Hace un año los conocíamos como Mercedes, Lola, Roberto, Ioan, Jaime y Mario. Acababan de hacer su examen MIR y sus caras reflejaban un sinfín de emociones: cansancio, nervios, pero también ilusión, alivio y ganas. Hoy son las doctoras Castellanos Gómez y Peñalver Gracia, y los doctores Oliver García, Haiduc, Dávalos Pascual y Tevar Flores. Cinco de ellos han completado el primer año de su formación como médico interno residente, mientras que Roberto decidió repetir el examen MIR con el fin de mejorar su nota y conseguir poder elegir la especialidad que quería.

En su caso, Roberto comenta que salió mucho más contento del segundo examen MIR, que tuvo lugar el pasado mes de enero. “Al repetir el MIR, se parte de una base muy importante, ya no solo académica, sino también de enfrentamiento hacia las preguntas, las horas de estudio, etc. Aproveché esta ventaja para enfocarme en afianzar conceptos y a aprender técnica de examen”.
El primer examen que realizó se consideró uno de los más difíciles de la historia de esta prueba académica. Ahora, habiendo comparado el penúltimo con el último, Roberto nos ofrece una comparación y una opinión aún más valorable: “Este no fue más difícil, pero el Ministerio sigue haciendo exámenes muy difíciles y con poca capacidad discriminativa. Es sabido que el examen MIR no es una prueba justa, pero tampoco se intenta cambiar. De hecho, se ha intensificado con el novedoso proceso de ‘repesca’ que ha incluido el Ministerio este año; en el que los aspirantes que no habían escogido plaza al final de la fase ordinaria, independientemente del número de orden, podían optar a aquellas plazas que se habían quedado vacantes por renuncia”.
Tras el examen, Roberto pudo elegir especialidad y continuó su formación en el Hospital General de Alicante Dr. Balmis, en Cirugía General. Sus amigos y compañeros, por su parte, cumplen un año en las especialidades que escogieron en su momento: Mercedes se incorporó al Hospital Doctor Peset de Valencia, como residente de primer año de Cirugía General; Mario escogió Radiodiagnóstico en el Hospital Regional Universitario de Málaga; también a Málaga se fue Lola, quien escogió la especialidad de Digestivo dentro del Hospital Virgen de la Victoria; Jaime, por su parte, se decantó por formarse en Neurología dentro del equipo del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid; mientras que Ioan se decantó por Cirugía Pediátrica en el Hospital Parc Taulí de Sabadell.

Quienes escogieron plaza el año pasado, vivieron uno de los momentos más importantes de su carrera el día que fueron a Madrid, al Ministerio de Sanidad, y delante de sus iguales alzaron la voz para escoger hospital y especialidad. La doctora Mercedes Castellanos recuerda con cariño el momento: “Era mi primera opción tanto de especialidad como el hospital. El momento (de elegir) fue increíble. Lo viví con Magdalena y Lola porque escogimos el mismo día y pudimos estar presentes. Al salir estaba mi familia y simplemente pude abrazarme a ellos y llorar abundantemente sin creérmelo”.
Como la otra cara de la moneda tenemos al doctor Mario Tevar, quien cambió de elección en el último momento: “La noche de antes cambié mi decisión y cambié de destino. Cambié Valencia por Málaga (donde estoy ahora) y en ese momento tenía muchas dudas. Lo pasé mal el propio día de la elección porque no tenía claro que fuese la decisión correcta, así que que el recuerdo que tengo de ese día no diría que fue malo, pero sí con muchos nervios y presión. Ahora, viéndolo en perspectiva, me hubiera gustado disfrutarlo más”.
Quién tampoco lo tenía claro era la doctora Lola Peñalver que comenta que “durante el postMIR me planteé muchas cosas, porque a mí siempre me han gustado muchas especialidades médicas. Fui a las jornadas postMIR de CTO y eso fue lo que me ayudó a acotar más las especialidades. Prácticamente me decanté por Digestivo, aunque me llamó la atención también Endocrino. Luego empecé a preguntar por las dos y ya sin duda supe que digestivo era la mía y no puedo estar mas feliz con mi elección”.
Lo que sí comparten todos los que fueron ese día a elegir plaza es que los nervios eran la emoción predominante. El doctor Ioan Haiduc lo vivió como una montaña rusa de emociones: “Muchos nervios e incertidumbre, luego alegría y luego nervios otra vez por no saber cómo iba a ser todo”.

Uno de los motivos por los que esta decisión es tan trascendental es porque, además de elegir especialidad, escogen el lugar donde se seguirán formando. Escoger un buen centro hospitalario también marca una gran diferencia en el tipo de profesional sanitario que serán en el futuro. El doctor Jaime Dávalos escogió “el Hospital Universitario 12 de Octubre porque buscaba una formación muy sólida como neurólogo general. Me atrajo especialmente su tradición en semiología neurológica y el nivel de algunas áreas como neuromuscular, epilepsia o neuropediatría. Un año después puedo decir que acerté plenamente y volvería a tomar la misma decisión”.
De estudiantes en prácticas a residentes
Durante su etapa universitaria, los jóvenes pasaron muchas semanas recorriendo pasillos de hospital y aprendiendo sobre el terreno como parte de su rotatorio de prácticas. Al preguntarles por su valoración sobre esta experiencia, todos concluyeron en una petición: que los médicos tutores no olvidasen que un día fueron estudiantes. Los jóvenes solicitaban con esto tras vivir experiencias en las que en ciertos servicios no les prestaban ninguna atención, no les dejaban participar o no les ofrecían esa parte de enseñanza que debían conseguir. Ahora, aunque ya han aprobado el MIR y se han incorporado como trabajadores del hospital, siguen en etapa de formación durante los cuatro próximos años, hasta acabar su residencia médica.
Pero la situación, según cuentan los jóvenes médicos, es distinta ahora: “Como residente, la situación cambia muchísimo, ya no somos ‘ficus’; ahora somos trabajadores, estamos integrados dentro de un servicio, y se nos exigen responsabilidades y competencias”, explica el doctor Roberto Oliver. La doctora Lola Peñalver comparte sensaciones con su colega y asegura con ilusión que “ha cambiado totalmente, ahora soy una más. Ellos son súper docentes, nos dan responsabilidades… estamos siendo médicos de verdad”. Una experiencia similar ha tenido durante este año la doctora Mercedes Castellanos, que explica que “seguimos siendo estudiantes porque al final no tienes ni idea de la especialidad y tienes que estar estudiando continuamente y actualizándote, pero el trato es muy diferente, al menos en mi hospital te enseñan mucho, pero te tratan como un igual y te explican de cara a poder dejarte responsabilidad”.

El doctor Jaime Dávalos también comparte sus impresiones tras el primer año como médico interno residente de Neurología y asegura que “en mi servicio el residente está muy cuidado y siempre he sentido que podía preguntar y aprender. Quizá lo que más me ha sorprendido es que el tiempo dedicado exclusivamente a la docencia es menor del que imaginaba. Sin embargo, también he descubierto que gran parte del aprendizaje ocurre de manera casi automática, viendo pacientes, comentando casos, escuchando a los adjuntos y enfrentándote cada día a situaciones nuevas. Al final, las personas que más recuerdas son aquellas que te enseñan a explorar bien a un paciente y a estructurar el razonamiento clínico. Es un aprendizaje que probablemente conservarás durante toda la carrera”.
Sobre el peso de esta docencia también comenta el doctor Mario Tevar, que explica que “quizás esperaba algo más de tutorización en algunos momentos, pero si tenemos dudas siempre podemos acudir a un adjunto, así se va aprendiendo aunque a veces sea más autosuficiencia que otra cosa”.
Las guardias y los derechos laborales
Ya como profesionales del Sistema Nacional de Salud, los jóvenes médicos no están al margen de las polémicas y demandas que el conjunto de sanitarios está trasladando a las Administraciones.
Una de estas peticiones es la de eliminar las guardias 24 horas. A este respecto, el doctor Jaime Dávalos apunta que “no creo que exista una solución única para todas las especialidades. Hay servicios, como Urgencias, donde la asistencia continuada probablemente encaja mejor con un sistema de turnos. En cambio, otras especialidades tienen una actividad distinta durante la guardia, muchas veces centrada en interconsultas o en dar soporte a otros servicios, quizá permitan modelos diferentes. Las guardias siguen siendo una parte muy importante de la formación, porque es donde el residente gana autonomía y aprende a tomar decisiones con responsabilidad. El reto, en mi opinión, es encontrar un equilibrio que preserve ese valor docente y, al mismo tiempo, favorezca la seguridad del paciente, el bienestar de los profesionales y una asistencia de la mayor calidad posible”.

Sobre el bienestar de los profesionales durante estas largas jornadas de trabajo, la doctora Lola Peñalver comenta que “son agotadoras. Las guardias de 24 destruyen física y mentalmente a cualquiera, y sobre todo si son de puerta urgencias (no todas las especialidades las hacen). Un día de descanso después es demasiado poco, no terminas de recuperarte para nada y, por si fuera poco, las horas a parte de no estar bien remuneradas ni cotizan, es todo un despropósito”.
El doctor Mario Tevar concuerda con su colega y reconoce que “antes de entrar a trabajar no era consciente de lo que supone hacer tantas guardias al mes y, sobre todo, que al final al día siguiente tienes que volver a trabajar también, lo que me parece muy injusto. Tantas guardias al mes repercuten en el diagnóstico y en el tratamiento de los pacientes”.
Los doctores Ioan Haiduc y Roberto Oliver añaden a la opinión de sus compañeros la suya propia sobre las condiciones laborales de los sanitarios. El primero denuncia que “después de tantos años de estudio cobremos lo mismo que el personal mínimamente cualificado, que otras carreras como Enfermería tengan el triple de derechos laborales que nosotros y mucha más libertad y sean/quieran ser de la misma categoría profesional, que se nos exijan turnos de 24 horas a costa de nuestra salud para cuidar la de los demás y no sean nos considere profesión de riesgo”. A esto, su colega asegura que “las condiciones laborales de un médico infartarían a cualquier defensor de los derechos laborales, pero no se hace nada; cuando he tratado el tema con amigos o familiares no sanitarios, evitan el debate argumentando que ‘ganamos mucho’, cuando mi sueldo base es de mileurista. Creo que no soy el único de mis colegas que valora migrar a otros países para prosperar profesionalmente”.

Por último, la doctora Mercedes Castellanos lanza una petición directa: “pedimos dignidad y poder descansar, sobre todo para poder cuidar a los pacientes. Al final si estás cansado puedes tener fallos y no es un fallo que puedas remediar, es la vida de una persona. Queremos descanso, no somos máquinas, somos humanos y tenemos errores. En algunas profesiones es ilegal nuestro horario y a nosotros nos tienen esclavizados, los pacientes consideran que es su derecho que estemos a pie de cañón, siempre dispuestos a ayudar con una sonrisa y luego no nos cuidan a nosotros. Repito: no somos máquinas”.
| CANDELA ALTABLE TORRES
