“La adicción es la punta del iceberg, hay que ver qué hay debajo”

El aumento en las adicciones, tanto con sustancia como sin ella, y especialmente entre los jóvenes es una realidad y un problema de salud pública.

El aumento en las adicciones, tanto con sustancia como sin ella, y especialmente entre los jóvenes es una realidad y un problema de salud pública. Virginia Roca Pérez, psicóloga sanitaria experta en adicciones en su consulta privada y en el Centro de Día Heliotropos de Fundación Diagrama, que cuenta con 30 plazas concertadas a través del Servicio Murciano de Salud, arroja luz a este respecto.

¿Qué es una adicción?

VIRGINIA ROCA: La adicción es una enfermedad según la Organización Mundial de la Salud en la cual la sustancia o comportamiento afecta a la parte psicológica, física y social, en la que la persona ha pasado del uso al abuso e irrumpe en su vida diaria esta sustancia o comportamiento, creando ansiedad, tristeza y angustia ante la ausencia de ella y teniendo repercusiones en su vida familiar, personal y social. Hay que mencionar el tema de la patología dual: sintomatología a nivel psicológico como la ansiedad, depresión que producen las sustancias o que estaban antes del consumo de sustancias.

¿Cómo se originan las adicciones?

VIRGINIA ROCA: Un factor contextual que puede afectar a la normalización del consumo y a abrir la puerta del viaje del uso al abuso, es el consumo normalizado en la familia (normalizar un abuso del alcohol por parte de los adultos en la familia y consumir otras sustancias como el cannabis). La familia, lejos de ser un ‘freno’ en las conductas de experimentación del menor, funcionaría como una puerta abierta al consumo a la normalización del abuso.

Virginia Roca Pérez, psicóloga sanitaria experta en adicciones.

Otro factor interesante a trabajar son los tipos de apego que hemos tenido en la familia. No hay un apego perfecto, pero se puede trabajar un apego más o menos sano, un apego seguro, no ansioso, presente y desde la comunicación emocional con respeto y siempre adaptada a la edad del menor con una comunicación clara y sencilla desde el amor. Así se puede construir una mejor autoestima y ser un factor de protección para no encontrar en las sustancias una huida y un refuerzo. Un apego ausente en el que el progenitor no está a nivel emocional y de apoyo es otro factor de riesgo. Un apego ansioso con una fuerte ansiedad por separación o un apego desorganizado en el que no sabes dónde está la figura paterna o materna está puede ser otro factor de riesgo, así como un apego ambivalente.

Fomentar la comunicación asertiva no quiere decir que no nos enfademos y lo expresemos. Aquí sería interesante el trabajo de los límites. Un sistema de límites sanos actúa como factor de protección ya que, en la experimentación del adolescente en su vida, va a interiorizar que en casa hay límites y ellos mismos los buscan mediante desafíos a los adultos.

Como padres es interesante trabajar la comunicación respetuosa, los vínculos y la gestión de conflictos, así como una mirada interior en lo que refiere a la gestión de las emociones y los conflictos. Se aprende siempre en la vida y podemos aprender desde nuestros hijos, pacientes, alumnos…

Otro factor de riesgo es el abuso. El abuso físico, psicológico y, sobre todo, sexual, aumenta el índice de riesgo de consumo y adicción.

La adicción sería la punta del iceberg y debajo, estaría la historia personal, la gestión de los afectos, la gestión de los momentos del ciclo vital y la gestión de conflictos, así como qué grupos de referencia tengo a parte de la familia sobre todo en la adolescencia.

¿Hay diferencias entre chicos y chicas en el inicio del consumo?

V.R.: Sí, hay diferencias de género en los factores de inicio y de mantenimiento del consumo. Ellas suelen empezar a consumir más en el contexto de la pareja, del amor romántico, mientras que ellos lo hacen más con los amigos y en un contexto de mayor permisividad. Ambos consumen como sustancia de inicio el alcohol y el cannabis. Las benzodiacepinas o ansiolíticos no medicados es la adicción más predominante en la mujer, desde un consumo sin receta médica más escondido, en la intimidad de casa.

También es importante conocer el efecto que tiene la sustancia: el alcohol, a corto plazo es estimulante y desinhibe de las conductas sociales, para pasar a tener un efecto depresor en el sistema nervioso central, pero luego deprime y por eso está dentro de las drogas depresoras. La cocaína es un excitante. La persona va a buscar lo que sienta que necesite. Si es un menor que le cuesta relacionarse, no va a usar el cannabis porque lo relaja, va a buscar el alcohol o la cocaína creyendo que le va a ayudar a establecer las relaciones sociales.

¿Está comprobado que el consumo de cannabis aumenta el riesgo de brotes psicóticos?

V.R.: Sí, y cada vez hay más. También se producen cuando el consumo es a través de la comida con cannabis en bizcochos. A este consumo se le resta importancia porque no es ‘fumar’ pero es importante decir que, consumiendo de este modo, la sustancia va directamente a la sangre, y ahí permanece 45 días. El consumo prolongado de esta sustancia crea el ‘síndrome amotivacional’ con síntomas tales como anhedonia, desgana, tristeza, alteración del estado de ánimo y ansiedad ante la privación del consumo. El llamado ‘cigarro de la risa’, a corto plazo puede crear sensación de bienestar y conexión social, pero, a largo plazo, crea aislamiento, exclusivas relaciones sociales en torno al consumo, no realización de actividades de ocio ajenas al consumo y picos de ansiedad, así como alteraciones de memoria.

¿Cómo podemos diferenciar consumo y adicción?

V.R.: La adicción es cuando el consumo tiene un componente compulsivo. Se trata de un consumo compulsivo cuando la conducta no puede parar, afectando a ámbitos como el social en el que solo te relacionas con gente que te permite el consumo y el día a día de la persona gira alrededor de este consumo: solo piensas en que llegue el día en el que puedes consumir.

También es un consumo compulsivo cuando afecta a la persona económicamente y necesita tener dinero para el consumo, por lo que es capaz de vender cosas que jamás habría vendido para conseguir dinero. Otro síntoma sería el pensamiento obsesivo en torno a la sustancia y el cómo conseguirla. A parte, está la minimización del problema de las consecuencias de tal consumo.

¿Hay algún tipo de adicción que se vea en consulta que está aumentando?

V.R.: Una adicción que ahora mismo está muy en auge son las benzodiazepinas. Es una adicción presente sobre todo en mujeres como comentaba con anterioridad: sin seguir la receta médica y como considere la persona, desarrollando una dependencia a nivel psicofísico.

En este caso, está el riesgo añadido de que como es algo que te han medicado, puede haber un autoengaño en cuanto a creer que no es una adicción y es algo normalizado ante un dolor o una dificultad para dormir, por ejemplo. Pero imagínate que tomas la pastilla de benzodiazepina con alcohol, por ejemplo. El efecto es peligroso, ya que son dos sustancias depresoras juntas y afecta de forma directa al Sistema Nervioso Central. En este caso, el adulto ante esta sociedad de la inmediatez, sin receta médica atajaría su dolencia con esa pastilla y lo más importante es que estas conductas las transmitimos en mayor o menor medida a nuestros hijas e hijos. Es importante trabajar la gestión de la frustración y más en la adolescencencia; la aceptación de la emoción, ponerle nombre y gestionarla. Las emociones no son ni buenas ni malas, son reales y tenemos que aprender a parar, aceptar, respirar y trabajar alternativas al consumo o conductas agresivas tanto verbales como comportamentales o huidas continuadas no solo en sustancias si no en las pantallas.

¿Y qué hay de las adicciones sin sustancia?

V.R.: También está muy en auge, como los juegos de azar o los videojuegos donde, incluso tienen una red social de interacción incluida en estos juegos. Esto afecta no solo los jóvenes y puede ser silenciosa , como el bingo online, apuestas deportivas, etc.

Es importante recalcar en este sentido que estas adicciones funcionan a nivel cerebral igual que la adicción a una sustancia química. El sistema de recompensa (sistema límbico cerebral) se ve afectado de la misma manera.

¿Qué falsos mitos hay alrededor de las adicciones?

V.R.: Existen muchos mitos alrededor de las adicciones, pero hay algunos en concreto que quiero resaltar. El primero es que las personas que tienen problemas de alcohol son los que están tirados en la calle. Eso no es un adicto, es una persona que no ha desarrollado tolerancia al alcohol y está borracha. En el caso de las personas con adicción, precisamente, tienen mucha tolerancia al alcohol y este es el primer síntoma de la adicción: una persona que bebe mucho y no se nota, aunque sus comportamientos sean más desinhibidos a nivel social.

Otro mito es que la persona cree que, en el momento en el que deja la sustancia, deja la adicción. Aunque pase el tiempo y tú seas capaz de autorregularte y suprimir la sustancia, tienes que trabajarte a nivel emocional. La adicción es solo la punta del iceberg como decía con anterioridad y, una vez que la eliminamos a nivel físico, tenemos que hacer un trabajo emocional sobre el trasfondo personal, trabajar las habilidades sociales, la expresión de emociones teniendo en cuenta los rasgos de personalidad, etc.

Otro mito es que es necesario que el consumo sea a diario. Esto no es así: puedes tener un problema con el alcohol, aunque bebas una vez al mes si cuando bebes, te afecta a nivel psicológico (sentimientos depresivos y ansiedad), social (conductas que no harás sin consumir) y físico.

¿Qué podemos hacer si sospechamos que nuestro hijo o hija tiene una adicción?

V.R.: En el caso de que un padre o una madre haya detectado que su hijo o hija pueda estar teniendo un consumo o problema de adicción, esto ya supone un avance porque se producen muchos casos de menores que han empezado a consumir a los 14 y sus padres se han enterado a los 19 años.

En el caso de que ya te hayas dado cuenta, hay que evitar la reactividad emocional y no comenzar ‘echando la bronca’, ya que esto hará que te pongas al adolescente en contra. Debemos y hablar con él/ella para saber qué ha pasado, para qué ha consumido tanto alcohol y que sepa que estás ahí si se encuentra mal. Puede ser una alerta, eso sí, o incluso una llamada de atención por parte del menor. Hay que preguntarle, que sepa que entendemos que quiera pasarlo bien, hacerle entender que no hay que esconder nada de lo que haga porque confiamos en él. Como decíamos, si tiene buenas compañías, puede haber sido una cosa puntual y no hay que dramatizar, ni culpabilizar. Si se repitiera de forma continuada es importante pedir ayuda profesional.

También es importante saber que, si tu hija/hijo llega una vez bebido a casa, no quiere decir que sea alcohólico, si es algo puntual. En el otro lado de la historia, también los padres deben quitarse a veces la venda de los ojos. Aunque tu hijo sea una persona responsable y sea ‘buena persona’ puede tener un problema de consumo puntual, precisamente por la presión de la exigencia de ser perfecto, o por los estudios, o por lo que sea.

No podemos dejar estas situaciones solo en manos de los padres. En mi práctica clínica he visto mucha carga de culpa, la cual es una emoción aprendida que solo nos para y nos hace querer ser perfectos. Si fuera necesario, pedir ayuda profesional es importante ◙












Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados