IMPARABLES
En los años 60, en Calahorra (La Rioja) había una pequeña niña con una obsesión: conocer cómo funciona el cerebro. Esta niña, que hoy es la respetadísima y aclamadísima doctora María Trinidad Herrero Ezquerro, tenía el objetivo de saber por qué reímos, por qué soñamos, por qué sentimos, por qué lloramos. Ante estas cuestiones, ‘los mayores’ siempre le respondían lo mismo: son cosas del cerebro. Así que, convencida en descubrir cómo funcionaba este misterioso órgano, ya con 11 años intentó comenzar a documentarse con obras a la altura de ‘La interpretación de los sueños’, de Sigmund Freud. “No entendí casi nada, pero me lo leí”, recuerda con cariño la doctora María Trinidad Herrero Ezquerro.
Años más tarde, todavía con la convicción de saber cómo funciona el cerebro, tomó el camino de estudiar la carrera de Medicina en la Universidad de Navarra. “En segundo teníamos una asignatura que se llamaba neuroanatomía, que era el estudio del cerebro, y el único departamento que investigaba el cerebro era el Departamento de Anatomía con el profesor don Luis María Gonzalo-Sanz, un fuera de serie. Le pedí si podía entrar en el departamento para aprender, para hacer lo que fuera, y entré ayudando a otros a hacer tinciones, a hacer cortes, y de paso aprendía sobre el tema”, explica la doctora e investigadora, “después ya empecé a tener mis temas de investigación propios y empecé a estudiar sobre las vías del dolor”. Todo esto sin olvidar que seguía estudiando la carrera de Medicina, con toda la inversión de tiempo que esto supone: “hacía muchas prácticas clínicas y dormía lo justo, porque siempre he dormido poco. Llegaba a la facultad a las cinco de la mañana porque si llegaba a las ocho como los demás me daba la sensación de que tenía muy poco tiempo, los días eran muy cortos”.

Acompañada de la voz de Whitney Houston y los animales con los que hacía los estudios, los pasillos que todavía estaban en penumbra porque no se había hecho de día o el día ya se había acabado, se convirtieron en un sitio especial para la doctora María Trinidad Herrero. Tanto tiempo pasaba en las dependencias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra que, siendo todavía estudiante, tenía su despacho propio y una relación cercana con todo el personal.
Este ámbito, el dolor, y más concretamente las vías del dolor, fueron centrando las investigaciones de la doctora María Trinidad Herrero hasta llegar a ser el tema principal de su tesina, que presentó a los 23 años en un congreso en la Universidad de Oxford. “Después iba a hacer el MIR pero ese año se publicó una Ley que cambiaba todo el programa de doctorado. Hasta entonces la tesis se hacía en dos años pero la cambiaron para que fuera en cuatro años, así que decidí no presentarme al examen MIR y me quedé a hacer la tesis”, explica la doctora María Trinidad Herrero Ezquerro.
Al finalizar la tesis, en el año 1986, la doctora presentó dicho trabajo en presencia del doctor José Obeso, respetado neurólogo que, tras escuchar a la investigadora defender sus descubrimientos, la incorporó en sus novedosas investigaciones sobre la enfermedad de Párkinson. “Quería traer monos para estudiar en Pamplona, así que tuve que irme a Londres para aprender cómo se trabajaba con monos. Investigar con el doctor Obeso era trabajar a lo grande, de forma internacional. Íbamos a Londres y venían importantes profesores a Pamplona. Yo estaba emocionada y respondía bien al estar todo el día indagando y trabajando. Así fue como empecé a estudiar párkinson hace casi 40 años”. La doctora compaginaba dicha investigación, revolucionaria en aquel momento, con la docencia en la Facultad de Medicina, donde impartía clases de anatomía.
Posteriormente, continuó con sus investigaciones en París, ya en el año 1990, en el Hospital de la Pitié-Salpêtrière, rodeada de neurólogos y en la cuna de la investigación en párkinson y fue contratada por una empresa farmacéutica que le llevó a una vida “muy entretenida, seguíamos al equipo de rugby Castres Olympique al que financiaba la empresa y nosotros íbamos a animarles en tren, en autobús, en avión, todo apoyado por la empresa”.

El motivo por el que cambió esa vida idílica por la Región de Murcia, cuando obtuvo aquí la plaza como profesora titular de Anatomía es algo, que incluso la propia doctora María Trinidad Herrero Ezquerro, no puede acertar a explicar. Tenía 29 años y no conocía a nadie en el departamento, en la facultad, en la ciudad o, siquiera, en la Región. “Nada más llegar, en octubre, el doctor José Obeso me advirtió de que el Ministerio financiaba proyectos de investigación, así que presenté uno sobre el párkinson”, recuerda la doctora, “para lo que me entrevisté con los jefes de servicio de neurología y de neurocirugía de la Arrixaca: el doctor Andrés Fernández Barrero y el doctor Máximo Poza y Poza, quienes me apoyaron. Y, el residente de neurología para el proyecto fue el doctor Emiliano Fernández Villalba, que entonces comenzó la tesis doctoral”.
Tras lograr la financiación del proyecto, 9 millones y medio de pesetas, “empecé a trabajar aquí con monos apoyada por los clínicos de la Arrixaca. Fui sacando proyectos, tesis, trabajando…”. Aunque María Trinidad Herrero recuerda esta época con cariño, también fue una etapa extremadamente dura, en la que tuvo que hacerse su hueco tanto en el departamento como en la Región de Murcia que hoy la respeta y la admira.
Por si no fuera poco, tras una primera época, la doctora María Trinidad Herrero decidió licenciarse en periodismo y en publicidad. Aunque son ámbitos muy alejados del estudio del cerebro, la investigadora consiguió unir ambos mundos y realizó su trabajo de fin de grado de publicidad en la ‘Sapienza di Roma’ sobre neuromárketing.
El siguiente paso en su trayectoria profesional, compaginando todavía la actividad investigadora con la docencia con estancias en el extranjero para seguir nutriendo su conocimiento sobre el cerebro, fue conseguir la cátedra. No sin complicaciones derivadas de la burocracia, de cambios en la ley y de otros factores externos, la doctora consiguió la habilitación de catedrática presentando un proyecto sobre terapia génica en monos en 2004, y posteriormente consiguió la cátedra en 2006 siendo la primera mujer en conseguir dicho grado en el departamento de Anatomía de la Universidad de Murcia.
Actualmente, la doctora María Trinidad Herrero Ezquerro compagina la dirección del Instituto de Investigación en Envejecimiento con la docencia en Medicina y Farmacia en la UMU, en Ingeniería Biomédica en la UPCT, además de dirigir la cátedra de Comunicación Sanitaria, y la realización de estudios, proyectos, conferencias e investigaciones por todo el mundo.
ESPÍRITU INVESTIGADOR IMPARABLE

Ella explica que nunca ha necesitado dormir demasiado, pero está claro que ser una alondra no es suficiente para llegar a donde ha llegado María Trinidad Herrero, hace falta mucho más. “La investigación es sacrificio”, reconoce la doctora, “no es un trabajo de nueve a cinco y de lunes a viernes, como piensa mucha gente que se mete a investigar. Yo se lo digo a los jóvenes investigadores y a los alumnos: tenéis que prepararos una carrera y, cuando eres investigador, las horas no existen”.
La doctora recuerda innumerables noches de fin de semana con sus colegas, ahora grandes catedráticos, investigando y controlando los resultados que estaban dando sus estudios. “Si estás haciendo un cultivo, no puedes dejar de venir los fines de semana, si estudias con animales tienes que alimentarlos y tener un control”, insiste la doctora. Pero también entiende que este espíritu es algo que se debe transmitir: “El espíritu investigador se aprende si se enseña, por eso hay que introducirlo en los jóvenes, incluso en los bachilleratos, enseñarles el método científico, enseñarles que quien tenga más ‘likes’ no es por definición quien tiene la razón”.
LYCEUM Y LAS JÓVENES INVESTIGADORAS
Además de intentar transmitir este espíritu investigador, la doctora María Trinidad Herrero Ezquerro pone especial esfuerzo en transmitirlo a las mujeres. “Yo soy feminista. En 1995 participé en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Pekín, y eso me cambió completamente la mentalidad.
Me di cuenta de que hay muchas diferencias entre hombres y mujeres, pero también entre las propias mujeres, y descubrí la suerte que había tenido siempre y cómo afectaba la pobreza, las diferentes etnias… Las mujeres blancas en países industrializados somos privilegiadas. Me di cuenta de esto y de que, en consecuencia, tenía una responsabilidad: debía empezar a dedicar mi tiempo también a divulgar y a trabajar por la igualdad de género y la justicia social”.
Así fue como la doctora María Trinidad Herrero comenzó a introducir el género en sus investigaciones y a organizar conferencias y charlas relacionadas con este ámbito. Así, nombres de investigadoras como Carmen Vela, Carmen Maroto o Isabel Illa llenaron salas y salas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia abordando temas como la neurología o la microbiología incluyendo el género o sexo biológico en sus espacios.
En este contexto llegó el año 2016 y Naciones Unidas proclamó el Día Mundial de la Mujer y la Niña en la Ciencia que sería, cada año, el 11 de febrero. Ya habiendo tenido la experiencia de organizar los primeros actos que se hicieron en la Región de Murcia por el Día Mundial Contra la Violencia de Género, la doctora María Trinidad Herrero Ezquerro decidió impulsar este día también en nuestra comunidad autónoma. 22 años más tarde de la conferencia de Pekín, recuerda la investigadora, la situación era muy parecida: “seguía el techo de cristal, los suelos pegajosos, el efecto tijera. Las mujeres investigadoras seguían frenando su carrera, aunque fuera cinco años más tarde: cuando tenían el primer hijo”.

Ante este panorama, la doctora María Trinidad Herrero decidió crear Lyceum Murcia, un foro que reúne a científicas murcianas con el propósito de eliminar las barreras que aún frenan la carrera de muchas profesionales. Con la compañía de figuras como Stella Moreno en representación de la UPCT, Estrella Núñez en representación de la UCAM y otras muchas en representación de organismos investigadores como la UMU, el IMIB, el IMIDA o el CEBAS-CSIC, se creó esta asociación “para reivindicar, ayudar a las jóvenes investigadoras y honrar a las primeras”.
De esta manera, con conferencias mensuales, “científicas a pie de calle”, querían despertar el espíritu investigador en las mujeres, que vieran que tenían referentes y que ellas también podían destacar en el ámbito de la investigación, entregar premios a aquellas que estaban empezando en cualquier ámbito. “Queríamos llegar a todas las localidades, no solo a las grandes ciudades, porque quién sabe si en un pueblo del Noroeste hay una niña que necesita ese impulso para ser investigadora”, explica la doctora María Trinidad Herrero Ezquerro. Y crearon premios: entregan premios anuales a Jóvenes Investigadoras en el marco del Día Mundial de la Mujer y la Niña en la Ciencia, pero también homenajean, a las primeras investigadoras, a aquellas que fueron pioneras en sus ámbitos y tuvieron que hacerse hueco. Para ellas, ya con 7 ediciones, se entregan los premios Piedad de la Cierva (en honor a la famosa científica nacida en la Región de Murcia a principios del siglo XX)◙


