
El Día Mundial para la Prevención del Suicidio es organizado cada 10 de septiembre por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio. El propósito de este día es concienciar a todo el mundo de que el suicidio puede prevenirse.
Según el Plan de Acción de Salud Mental 2013-2030 de la Organización Mundial de la Salud, la prevención del suicidio es una prioridad a nivel internacional. En España, a pesar de no estar entre los países con las tasas más altas de suicidio, las cifras son alarmantes y exigen una respuesta contundente. En 2024, según datos provisionales del INE, se registraron 3.846 suicidios, siendo la segunda causa de muerte externa en mujeres y la primera en hombres. Es necesario destacar que el suicidio es la primera causa de muerte en jóvenes de entre 12 y 29 años.
En nuestro país, desde que se impulsó la Estrategia de Salud Mental 2022-2026, se han ido realizando distintas acciones que han conducido al primer Plan de Acción para la Prevención del Suicidio, cuyo objetivo es abordarlo de manera integral, brindando una red de apoyo sólida y multidisciplinar a las personas supervivientes y sobrevivientes, aportando estrategias para afrontar los desafíos existentes en torno a su prevención como son la falta de continuidad asistencial de las personas que presentan conducta suicida, la falta de un enfoque multisectorial o el estigma sobre el suicidio, entre otros.

ESTIGMA SOCIAL
Uno de los obstáculos que nos encontramos al tratar de prevenir el suicidio es el estigma social existente, el tabú que genera una serie de mitos y creencias erróneas que limitan y dificultan a la persona con ideación suicida el hecho de poder pedir ayuda. El estigma asociado al suicidio está conformado por dos componentes. La idea de la muerte es uno de ellos. Vivimos en una sociedad tanatofóbica en la que se evita hablar sobre la muerte y sobre el sufrimiento psíquico, prevaleciendo la comunicación de situaciones de bienestar emocional y felicidad. Ni en las familias, ni en los centros educativos se educa para afrontar el dolor de una pérdida o facilitar a los menores el acceso a esos espacios de despedida del ser querido.
Existe un gran rechazo a la muerte como condición humana y más si esa muerte es autoinfligida, algo ‘incomprensible’ en nuestra cultura y que se atribuye a la lo cura o a la enfermedad mental. Este es el segundo de los componentes del estigma asociado a la conducta suicida, el propio estigma existente hacia las personas con problemas de salud mental, que tiene como consecuencia distintos factores de riesgo, como la ausencia de conciencia sobre la importancia del cuidado de la salud mental o el miedo a ser etiquetado como débil, inmaduro o loco, lo que dificulta la petición de ayuda profesional, agravándose la sintomatología al no acceder a un diagnóstico y tratamiento temprano.
IMPACTO DEL ESTIGMA
El impacto del estigma en la prevención del suicidio es muy perjudicial ya que obstaculiza la petición de ayuda a familiares, amigos y/o profesionales de la salud. Las personas con ideación suicida sufren una lucha interna que se agudiza por la presión social y el miedo a ser juzgadas y rechazadas, motivo por el que no comparten sus sentimientos. La culpabilidad, la vergüenza, la desesperanza, la intensidad del dolor, la falta de apoyo y el silencio conducen a un aumento de las tasas de suicidio. Pero el suicidio se puede prevenir. Hablar es el primer paso. La investigación ha demostrado que, cuando las personas se sienten aceptadas y comprendidas, tienen más probabilidades de buscar ayuda y mantenerse a salvo, hecho que subraya la necesidad de erradicar el estigma. Luchemos por ello. Es responsabilidad de todos◙
*Si necesitas apoyo tú mismo/a o alguien de tu entorno la necesita porque está pensando en suicidarse llama al 024 o al 112

