé y vi gente jugando a baloncesto en silla de ruedas, fue amor a primera vista. Pensé que era muy divertido porque tienes que controlar el balón, intentar no chocar, meter canasta, intentar que los demás no metan canasta, ocupar tu espacio con una silla enorme… es un deporte muy estratégico”.

Hasta tal punto fue ese flechazo que Sonia no esperó ni a tener el alta en el hospital para comenzar a practicarlo y “entonces el entrenador me propuso entrenar con el equipo que había ahí, aunque yo todavía estaba hecha polvo, porque ese entrenador que luego sería el seleccionador femenino, estaba casado con una jugadora y tenía mucha sensibilidad con la figura de la mujer en el BSR así que, cuando me vio, me quiso fichar”.

A pesar de esta oferta, finalmente Sonia volvió a La Unión después de tener el alta del hospital. “Ahora lo entiendo, aunque entonces no lo comprendí y me enfadé mucho con mi madre por obligarme a volver. Yo quería quedarme y desarrollar mi carrera deportiva, pero ella creía que necesitaba volver y encontrarme con la que iba a ser mi realidad porque yo estaba acostumbrada a un entorno donde todos íbamos en silla de ruedas, pero la realidad era distinta”, comenta Sonia.

“Estuve ocho o nueve meses en casa, y empecé a asfixiarme. Yo siempre he sido muy independiente y me encontré en un punto en el que todo el mundo estaba demasiado pendiente de mí. No me querían dejar conducir, me intentaban ayudar en todo momento y empecé a agobiarme hasta que un día le dije a mi madre que no podía más”, continúa.

Esta personalidad imparable y rebelde propia de alguien de La Unión, como ella dice, que le había hecho escaparse de la habitación del hospital para conocer la que sería su gran pasión, también hizo que Sonia no se diese por vencida en su lucha por volver a la cancha: “busqué por todas partes, porque entonces no había Internet como ahora, y encontré en Cádiz una residencia súper accesible donde podía estudiar para ser interprete de lengua de signos que era lo que yo quería estudiar, que por supuesto tenía equipo de baloncesto en silla de ruedas y, además, estaba cerca del mar así que me fui para allá”.

SUS INICIOS

En Cádiz fichó por el SAFEMI San Fernando, donde jugó una temporada antes de que la fichara el mejor equipo de BSR en aquel momento, el ONCE Andalucía de Sevilla. Con ese equipo granjeó sus primeros logros, como ser la primera mujer en ganar la Copa del Rey y La Liga, “pero yo tenía el objetivo de llegar a la Selección Española Femenina porque venía de un equipo mixto y quería competir con iguales, y ahí tuve mi primer golpe de realidad porque tuvimos malos resultados ese año y me di cuenta de que no era todo pasárselo bien, sino que había que trabajar muchísimo. Yo me consideraba buena jugadora y a mis compañeras las consideraba todavía mejores así que pensaba “somos un equipazo” así que llegamos al primer campeonato de Europa en Hamburgo en 2003 y yo ya me imaginaba recogiendo mi medalla, con el himno sonando, con la bandera detrás, llorando. Pues primer partido y terminamos 62-17 perdiendo así que ni himno ni nada”, recuerda entre risas Sonia.

“Pero la verdad -continúa- es que siento que fui muy afortunada sobre cómo se dieron las cosas porque primero tuve ese éxito y esa diversión que hizo que me picara el gusanillo y me enganchara, y luego llegó la parte complicada que hizo que quisiera superarme, luchar y, de algún modo, reivindicar los derechos de la mujer con discapacidad dentro del deporte”.

A pesar de esta derrota, la realidad es que la carrera deportiva de Sonia Ruiz Escribano está llena de victorias y éxitos. Sobre si hay algún éxito que le haya marcado en concreto, Sonia recuerda: “A nivel club, la primera Liga que ganamos, que fue mi primer año en el ONCE Andalucía, muy disputada con el otro equipo de la ONCE que era de Madrid, yo era súper novata, llevaba dos años jugando, y encima con chicos gigantes, hombres que me sacaban el doble de peso. Recuerdo que teníamos que ganar sí o sí pero el árbitro echó a nuestros mejores jugadores así que estábamos los demás. Solo hice cuatro puntos en ese partido, la canasta nos llevó a la prórroga y la canasta que nos hizo ganar. Lo recuerdo con muchísimo cariño”.

A nivel de la Selección Española Femenina, “recuerdo con muchísimo cariño cuando me metieron en el AllStar Five en 2007, porque fue algo súper inesperado, y la primera clasificación para el Mundial. La Selección ha sido el proyecto de mi vida. Siempre hemos estado peleando por estar entre las mejores selecciones, y pasamos de no tener recursos a estar entre las ocho mejores del mundo. También hemos peleado mucho porque llegasen chicas nuevas al deporte y yo pensaba cuándo iba a retirarme, pero nunca encontraba el momento. Hasta que vi a Carmen en la pista y me di cuenta de que otra murciana iba a ser quien me acompañase en ese proceso de asimilación”. Carmen Hernández es una de las grandes promesas del BSR, habiendo debutado con tan solo 10 años en la Selección Española de BSR Sub25. Sonia Ruiz fue una de las primeras entrenadoras de la deportista y, a día de hoy, comparten camiseta en el UCAM Baloncesto BSR.

SER UN REFERENTE

Sonia es y has sido un referente para las personas con discapacidad que practican deporte adaptado, aunque reconoce no haber sido consciente de ello en muchas ocasiones. “No es con lo que más cómoda me siento, aunque tampoco me siento incómoda del todo. Durante muchos años, las palabras no eran importantes para mí, pero ahora me he dado cuenta de que sí son importantes, desde que estoy en política. Cuando me decían que era un referente, las palabras no me calaban, no le daba importancia. Hasta hace dos años, que ya había vuelto a Murcia, había adquirido muchas más responsabilidades como tener un club, entrar en política y colaborar con asociaciones, tuve un momento de bajón y me di cuenta del peso que tienen las palabras y de la responsabilidad que conlleva ser un referente”, explica la deportista de élite.

DE JUGADORA A ENTRENADORA

Sonia Ruiz Escribano también ha debutado como entrenadora, siendo seleccionadora de Castilla y León de 2013 a 2015, segunda entrenadora de la selección española sub 22 en 2015 y 2017, y primera entrenadora del CD Murcia BSR de 2016 a 2019. “Al principio fue sencillo porque a tratase de un Sub-18, sabía que no podía estar en la pista. Fue una etapa muy divertida porque empecé a trabajar con los chicos y chicas con discapacidad. Me encantó porque reivindico la actividad física en todo el mundo pero sobre todo en las personas con discapacidad, porque a mí me salvó de la vida y después he demostrado que a esos niños también les ha hecho bien. Para mí el deporte hizo que fue que olvidase que tenía una silla de ruedas debajo, porque cuando me miraba al espejo me encantaba lo que veía. Veía a una mujer deportista, independientemente de que sus piernas fuesen a su rollo. Era eso lo que quería transmitirle a los niños y niñas”.

Después, como entrenadora del CD Murcia BSR, equipo que ella misma fundó, “me costó más porque era entrenador y jugadora, y siempre quería salir a jugar (risas). Después se me complicó seguir entrenando y jugando y tuve que buscar un entrenador, y pude volver a los niños y niñas con discapacidad, que era lo que me gustaba. Estar con ellos, luchando, superando sus miedos y sus estigmas a través del deporte”.

SU FACETA COMO POLÍTICA

Además de dedicarse al deporte adaptado de forma profesional, Sonia Ruiz Escribano es diputada del Partido Popular en la Asamblea Regional desde el año 2019. “En ese momento era capitana de la Selección Española, había vuelto a la Región de Murcia después de muchísimos años fuera y ya había creado el CD Murcia BSR. Empezábamos a tener bastante repercusión dentro del municipio de Murcia porque después de muchísimos años, un equipo de baloncesto en silla de ruedas en el municipio de Murcia, en la Región de Murcia, teniendo resultados, moviendo a gente de la región de Murcia. Recibí algunos premios y, en ese momento, me llamó Fernando López Miras y me lo propuso. Al principio dije que no porque yo venía de la burbuja del deporte, donde solo tienes que entrenar y competir, y la política me sonaba algo muy ajeno, algo que desconocía. Pero, gracias a mi familia, me di cuenta de que podía hacer lo que quería desde hace muchos años, que era reivindicar la figura de la mujer deportista con discapacidad y ser un altavoz para intentar sensibilizar a la población, como hacemos cuando vamos a los centros educativos y hacemos a los adolescentes que se suban en nuestras sillas”, recuerda Sonia.

A día de hoy, casi tres años después, “he de reconocer que es una de las mejores decisiones que he tomado, es un trabajo súper bonito si consigues focalizarte y alejarte de todo el ruido. Yo quería hacer grandes cosas, cambiar la sociedad, pero eso es muy difícil, y encontré un sitio donde me siento cómoda, donde puedo trabajar con colectivos pequeños, ayudarles, sacar adelante cosas que importan”.

De entre todos estos proyectos en los que Sonia ha sido parte, “el que más cariño le tengo es cuando conseguimos la reserva de plazas en el Conservatorio Regional de Danza para niños con discapacidad intelectual. La asociación ASSIDO de chicos y chicas con síndrome de Down tenía una escuela de danza maravillosa y sus alumnos entraban de calle al conservatorio cuando hacían las pruebas de danza, pero la parte académica no la pasaban porque no había una adaptación curricular. Me llegó esa propuesta por parte de ASSIDO, empezamos a trabajarla y se aprobó por unanimidad. Recuerdo el momento en el que se aprobó, con los chicos en la Asamblea Regional, abrazándonos. Fue un momento muy bonito y es gente que, a día de hoy, son como mi familia”.

Otro proyecto en el que Sonia está inmersa ahora mismo es en el de mejorar y facilitar la adaptación de los vehículos a personas con discapacidad física. “Las personas que tenemos discapacidad física, tenemos que conducir con las manos. Llevamos una adaptación al volante, y en España es muy estricto y carísimo, además de que no te vale de un coche a otro, tienes que volver a homologarla. Entonces, si te quedas sin coche un día o dos, ¿qué haces? Yo me vi en esta situación y uno de mis entrenadores del equipo, que es francés y va en silla de ruedas, me enseñó el sistema que usan ahí, que se puede adaptar en cuatro minutos a un coche y que está homologado en muchísimos países tanto dentro como fuera de Europa”.

Tras investigar el sistema, Sonia decidió poner en marcha un proyecto para su homologación en España, lo que permitiría mejorar no solo la movilidad de las personas con discapacidad, que podrán usar el vehículo que quieran sin tener que recurrir a una larga, costosa y estricta homologación, sino su economía al tratase de un sistema más barato y fácil de instalar. Ahora mismo este proyecto se encuentra en desarrollo, pero ya ha llamado la atención de muchos colectivos implicados y, sobre todo, cuenta con el liderazgo imparable de Sonira Ruiz Escribano la deportista que un día decidió escaparse de su habitación de hospital para encontrarse con el baloncesto en silla de ruedas, dando así un giro de 180 grados a su historia y la del deporte adaptado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados