Las personas nocturnas tienen más tendencia a la obesidad

Una reciente investigación liderada por la catedrática de la Universidad de Murcia Marta Garaulet apunta datos que indican que las personas que son “tipo búho” o personas nocturnas, es decir, que tienen un cronotipo nocturno o vespertino que hace mantener mayores niveles de actividad en las últimas horas del día y a dormirse tarde, tienen más propensión a ser comedores emocionales y, por lo tanto, presentan mayor probabilidad de desarrollar obesidad.

¿Y qué es comer emocionalmente? Pues tomar una excesiva cantidad de alimentos, no por hambre, sino como respuesta a nuestras emociones, principalmente, bajo las emociones negativas (estrés, ansiedad, aburrimiento, etc.).

Personas nocturnas y obesidad

Hasta ahora, estudios previos del equipo de la profesora Garaulet, la mayoría de ellos realizados en colaboración con grupos de investigación vinculados a la Universidad de Harvard, habían demostrado que las personas nocturnas o vespertinas tienen más obesidad que las matutinas. Sin embargo, el último estudio demuestra de manera objetiva esta vinculación entre el cronotipo, las tendencias a la ingesta emocional y la propensión a la obesidad.

Este último trabajo, realizado junto a la Universidad de Harvard y la investigadora Bárbara Vizmanos, de la Universidad de Guadalajara (México), ha analizado datos de casi 4.000 personas de España, México y Estados Unidos. “En todas las personas con un cronotipo vespertino con obesidad se replican las mismas circunstancias: tenencia a comer emocionalmente y tendencia al descontrol con la comida, antojos por alimentos específicos y también el sentimiento de culpa después de esos antojos”, explica Marta Garaulet.

El estudio se realizó un estudio de 162 personas en el Hospital Virgen de La Arrixaca con una prueba denominada DLMO. Esto es un test que mide la evolución de melatonina, la hormona del sueño, en condiciones de oscuridad durante cinco horas para poder determinar de manera objetiva cuándo empieza a subir la melatonina en por la noche en nuestro organismo, y su evolución en la persona. De esta manera se sabe cuándo empieza la noche biológica y se puede establecer si estamos ante una persona vespertina o matutina de manera objetiva.

Ciclo de sueño y alimentación

El aumento de melatonina, la hormona del sueño, comienza para cada persona en un momento determinado y conocerlo es importante porque está demostrado que cenar tarde e ingerir alimentos cuando ya hay presencia de melatonina en el organismo repercute en la tendencia a la obesidad. En este estudio, quienes manifestaron en sus análisis un inicio de la noche biológica más tardío, también resultaron ser quienes mantenían unos hábitos de ‘comedor emocional’ más claros.  

Ante estas evidencias, la pregunta es cómo pueden abordar el problema estas personas nocturnas y con hábitos de comedor emocional con tendencia a engordar. Marta Garaulet sostiene que “en estos casos el tratamiento no puede ser una dieta restrictiva para reducir la ingesta calórica, porque esto les genera más descontrol y el abordaje debe ser desde el punto de vista conductual, ya que estas personas tienden a comer en vinculación con sus emociones, más que por hambre. Eesto debe tenerse en cuenta en la práctica clínica, especialmente porque el sentimiento de culpa en estas personas puede ser muy grande y la sensación de que no pueden encontrar una solución es generalizada”.

Equilibrar la tendencia

Para poder ayudar a equilibrar esta tendencia, la investigadora de la Universidad de Murcia recomienda también incorporar hábitos como no hacer ejercicio intenso en las últimas horas del día e intentar incorporar el deporte en las primeras horas del día; ya que el deporte tardío hace que la noche biológica se retrase. De la misma forma, no es recomendable utilizar móviles o pantallas una hora antes de ir a dormir y es beneficioso ajustar los horarios de comidas al reloj biológico.

En definitiva, explica Garaulet, “se trata de intentar cambiar hábitos para conseguir que esas personas con un cronotipo vespertino vayan acercándose a un cronotipo más intermedio, de manera que se modere esta tendencia al comer emocional”. Y, especialmente, insiste la investigadora, evitar las dietas restrictivas, que fomentan el problema y generan mayor sentimiento de culpa.

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