José Ballesta: el imparable recuerdo del alcalde que transformó Murcia

Médico de formación, su trayectoria política estuvo guiada por la salud, el deporte y la tradición de la ciudad que tanto cuidó

Don José Ballesta Germán (1958-2026) fue, es y será una de las figuras más destacadas y queridas del día a día de los vecinos de la ciudad de Murcia. Quien fuera su alcalde entre 2015 y 2021, y desde 2023 hasta su fallecimiento en mayo de este año, se formó en Medicina y Cirugía, fue catedrático en Biología Celular y rector de la Universidad de Murcia. A continuación, pasó al ámbito de la política como diputado en la Asamblea Regional primero y como consejero del Gobierno regional después, donde estuvo a cargo de carteras como Obras Públicas, Vivienda, Transportes, Universidades y Empresa.

Durante su mandato como alcalde de la ciudad de Murcia se impulsaron algunas de las grandes obras y mejoras más destacadas de la ciudad de Murcia, convirtiéndola en el espacio que vemos hoy, más amable y saludable para sus vecinos. Destacan actuaciones como la revalorización de la ribera del río Segura o la peatonalización de la avenida Alfonso X.

Murciano de nacimiento y de corazón, siempre se mantuvo cerca de las tradiciones de la ciudad, legado que transmitió a hijos y nietos hasta su último día, demostrando que la familia y Murcia fueron siempre sus grandes pilares vitales.

Para conmemorar y honrar su memoria, hablamos con sus hijos sobre la figura y la trayectoria de la ya histórica figura de José Ballesta Germán.

Su padre fue primero catedrático y después rector de la Universidad de Murcia ¿Cómo se pasa del ámbito académico, primero como investigador y luego como rector, a la política? ¿Le costó dejar atrás la medicina?
En realidad, fue una evolución bastante natural. Nuestro padre siempre entendió el conocimiento como una forma de servir a los demás. Esa convicción también le acompañó cuando dio el paso a la política. Cuando surgió la oportunidad, encontró una nueva manera de poner su experiencia y su vocación al servicio de Murcia.

Por supuesto que le costó alejarse de la Universidad. Siempre añoró el contacto con sus alumnos, las clases, el ambiente universitario y esa satisfacción tan particular que proporciona descubrir algo nuevo y compartirlo con los demás. La enseñanza era una de sus grandes pasiones y nunca dejó de sentirse profesor.

Y realmente nunca abandonó del todo la Medicina. Conservó siempre la curiosidad del investigador, su pasión por la ciencia y una profunda preocupación por la salud y el bienestar de las personas.

Aunque no ejerza, un médico es un médico. ¿Esta formación académica y esta experiencia investigadora influyó en su manera de hacer política?
Sin duda, y de una manera muy profunda. Su formación científica marcó su forma de pensar y de afrontar los problemas. Estaba acostumbrado a observar, a hacerse preguntas y a buscar las causas antes de llegar a una conclusión. En política mantuvo siempre ese mismo rigor, esa necesidad de conocer bien las cosas antes de tomar una decisión.

A ese criterio se sumaba su capacidad para escuchar y aprender de los demás. Siempre tuvo un profundo respeto por el conocimiento, por la experiencia y por el trabajo en equipo. Y conservó también esa sensibilidad del médico hacia las personas, consciente de que detrás de cada problema hay unas circunstancias y unas necesidades que merecen ser atendidas. Al final, esa fue una constante en su manera de entender la política, conocer de cerca los problemas de los ciudadanos y trabajar para encontrar soluciones que mejorasen sus vidas.

La salud, el deporte y la Semana Santa eran imprescindibles para él y también lo son ahora para la ciudad de Murcia. ¿Creéis que este es el legado que ha dejado en la ciudad?
Los tres ocuparon un lugar muy especial en su vida y que reflejan buena parte de su manera de entender Murcia. La salud fue siempre una preocupación que nacía de su vocación médica y de su interés por el bienestar de las personas. El deporte, especialmente el baloncesto, fue una de sus grandes pasiones desde la juventud. Creía profundamente en los valores del esfuerzo, la superación y el compañerismo. Y la Semana Santa era una parte inseparable de su vida, de su fe y de sus recuerdos de infancia.

Pero seguramente su mayor legado sea el cariño que supo despertar por nuestra tierra y sus tradiciones. Quería una Murcia orgullosa de su historia, que cuidara de sus vecinos y que mirase al futuro sin olvidar sus raíces. Disfrutaba de las pequeñas cosas que hacen especial esta ciudad, de sus calles, de sus fiestas y, sobre todo, de sus gentes. Y quizás esa sea su huella más profunda en la ciudad, haber contagiado a tantos murcianos el orgullo de sentirse parte de ella.

A su cargo se hicieron algunas de las obras públicas y proyectos más importantes de la ciudad de Murcia, como Murcia Río o la rehabilitación de la Cárcel Vieja. ¿Hay alguno que tuviera un lugar especial en el corazón del alcalde?
A nuestro padre le habría resultado muy difícil quedarse con uno solo, porque en cada proyecto depositaba una enorme ilusión. Sentía un cariño especial por Murcia Río, por la oportunidad de devolver a los murcianos el río que vio nacer nuestra ciudad, por la recuperación de la Cárcel Vieja o por las Fortalezas del Rey Lobo, que le permitían poner en valor la extraordinaria riqueza de nuestro patrimonio.

Pero creemos que lo que verdaderamente le ilusionaba era imaginar cómo sería Murcia dentro de unos años, cuando todos aquellos proyectos fueran una realidad. Le gustaba pensar en una ciudad transformada, con sus calles, plazas y jardines llenos de vida y, sobre todo, con familias y niños disfrutando de esos espacios. Seguramente, si tuviera que elegir, se quedaría con esa Murcia que estaba construyendo y que soñaba dejar a las siguientes generaciones.

Aunque la salud siempre fue un pilar en su carrera, también lo fue el transporte para bien y para mal. ¿Dudó en aquellos dos duros momentos de que quizá debería haberse quedado en la Universidad?
Fueron dos momentos especialmente difíciles, que vivió con una enorme preocupación y con plena conciencia de que la vida pública exigía asumir responsabilidades también en las circunstancias más adversas.

No creemos que en aquellas circunstancias pensara que había sido un error dejar la Universidad. Nuestro padre era un hombre de profundas convicciones y, cuando asumía un compromiso, lo hacía con todas sus consecuencias. Ante las dificultades procuraba mantener la serenidad, escuchar, buscar soluciones y seguir adelante.

A pesar del convulso momento de la moción de censura, nunca perdió el cariño de los murcianos y las murcianas. Esto le hizo lograr la mayoría absoluta, envuelto en un incontestable apoyo por parte de la población. ¿Esto fue lo que le llevó a decidir no abandonar la política a pesar de su enfermedad?
El cariño de los murcianos fue siempre una de las mayores satisfacciones de nuestro padre. Recuperar la Alcaldía con una mayoría absoluta después de todo lo vivido supuso una alegría inmensa y una renovada ilusión por seguir trabajando por Murcia. Recibió aquel respaldo con una enorme gratitud y con el profundo sentido de la responsabilidad que siempre le caracterizó. Sabía que la confianza de los murcianos era algo que debía corresponder con trabajo y dedicación.

Cuando llegó la enfermedad, aquella ilusión permaneció intacta. No creemos que hubiese una única razón para continuar. Afrontó los momentos más difíciles con una entereza admirable y una enorme discreción, procurando seguir con sus responsabilidades mientras sus fuerzas se lo permitieron. El afecto de los murcianos, su sentido del deber y las ganas de ver hechos realidad los proyectos en los que creía lo ayudaron a seguir adelante.

José Ballesta dejó un legado firme en la ciudad, pero ¿también en vosotros? Lucía decía en su discurso durante el funeral que le había enseñado a amar “tu tierra bonica, tu Murcia”. ¿Era la ciudad una más de la familia?
De alguna manera, sí. Murcia siempre estuvo muy presente en nuestra familia, porque nuestro padre sentía por esta tierra un cariño verdaderamente especial. Nos enseñó a conocer su historia, a apreciar sus tradiciones, a disfrutar de sus calles y sus rincones y, sobre todo, a querer a sus gentes. Para él, ser murciano era un motivo de profundo orgullo, un sentimiento que vivía con naturalidad y que supo transmitirnos desde pequeños.

Y junto a ese amor por nuestra ciudad nos dejó enseñanzas que van mucho más allá de Murcia. Nos transmitió, sobre todo con su ejemplo, la importancia del esfuerzo, la generosidad, el respeto a los demás y la responsabilidad de contribuir, cada uno desde donde pueda, a mejorar la sociedad en la que vivimos. Son valores que nos acompañarán siempre.

Se le recuerda como uno de los alcaldes más cercanos a la gente, nunca se alejó de sus calles, de sus habitantes. Aun así, siempre tuvo un enorme respeto por la intimidad de su familia. ¿Cómo habéis vivido vosotros ser hijos de uno de los personajes más ilustres que tiene la ciudad?
Lo hemos vivido siempre con mucha naturalidad, porque para nosotros era, ante todo, nuestro padre. Éramos conscientes del cariño que le tenían los murcianos y de la enorme dedicación que exigían sus responsabilidades, pero él procuró siempre mantener nuestra vida familiar alejada de la exposición pública. Era muy respetuoso con nuestra intimidad y quería que cada uno de nosotros pudiera recorrer su propio camino con libertad.

Con el paso de los años hemos ido comprendiendo mejor lo que significaba para tantas personas. Y en estos últimos meses hemos recibido innumerables muestras de cariño que nos han emocionado profundamente. Es muy bonito descubrir que tantas personas guardan un recuerdo de él, de una conversación, de una palabra amable o de un pequeño gesto.

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