“Si estudias y trabajas te llaman valiente, pero es lo habitual»

Andrea Hurtado, de 24 años, estudia el Grado en Sociología y trabaja de camarera los fines de semana.

Hoy en día está muy extendida la mala fama entre los jóvenes. Que no quieren trabajar, que no quieren estudiar, que no quieren esforzarse… Son algunas de las afirmaciones que, con frecuencia, se atribuyen a las personas que están en la veintena. Pero no dejan de ser prejuicios infundados o fundados por malos ejemplos concretos, pero para buen ejemplo tenemos el de Andrea Hurtado, que visitó las oficinas de Inversus para contarnos cómo compagina sus estudios con su vida laboral.

Andrea Hurtado, con recién cumplidos 24 años, empezó a trabajar hace tres en una heladería durante las que deberían haber sido sus vacaciones de verano. En ese momento ya había empezado a cursar el Grado en Sociología en la Universidad de Murcia y tenía un objetivo claro: “quería irme de Erasmus a Roma y sabía que, con el dinero que te dan en la beca, no tendría suficiente, así que empecé a trabajar cobrando 50 euros al día, sin un solo día libre en todo el verano, ‘echando’ todas las horas que hiciera falta”.

Logró su objetivo, se fue de Erasmus a Roma y regresó con una mochila llena de anécdotas y con la intención de seguir compaginando los estudios con el trabajo. “Volví de Erasmus en marzo y en Semana Santa ya estaba trabajando de nuevo en la heladería”, recuerda Andrea Hurtado, “e hice lo mismo en verano, aunque ese año tuve un día libre a la semana”.

Tras este segundo verano, cuando comenzó de nuevo el curso Andrea cambió la heladería por un restaurante, en el que trabaja a doble turno los viernes, sábados y domingos. Compaginar esto con el Grado en Sociología es todo un ejercicio de malabares ya que “cuando tengo exámenes o trabajos en grupo, tengo que contar con que los viernes, sábados y domingos no puedo hacer nada, así que tengo que adelantarlo todo y dejarlo hecho porque en ese tiempo, no ‘existo’ para la universidad. Con los exámenes pasa que tengo que dividirlos entre la convocatoria de mayo y la de junio, porque sé que si intento sacarlos todos en mayo no voy a poder”, apunta Andrea Hurtado.

Por suerte para Andrea Hurtado, en la Facultad de Economía y Empresa, donde se cursa el Grado en Sociología, ha encontrado comprensión para poder compaginar sus estudios con el trabajo. “En general mis profesores son muy comprensivos y, por lo que sé al haber estado en la delegación de la facultad, casi todos los profesores son así, dan facilidades, te dejan usar la modalidad on-line a veces si no puedes ir a clase o no puedes entregar una práctica en persona. Es una suerte, porque también sé que no es así en todas las facultades y, de no ser en mi caso, no habría podido permitirme trabajar”, explica la joven estudiante.

NO ES UN CASO AISLADO

El caso de Andrea Hurtado puede parecer aislado, una excepción entre un conjunto de jóvenes que no quieren esforzarse y no se plantean estudiar y trabajar a la vez, pero esto no deja de ser un prejuicio. “En la universidad veo que es frecuente que los estudiantes también trabajen, yo diría que más de la mitad de los estudiantes compaginamos la carrera con un trabajo, algunos con puestos mucho peor pagados como el de repartidor, pero la gente no lo sabe. Cuando se lo dices, te llaman valiente y te animan como si estuvieras haciendo un esfuerzo enorme, como si fuera algo excepcional”.

Aunque pueda parecer, en comparación con otras personas de más edad, que la experiencia laboral de Andrea Hurtado no es dilatada, ya ha aprendido algunas lecciones y se ha dado cuenta de ciertas diferencias entre empresas: “sabes en lo que te metes cuando estás en hostelería, pero también ves que hay veces que las condiciones son mejores que otras. Por ejemplo, que te hagan pagar un café que te tomes de forma puntual no me parece normal. Pasa lo mismo cuando en el contrato te pone que estás dado de alta en la Seguridad Social unas horas en concreto y haces muchas más. Muchas veces no piensas en eso cuando eres joven, porque crees que tienes muchos años por delante para cotizar, pero es tu trabajo. También aprendes a valorar más las cosas, como cuando eres pequeño y tu madre te enseña la compra y te dice que ha costado mucho esfuerzo y trabajo poder comprar todo eso. Por supuesto, te da mucha tranquilidad saber que no necesitas pedir dinero y que puedes colaborar en casa, después de todos los años en los que tus padres te han estado manteniendo. Creo que, al crecer, tienes la ‘responsabilidad’ de devolver ese esfuerzo que hicieron tus padres”.

A las personas que el curso que viene vayan a empezar unos estudios superiores de cualquier tipo y quieren o necesitan compaginarlos con un trabajo, Andrea Hurtado aconseja, sobre todo, calma y “aprender a valorar lo que es realmente importante porque, por ejemplo, si el trabajo no te permite ir a clase y al final suspendes o, porque te veas con un poco de dinero, dejas los estudios, creo que estás equivocándote”. Del mismo modo, recomienda a los jóvenes que se informen bien: “muchas personas no saben que en el trabajo deberían darte permiso para ausentarte si tienes un examen o algo importante y al final renuncian a la parte de los estudios. Estaría bien tener una asignatura en el instituto donde nos enseñaran a leer un contrato para saber si es un contrato basura, a saber interpretar una nómina para saber si nos están engañando porque a veces las empresas se aprovechan de esa desinformación”, advierte la joven estudiante de sociología ◙



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