La pobreza energética como amenaza de la salud

Comer o calentar, el dilema de la pobreza energética que se repite cada invierno

La pobreza energética, definida como la incapacidad de un hogar para satisfacer sus necesidades básicas de energía, se agrava drásticamente con la llegada de las bajas temperaturas. Cuando el frío invernal aparece, el suministro de energía para calefacción se convierte en una necesidad vital y no en un lujo. Para miles de familias, la decisión se reduce a una elección devastadora: comer o encender la calefacción.

La manifestación más cruda de este problema en invierno es la incapacidad de mantener una temperatura adecuada en el hogar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la temperatura interior de una vivienda se mantenga en un promedio de 18°C. Para los hogares en situación de vulnerabilidad, alcanzar o mantener este umbral es inasumible. Este problema se intensifica por tres factores principales:

➡️Bajos ingresos y altos precios: La precariedad laboral o los ingresos insuficientes impiden afrontar el coste creciente de la energía. Un porcentaje desproporcionado de la renta se destina a la factura, forzando a las familias a restringir el uso de la calefacción por miedo a la deuda. Como promedio general durante el año 2022, los hogares murcianos destinaron aproximadamente el 13% de sus ingresos a pagar las facturas de luz y gas. Este porcentaje se situaba dos puntos por encima de la media nacional en ese momento, y en el caso de los hogares vulnerables llegaba hasta el 25% (estudio del Grupo Mutua de Propietarios) Este comportamiento se conoce como pobreza energética oculta.

Según el informe ‘Balance de las Actuaciones contra la Pobreza Energética y Actualización de Indicadores 2018-2024’ del Ministerio para la Transición Ecológica, el porcentaje de la población que declara no poder mantener su vivienda a una temperatura adecuada en invierno se estabiliza o incluso muestra un ligero descenso a nivel nacional en 2024, situándose en torno al 17,6%. Esto representa aproximadamente 8,7 millones de personas que siguen sin poder calentar sus casas correctamente.

➡️Ineficiencia energética de las viviendas: Muchas viviendas de las familias vulnerables presentan un mal aislamiento térmico (sobre todo en la Región de Murcia, donde hasta hace unos años se priorizaba el calor), con problemas estructurales como goteras, humedades o ventanas y puertas deficientes. Esta ineficiencia provoca un consumo energético mucho mayor para conseguir un mínimo de confort, disparando el gasto y perpetuando el círculo de la pobreza energética.

➡️Cambio climático: Eventos de frío extremo o prolongado, como olas de heladas que cada vez son más habituales, aumentan la demanda de calefacción de manera súbita, encareciendo el precio de la energía y poniendo en jaque la economía de los hogares más frágiles, exponiéndolos a condiciones de frío y a sus efectos para la salud.

UN RIESGO PARA LA SALUD

Las consecuencias de vivir en un hogar frío van mucho más allá del simple malestar. La exposición prolongada a bajas temperaturas interiores (<12°C) tiene un impacto directo y severo en la salud, especialmente en los colectivos más vulnerables: ancianos, niños y personas con enfermedades crónicas.

La guía de la Organización Mundial de la Salud, advierte de las graves consecuencias sobre la calidad de aire interior, en concreto sobre la humedad y el moho

La presencia de agentes biológicos en interiores está condicionada a la humedad y a una ventilación inadecuada. El exceso de humedad produce un crecimiento de microbios como el moho, hongos y bacterias en la mayoría de materiales interiores, que posteriormente reparten esporas, células, fragmentos y compuestos orgánicos volátiles en el aire. Por otra parte, la humedad provoca la degradación química o biológica de materiales, que también contamina el aire.

Los ácaros del polvo, productores de alérgenos, se ven favorecidos por entornos húmedos, así como los hongos, que producen también alérgenos, irritantes y micotoxinas, en algunos casos carcinógenas. La humedad favorece también la presencia de cucarachas y roedores, que son también fuente de alérgenos.

Por su parte, el Ministerio de Sanidad declara que “la población más vulnerable a los efectos del frío la constituyen sobre todo las personas sin hogar y las que sufren pobreza o bajo estatus económico (ropa de abrigo deficiente, vivienda insalubre, mal aislada, sin calefacción, etc.) en especial cuando esta se manifiesta en la forma de pobreza energética, lo que les impide mantener una temperatura de confort en los hogares en los momentos más fríos del año. Así mismo, a causa de la distribución de la pobreza y las tareas de cuidados en función de los roles de género se ha establecido que en estas situaciones probablemente quien pase más tiempo en estos hogares no confortables sea una mujer, por lo que también debe ser considerado un grupo vulnerable. También, lo inmigrantes en situación de precariedad”◙









Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados