“La Veterinaria es igual de importante que la Medicina, pero no se valora”

El denso temario, el gran volumen de prácticas y la actitud de algunos profesores dificultan aún más el Grado en Veterinaria

La veterinaria es una de las profesiones más importantes para que la vida, tal y como la conocemos, sea segura. Están detrás de aspectos como las enfermedades que se transmiten de animales a personas, la seguridad alimentaria o las vacunas, por no hablar de la práctica clínica de pequeños animales, pero la realidad es que no suelen tener el reconocimiento que se podría esperar. Con una labor cercana a la de los médicos e incluso con asignaturas comunes en sus grados universitarios, los veterinarios y las veterinarias a menudo se encuentran con que la población desconoce y desestima su formación y trabajo.

Precisamente es la formación veterinaria el asunto que abordamos este mes, convocando a cuatro estudiantes de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia a las instalaciones de Inversus Group. Helena González, Sonia Gilabert, Álvaro Fernández y Lucía Costa cuentan cómo ha sido su recorrido hasta ahora, a punto llegar al ecuador de la carrera y cuáles son sus expectativas de futuro.

En el caso de Helena, ella quería dedicarse al rescate de animales y por ello se matriculó en el Grado en Veterinaria. Sonia, por su parte, ya tenía experiencia en el sector cuando se matriculó ya que es auxiliar de veterinaria, al igual que su compañera Lucía, que también había hecho un Grado Superior en Ganadería. Álvaro tuvo que decidir entre dos dispares opciones que le llamaban la atención: la informática y la veterinaria.

Ahora, dos años después, Helena no abandona la idea del rescate pero se ha dado cuenta de que es un sector bastante complicado y baraja otras opciones como la clínica de pequeños animales, Sonia y Lucía se han enamorado aún más de su profesión aunque en el caso de Lucía ha ‘cambiado’ la ganadería por los felinos y Álvaro está seguro de que eligió bien cuando decidió estudiar el Grado en Veterinaria: “me marcó cuando rescatamos a mi perrita, que tiene 13 años, y me hizo saber que era eso lo que quería hacer en el futuro”.

En el caso de Álvaro, que hizo el primer curso en la facultad de una universidad privada, el cambio ha sido drástico: “el volumen de trabajo es mucho mayor, tienes muy poco tiempo”. Para él, la complicación para estudiar veterinaria en la Universidad de Murcia comenzó incluso antes de estar matriculado. “Aprobé todo el curso y creí que eso me iba a facilitar el cambio pero solo ofrecen cinco plazas para toda la carrera, independientemente del curso en el que estés, y se las conceden a los que tengan más créditos. ‘Competía’ con gente de cuarto curso así que era imposible que me dieran la plaza a mí, aunque ellos tuvieran menos nota”, recuerda el joven estudiante.

UNA CARRERA MUY DURA

“Es una carrera dura, porque tiene muchísima densidad de temario, pasas muchas horas en la facultad y también luego en casa haciendo cosas y estudiando”, conviene Helena, que añade: “Además, es una profesión dura que está poco valorada a nivel social”. “En mi caso – apunta Sonia – que trabajo al mismo tiempo que estudio, se hace difícil pero luego te das cuenta de que puedes con ello y te hace sentir orgullosa”.

Para Lucía pasar de un grado superior a un grado universitario se lo ha puesto “un poco más fácil, pero ves compañeros que antes sacaban un diez suspendiendo o sacando un cinco, y eso te puede afectar mentalmente. Además, ves a estudiantes de Medicina, ves que tienes asignaturas comunes y te preguntas por qué a ellos los valoran tanto y en nuestro caso creen que es algo fácil”.

En general, tanto ellos como sus compañeros estudiantes y muchas voces expertas de la profesión veterinaria tienen claro que el grado universitario debería durar seis años, igualándolo al de Medicina.

Los alumnos de Veterinaria con Josefina Fernández (Project Manager) y José Manuel Fernández (CEO de Inversus)

LAS CLASES Y LAS PRÁCTICAS

Si el denso temario no fuera suficiente, en algunas ocasiones los jóvenes se encuentran con profesores que se lo complican todavía más. Casos en los que no se respetan las guías docentes (documentos oficiales en los que se especifica cómo será la asignatura, los exámenes, los trabajos, etc.), hasta profesores que prometen poner exámenes imposibles de aprobar para ‘castigar’ que los jóvenes se hayan copiado en convocatorias anteriores.

“Se olvidan de que somos personas y en algunas ocasiones, han llegado a decirnos barbaridades y hay gente que es más sensible que otra y le puede afectar muchísimo”, asegura uno de los estudiantes, “juegan con el dinero de la gente: yo estudio porque tengo una beca, y si suspendo me va a tocar devolver el dinero, y no podría estudiar el curso que viene porque no me la volverían a dar”.

No se olvidan, sin embargo, de la otra cara de la moneda: “hay profesores que son encantadores. En mi caso, además, yo estoy haciendo un voluntariado en el hospital y me dejan hacer muchas cosas en la medida en la que puedo siendo estudiante, me explican las cosas, es genial”, asegura Helena.

A partir del curso que viene, la teoría comienza a reducirse y las prácticas a aumentar en la formación de estos futuros veterinarios. “Nos han avisado de que tercero, cuarto y quinto son más difíciles que primero y segundo porque se te juntan muchas cosas, sobre todo en tercero, de teoría y práctica, exámenes al mismo tiempo…”, explica Álvaro.

¿Y DESPUÉS?

Aunque les quedan tres años para acabar el Grado en Veterinaria, los jóvenes no pueden evitar preguntarse por cuáles serán sus pasos después. “Tenemos charlas en la universidad, en la que vienen veterinarios a explicarnos su rama y su especialidad, pero hay mucho lío: no sabes si te tienes que meter en un rotatorio, hacer un máster, intentar trabajar para coger experiencia, hacer un doctorado, una residencia… Sabes dónde quieres ir, pero no sabes exactamente cómo llegar”, apunta Helena.

Tampoco descartan la idea de salir de España pero en este caso no es por falta de trabajo, sino por falta de reconocimiento. “Quien quiere trabajar de veterinario puede, pero no se trata de trabajar, sino de que tú has hecho una carrera sanitaria de 5 años y no te están ofreciendo un salario acorde a eso”, asegura Sonia, y Álvaro añade: “es que lo que tienes entre las manos no es solo la vida del animal, sino la de toda la humanidad porque trabajamos con zoonosis que son enfermedades que pueden llegar a las personas, con seguridad alimentaria y son sectores que no están tan bien pagados como en otros países”.

AL DÍA DE SU PROFESIÓN

Aunque todavía no ejerzan como veterinarias y veterinarios, los jóvenes estudiantes están informados y al día de todo lo que acontece en su profesión. “La Ley del Medicamento que han sacado está siendo terrible para las clínicas”, asegura Sonia, quien ya lo vive en su puesto de trabajo. También el IVA impuesto a los veterinarios (21%), incluido dentro de los artículos de lujo, es otra de las trabas que las clínicas están sufriendo y así lo apuntan los jóvenes estudiantes.

En materia de leyes, los jóvenes también advierten de aspectos alarmantes como que los perros de caza se hayan quedado fuera de la Ley de Bienestar Animal o que “por algún motivo que no entendemos ni conocemos”, la zoofilia haya desaparecido como delito. “Luego – apunta Lucía – pierden el tiempo cambiándole el nombre a los gatos ferales, que ahora ya no se llaman ferales y se llaman comunitarios. Se llamaban así por un motivo: para que supieras que si te acercabas, podían atacarte. El término ‘comunitario’ no da ese mensaje”.










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