
El paso del tiempo es responsable de diversos y no pocos cambios en el organismo que, de una manera u otra, alteran nuestra salud dando lugar incluso a enfermedades. Pero hay algunos procesos que, si bien los achacamos al envejecimiento, son el resultado de la combinación de otros factores. Uno de estos procesos es el mal estado bucal de los mayores. La boca, junto con los pies, son dos partes del organismo que suelen estar alejadas de la exploración y reconocimiento cuando pretendemos llegar a algún diagnóstico. Preguntamos a los mayores qué le duele, cuánto y cuándo se agrava, cuándo se calma, pero muy pocas veces decimos “abra la boca y déjeme ver sus dientes”. Eso debe cambiar.
Sabemos, de manera muy bien argumentada por diversas investigaciones científicas, que una mala salud bucodental está detrás de algunas enfermedades digestivas y cardíacas, provocando incluso en estas últimas descompensaciones tan graves que puede ponerse en peligro la vida de la persona.
Desgraciadamente, en el imaginario popular relacionado con los mayores sigue siendo protagonista la boca desdentada. Más triste es que en la realidad se confirme esta caricaturización del envejecimiento. Detrás de las bocas desdentadas, o con dientes en mal estado se esconden factores que podemos sintetizar en:
➡️Miedo al dentista: la mayoría de mayores de 75 años tuvieron malas experiencias con dentistas. En la posguerra, la anestesia bucal brillaba por su ausencia por lo que ir al dentista era un suplicio. Además, el repertorio de intervenciones se limitaba a extracciones: ante cualquier caries, que hoy son empastadas de manera regular y protocolaria, la extracción era el único procedimiento.
➡️Malos hábitos de salud: la falta de productos de higiene bucal en la infancia y madurez de los mayores ha llevado a muchos a normalizar el deterioro y progresiva desaparición del repertorio dental. La acumulación de restos de comida en la boca que van pudriéndose, provocan la proliferación de bacterias que atacan silenciosamente a los ligamentos (periodonto) que sujetan los dientes en sus alveolos, y al esmalte dental. Ambas situaciones desencadenan las habituales periodontitis (piorrea), y las caries, llegando así a caerse los dientes.
➡️Elevados costes de la atención odontológica: las intervenciones en la boca suponen un coste que, sin ser tan elevados como en otros países, pueden ser difíciles cubrir con pensiones mínimas. Las prótesis dentales son todavía inalcanzables para muchos mayores, y ante esta situación no les queda otra que resignarse a perder dientes. Es bochornoso que haya planes de salud bucodental destinados a los niños, para prevenir, pero se les niegue a los mayores, condenándoles a años de enorme sufrimiento.
Vista la situación es importante ser conscientes de:
✅La prevención es fundamental: hay que potenciar la higiene bucodental a edad, también en la vejez. Los mayores deben saber y sensibilizarse de la relevancia de la higiene de su boca y dientes. Los dientes que se hayan perdido no volverán, pero podremos prevenir la pérdida del resto.
✅Visitar al odontólogo: es el especialista más cualificado para chequear y conocer sus problemas dentales. Acuda a este profesional al menos una vez al año, y siga en la medida de sus posibilidades sus sugerencias y recomendaciones. Actualmente las intervenciones bucodentales están libres de dolor. Otra cosa bien distinta es la ansiedad secundaria a experiencias pasadas desagradables, que solo podremos superar acudiendo al odontólogo.
✅Haga previsiones económicas para su salud: la mayoría de odontólogos tiene planes de financiación para adquirir prótesis que le ayudarán a afrontar gastos sin demasiada dificultad. Acuda a la trabajadora social de su centro municipal de servicios sociales, ya que suelen disponer de ayudas económicas que, aunque muy escasas, pueden ayudarle a financiar parcialmente sus prótesis.
Recuerde, perder los dientes NO es normal con la edad. Es el resultado de varios factores que podemos prevenir y afrontar. Alimentarse sanamente empieza por poder masticar bien los alimentos.
