Crecer, sobre todo en el caso de las niñas, supone asumir un riesgo silencioso para la columna vertebral. El Mapa de Salud con Perspectiva, la plataforma de acceso libre desarrollada por la Fundación Gaspar Casal y Organon para analizar las diferencias de salud entre mujeres y hombres revela que entre los 5 y los 14 años, la tasa de ingresos hospitalarios por deformidades de la columna es 2,6 veces mayor en las niñas que en los niños en nuestro país.
Una diferencia que se mantiene constante en los últimos años y que coincide con una realidad ampliamente documentada: la escoliosis idiopática del adolescente, la causa más frecuente de deformidad de columna en esta franja de edad, afecta de forma desproporcionada a las niñas.
Se trata de la deformidad de la columna más frecuente en la infancia y suele aparecer a partir de los 10 años, coincidiendo con el crecimiento puberal. Aunque los casos leves afectan de forma similar a niños y niñas, las formas más graves son mucho más frecuentes en ellas: entre el 80% y el 90% de los casos que requieren atención médica corresponden a niñas.
Su causa todavía se desconoce y, además, suele avanzar de forma silenciosa, sin dolor ni señales claras, por lo que a menudo se detecta cuando la curvatura ya es importante.
La detección temprana resulta clave para frenar la progresión de la escoliosis y reducir la necesidad de tratamientos más invasivos. El uso de corsé permite evitar la cirugía en el 72% de los pacientes, frente al 48% de quienes no lo utilizan. Sin embargo, al no provocar dolor ni síntomas claros en sus primeras fases, la curvatura puede pasar desapercibida hasta que ya ha avanzado. Por ello, las revisiones periódicas durante los años de crecimiento son fundamentales.
Precisamente la vuelta al colegio puede ser una buena ocasión para observar algunos signos clave de la escoliosis, como una diferencia en la altura de los hombros, una cadera más elevada que la otra o una asimetría en la espalda. Ante estos cambios, es conveniente consultar con el pediatra, especialmente durante la etapa de mayor crecimiento, cuando la curvatura puede progresar con mayor rapidez.
Atención a la mochila
Más allá de la escoliosis, algunos hábitos del entorno escolar pueden afectar a la salud de la espalda durante la infancia y la adolescencia. En cuanto a las mochilas, se ha estimado un peso medio de 6,3 kilos, equivalente al 13,4% del peso corporal del alumno, una cifra superior al límite recomendado en muchos casos. Aunque su relación directa con el dolor de espalda no está completamente establecida, una carga excesiva puede generar incomodidad, fatiga muscular y sobrecarga.
FUENTE: ORGANON
