La inteligencia artificial mejora los diagnósticos sin sustituir al ‘ojo humano’

Andrés Pedreño (Cartagena, 1953) es doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Alicante con Premio Extraordinario de Doctorado. Durante su larga trayectoria ha sido fundador, gestor e impulsor de la primera biblioteca digital (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes), primera plataforma universitaria internacional (Universia), primeros cursos a distancia y de primer IA-Chatbot universitario (Lola, en la Universidad de Murcia). También es impulsor del proyecto Torre Juana, un espacio patrimonial especializado en empresas y proyectos vinculados a la inteligencia artificial.

Sobre la inteligencia artificial, un asunto que suscita a menudo dudas y desconfianzas por las implicaciones que pueda suponer, Andrés Pedreño explica que “la inteligencia artificial imita el funcionamiento de la mente humana, que toma decisiones en función de los datos que recibimos. Nosotros utilizamos redes biológicas, y la inteligencia artificial utiliza redes neuronales artificiales”.

Esto, explica el experto, hace que cada tipo de inteligencia – la humana y la artificial -, tenga ventajas específicas: “Los humanos somos muy buenos aprendiendo simplemente con una percepción visual y relacionando las cosas. Sin embargo, no estamos acostumbrados a manejar muchísimos datos, infinitos datos. Sin embargo, las computadoras y las redes neuronales, sí”.
Pone como ejemplo: “Un oncólogo especialista en un tipo de cáncer no podría leerse todas las publicaciones científicas que hay sobre esa materia y que aparecen prácticamente mes a mes, todos los ensayos clínicos que hay sobre ese cáncer específico, todas las bases de datos que son relevantes, en las que se podían sacar conclusiones. La inteligencia artificial, sí puede. Coge todos esos datos, los sintetiza, los puede explotar y puede sacar conclusiones”.

Aplicaciones en salud de la inteligencia artificial

Estos sistemas que ya existen y ya se están utilizando, tienen grandes aplicaciones en los sistemas sanitarios. Andrés Pedreño pone como ejemplo su uso “en el análisis de imágenes médicas (resonancia magnética, radiografías, tomografías computarizadas), ya que permite con mucha más precisión que el ojo humano identificar enfermedades como el cáncer o incluso enfermedades cardiovasculares o a cualquier anomalía neurológica”.

Otro ejemplo que apunta el experto en inteligencia artificial es su uso para “la detección de patrones de datos genéticos. Lo que hace la inteligencia artificial es analizar secuencias genéticas y las asocia. Identifica variantes de esas secuencias genéticas con determinadas enfermedades, y esto significa que facilita el que se domina el diagnóstico genético, lo que es ya una medicina personalizada”.

En tercer lugar, “a través de la inteligencia artificial se puede hacer una cirugía robótica, de precisión. Esto, en procedimientos complejos, reduce el riesgo de complicaciones y muchas veces el tiempo de recuperación del paciente”, explica Andrés Pedreño.

Las leyes que la limitan

Andrés Pedreño.

Aunque ya existe y ya se usa, está claro que la inteligencia artificial son sistemas que tienen la vista puesta en el futuro, pero sus usos potenciales, explica Andrés Pedreño, no dependen tanto de la capacidad de los sistemas como de la legislación que los limita. “No es lo mismo un país que su sistema, público o privado, tenga una gran conciencia y apueste por acelerar y por incluso desarrollar de forma propia estas herramientas, que otros países que apuestan por una regulación como es el caso de Europa. Esto nos puede atar de manos. Yo siempre digo que el fuego quema, tiene ciertos riesgos, pero tenemos que quemarnos un poco, no mucho, pero sí un poco para aprender”.

Entre los puntos más críticos dentro de la legislación en torno a la inteligencia artificial está la cesión de datos. Esto, asegura Andrés Pedreño, puede ser un riesgo “en países en los que no hay un gobierno democrático o no exista un sistema público de salud como son China o Estados Unidos. En España, donde hay una sanidad pública garantizada y, además, hay un buen sector privado que cada vez más está también ayuda a complementar las prestaciones de la salud pública, no debería preocupar mucho que nuestros datos médicos pudieran ser utilizados para el bien, regulando e imponiendo que cualquier mal uso de los datos médicos estuviera castigado”.

Formación y trabajo

Habiendo quedado patente que la inteligencia artificial es un nuevo mundo de posibilidades, es evidente que su uso, entendimiento y control requieren formación adecuada.
“Nunca ha sido tan importante – asegura Andrés Pedreño – la educación y la formación en los profesionales de la medicina, pero también en los pacientes. Tendríamos que hacer mucha formación, tener una gran conciencia pública de las herramientas, de sus riesgos, pero también de su potencial”.

Por último, uno de los grandes miedos suscitados por la inteligencia artificial es la posibilidad de que destruya puestos de trabajo. Sobre esto, Andrés Pedreño es rotundo: “Sí, va a sustituir los trabajos repetitivos que los humanos no estamos haciendo bien y, además, no las disfrutamos. Tareas que hace que parezcamos máquinas haciéndolas o tareas en las que corremos riesgos. Todo eso lo puede hacer la inteligencia artificial. Pero hay ámbitos en los que jamás nos podrá sustituir al ser humano. Por ejemplo, la inteligencia artificial nunca puede ni debe decidir cuando hay en juego un derecho fundamental. El derecho a la vida, por ejemplo. En estos ámbitos necesitamos a las personas porque tenemos empatía”.

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