La educación va mucho más allá de las aulas. En el C.E.I.P. Juan XXIII-Murcia, del castizo barrio murciano de El Ranero, este principio se ha elevado a la categoría de modelo de excelencia, demostrando que el fomento de la actividad física en la infancia y adolescencia es una herramienta fundamental para el desarrollo integral de las personas.
Y es que el centro ha sido recientemente uno de los protagonistas en la Gala del Deporte, organizada por el Ayuntamiento de Murcia con el apoyo del Grupo Inversus, donde fue distinguido con un premio por su innovador enfoque en la promoción del deporte. Este galardón no solo celebra la cantidad de actividad física que se practica en el centro, sino que reconoce, sobre todo, un modelo educativo que prioriza la participación activa, la inclusión y la integración de valores deportivos (y no deportivos) esenciales en la edad escolar.
Esta distinción pone en el foco la metodología del C.E.I.P. Juan XXIII-Murcia, convirtiéndolo en un referente de cómo un centro educativo puede transformar la vida de sus alumnos a través de la disciplina, el esfuerzo y el espí- ritu de equipo inherente a cualquier deporte.
Hablamos con su director, Alonso Javier Lozano Lisón, y con uno de sus siete profesores de Educación Física, Juan Ferre Ibáñez, que nos desvela cuáles han sido las claves del éxito de su programa educativo.
“El premio otorgado por el Ayuntamiento de Murcia es para nosotros, para todo el equipo docente del centro, un reconocimiento al trabajo que cada día intentamos mejorar. Es un legado que tenemos que transmitir a compañeros y a generaciones futuras. Es una oportunidad para agradecer su trabajo también a los especialistas en Educación Física por sacrificar recreos, tardes e incluso sábados para que nuestro alumnado se sienta arropado en todo momento. Sin ellos, no sería posible el deporte en la escuela”, señala el director del centro, que alberga alrededor de 600 alumnos y alumnas.

“Este curso hemos incorporado al balonmano femenino. Hay que entender que el amplio abanico de deportes escolares que tenemos no es fruto de un día. Es un proceso que nos ha llevado muchos años de ensayo, de probar cosas distintas y quedarnos con lo que finalmente funciona. No se trata de sustituir un deporte por otro; la intención en todo momento siempre es sumar actividades deportivas a nuestro inventario”, apunta el profesor Juan Ferre.
El orgullo de ambos docentes se hace manifiesto conforme avanza la entrevista. Y no es por el premio, ni mucho menos, sino porque están convencidos de que están siguiendo el camino correcto; el premio no deja de ser un testimonio de que están en lo cierto.
“Hemos logrado que el deporte forme parte del ADN de este centro. Incluso durante los recreos, tenemos un programa al que llamamos ‘Recréate en el recreo’, destinado a que, durante ese tiempo libre, puedan practicar si quieren actividad física, lectura en la biblioteca, ajedrez, música, etc.”, nos añade el director, que también reconoce que sus comienzos docentes provienen de la Educación Física (su entrada en el Juan XXIII fue para impartir esta asignatura).
Frente a la pregunta de cuáles creen que han sido los pilares o metodologías clave para que ellos hayan sido los distinguidos este año, el profesor Juan Ferre lo tiene clarísimo: “Nuestro punto de atención se centra en enseñar los valores que deben prevalecer en cualquier deporte. Participamos en numerosas competiciones escolares, por supuesto, pero en ellas recalcamos a los alumnos y alumnas que lo importante no es ganar o perder, sino cómo se gana y cómo se pierde. El respeto por el contrario y por los jueces o árbitros, se gane o se pierda, debe formar parte de la competición con el mismo protagonismo que las propias normas del deporte que estemos realizando en ese momento. Esa es la principal propuesta de valor que define al Juan XXIII-Murcia cuando acudimos a cualquier competición, y fuera de ella, por supuesto”, subraya este aspecto con énfasis Juan Ferre. Y es que durante nuestra conversación percibo en el docente que no se trata de un discurso hecho, sino que está plenamente convencido de este punto, circunstancia que corroboro seguidamente: “En cualquier deporte, por un lado están los resultados, que lógicamente a todos nos gusta ganar, pero a los escolares les explicamos que eso debe ser algo secundario. La propia práctica del deporte incorpora otras cuestiones más importantes que ganar o perder, como por ejemplo la necesidad de actuar en equipo (compañerismo) de valorar al oponente (respeto) de mejorar día a día (sacrificio), etc. Ganar o perder solo es una consecuencia necesaria al competir, algo temporal porque unas veces se gana y otras se pierde; pero los valores que antes he mencionado, esos los llevará el alumno en su personalidad para siempre. Ese es el punto al que queremos llegar con ellos, nuestra meta, por así decirlo”, concluye el profesor.

Hablamos entonces del amplio espectro de edades que abarca un centro de estas características, y de cómo valoran el interés de los alumnos por el deporte conforme van cumpliendo años. “Nosotros observamos que el interés se mantiene intacto. El problema quizá sea la falta de tiempo que los chicos y chicas sufren conforme avanzan en los cursos, ya que la exigencia en los estudios es mayor y empiezan a restar tiempo a la actividad física para sumarlo al estudio”, comenta el profesor Juan Ferre. “Lo que sí podemos afirmar con rotundidad, es que una vez que superan ese escollo, por ejemplo, la prueba EBAU (Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad) un porcentaje muy alto retoma la práctica deportiva. No es una cuestión de más o menos interés, sino de disponibilidad de tiempo y de establecer prioridades”.
Pregunto sobre si el centro dispone de alguna forma de valorar la eficacia o el impacto tangible de su programa deportivo. La respuesta de Alonso Javier Lozano es categórica: “por supuesto. El propio rendimiento escolar en el resto de materias es un indicador que habla por sí solo. Está demostrado que el deporte empuja al alumno a mejorar en el resto de asignaturas de manera natural. Y esto ocurre porque de nuevo entran los valores en juego. El compromiso que implica entrenar, por ejemplo, es un valor común en el deporte y a la hora de estudiar. El deporte fomenta la disciplina y la perseverancia, algo necesario para superar los retos académicos. También, al tener que compaginar el deporte con los estudios, los alumnos aprenden a gestionar su tiempo y a establecer qué es más importante en cada momento”.
Finalmente, saco a colación el asunto de los recursos económicos con los que cuenta el centro público para llevar a cabo su programa deportivo. “Sobre este tema, no podemos decir que nos falte el dinero, teniendo siempre en cuenta que requiere de una buena y adecuada administración. Perolo que sí diría, a modo de iniciativa constructiva, es que quizá habría que plantearse programas estratégicos económicos destinados a la compra, sobre todo, de material deportivo”, alega el director del centro. “Se necesita mucho material deportivo, en principio, porque son muchos alumnos y, como mínimo, si tenemos una ratio por clase de unos 28 alumnos, y decimos de practicar hockey, pues hay que comprar un mínimo de 28 sticks. También porque el material deportivo padece mucho desgaste, lógicamente, por su uso. Si elevamos esta evidencia al intensivo fomento de la actividad deportiva que mantenemos en este centro, creo que la idea es merecedora de considerar”, concluye el director Alonso Javier Lozano Lisón◙

