«Cuando mi marido bebía se convertía en otra persona, y llegué a creer que me había vuelto loca»

Al-Anon es una asociación compuesta por familiares y amigos de personas con alcoholismo. Una de esas personas es María, cuyo marido tenía problemas de alcoholismo. “Al principio – cuenta María -, pensaba que era un bebedor social, pero cuando bebía se convertía en otra persona y siempre discutía”.

Un problema familiar hizo que su marido, “se escondiera detrás de una botella”, y María se dio cuenta de que podía haber un problema con el alcohol. Abordaron el problema y a su marido le recetaron unas gotas incompatibles con la bebida. “Podía llegar incluso a sufrir un paro cardíaco si bebía mientras las tomaba”, recuerda María, “así que empezó a tomarlas y nos fuimos a vivir al campo, donde no había alcohol”.

Si su marido no bebía, ¿sería ella que había enloquecido?

Aunque ella misma era la encargada de administrarle la medicación a su marido que, en teoría, no le permitía beber bajo ningún concepto, María no tardó en comenzar a ver signos de que el alcohol había reaparecido. “Pero me decía que estaba loca. Veía botellas por el campo y me decía que sería de los labradores. Le olía el alcohol en el aliento, pero me decía que era imposible, ya que tomaba las gotas. Creía que me había vuelto loca. Lo que no sabía entonces era que las había cambiado por agua”.

Tanta era la fe de que su marido no había vuelto a beber que María comenzó a ir a una psicóloga. Al principio intentó no invocar el alcohol, pero finalmente, tras una discusión con su marido, el problema salió a la luz en la consulta de la psicóloga y esta le recomendó asistir a los grupos de familiares.

El milagro de Al-Anon

“Fue el milagro más grande que he vivido porque me permitió recuperar mi vida”, asegura María con contundencia. “Los familiares a menudo dejamos de vivir nuestra vida por la adicción de nuestro familiar. Evitamos situaciones, mentimos, ocultamos, todo por satisfacer las necesidades del alcohólico. En Al-Anon comencé a hacer pequeños cambios, a no sentirme sola, a saber reaccionar ante las situaciones”, explica María.

Después de que ella comenzase a ir a los grupos de familiares, su marido también comenzó a asistir a las reuniones de Alcohólicos Anónimos y, durante unos años, mantuvieron el alcohol lejos. Tras superar recaídas, la adicción provocó trastornos en la personalidad del varón y María se separó.

Tiempo después, su marido falleció, pero María no ha dejado los grupos. “No es necesario que el
contacto sea actual, o que la persona esté bebiendo en ese momento, el contagio de la enfermedad del alcoholismo perdura en el tiempo y se puede detener, pero no curar”, asegura María.

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