La vida humana es un proceso cambiante e imparable. Antes de nacer ya somos un proyecto de vida. La mayor parte de los progenitores tratan de facilitar la vida a su prole para que su existencia sea mejor. Los padres suelen hacer planes para asegurar que sus hijos tendrán los medios para subsistir y cumplir sus deseos y ser felices. Pero la vida es larga…
Preguntando sobre el proyecto de vida a largo plazo, se constata que un grupo no desdeñable de personas ni lo piensa. La mayor parte de los individuos no planifica activamente su futuro, más allá de uno o dos años. Eso es suficiente. Se continúa la inercia del momento, se decide en cada instante y se disfruta el dolce far niente (el placer de no hacer nada), que, en sí mismo, ya es un plan.
Aunque nos inquieta la situación vital de los años que vivamos más allá de los 65 y que, de una u otra manera, la mayoría de los mortales concebimos mentalmente los medios para conseguir y apuntalar las metas soñadas, el futuro no se planifica para garantizar que ese último tiempo de vida sea grato y seguro.
Planes preventivos
Los planes de vida a largo plazo deberían perfilarse, deforma preventiva, mucho antes. En la tardía adolescencia, al tener que elegir qué estudiar, se va trazando el plan de vida que, al iniciar la vida profesional, se ajusta.
Influyen de forma determinante las creencias y los valores forjados con la educación recibida. Así, nos plantamos ante el mundo y nos percatamos de que no es lo mismo haber nacido en España que en Níger o que en China. El ambiente y el entorno social, al cual nos adaptamos y actuamos en consecuencia, determinan nuestro proyecto de vida.
Para diseñar un proyecto de vida a medio y a largo plazo hace falta no solo motivación, sino voluntad, esfuerzo, autosuperación y compromiso. Aunque a veces nos equivocamos, somos capaces de predecir y tener ‘in mente’ los escollos del proceso y las recompensas que se tendrán al alcanzar la meta.
Anticiparse a las circunstancias es decisivo, ya que el proyecto de vida es un desafío que exige previsión, perseverancia y resiliencia ante las dificultades.
Plan de platino
En el pasado no tan lejano, cuando la esperanza de vida tras esta era menor, los proyectos de vida conscientes se prolongaban hasta el momento de la jubilación. Sin embargo, en las últimas décadas enfrentamos un panorama diverso: tras la jubilación nos queda por vivir casi un tercio de la vida. Y para este periodo de tiempo hay que preparar un proyecto de vida ilusionante, que posibilite experiencias enriquecedoras para vivir de forma saludable, con serenidad y dignidad.
Vivir en plenitud los últimos años de la vida requiere optimismo, adaptándose a las circunstancias que se presenten. Hay que visualizar el futuro con positividad. El cuerpo ya no es lo que era, pero sigue funcionando y hay que sacarle partido.
En los planes de platino, con contundencia, hay que establecer prioridades según nuestras preferencias y focalizarse en ellas. Hay que saber qué se quiere conseguir en ese último tercio de vida en el que la madurez, la experiencia y el conocimiento del medio y de uno mismo posibilitan la libertad de maniobra. En la época de platino, la energía debe concentrase en lo positivo, dejando un lado las nimiedades.
Nuevas oportunidades
A las personas de la edad de oro y de la edad de platino, la sociedad debe ofrecerles oportunidades y ofertas de ocio y de libertad, espacios verdes y sanos de esparcimiento para relacionarse.
Las áreas públicas deben ser tanto en estancias de interior con diseños bien estudiados que alimenten el espíritu y que desarrollen las facultades de cada cual, como espacios abiertos de exterior en los que el aire sea limpio para purificar cuerpo, mente y espíritu.
Con la edad, la imaginación es capaz de seguir volando. Se puede visualizar un futuro halagüeño. Las ideas pesimistas deben eliminarse ya que no merece la pena regodearse en lo negativo. No hay tiempo. A cualquier edad se puede aprender, se puede disfrutar y se puede ser útil a los demás. Por eso, en los planes de platino, es prioritario y saludable socializar con otros humanos, gozar de la naturaleza y disfrutar de nuestros animales de compañía, que tantas alegrías nos brindan.
