Como cada año, está previsto el cambio de hora del ‘horario de verano’ al ‘horario de invierno’. En esta ocasión será del sábado 25 de octubre al domingo 26 de octubre. Esa madrugada, a las 03.00 horas, nuestros relojes volverán a marcar las 02.00 horas y nuestro domingo tendrá 25 horas, en lugar de 24. Como consecuencia de este cambio de hora, los días comenzarán a tener luz solar antes por las mañanas y, en cambio, por las tardes anochecerá antes.
Este cambio, que se produce dos veces año de manera inversa, se comenzó a implantar a mediados del siglo pasado por motivos meramente políticos y económicos. Estar ‘alineados’ con países como Alemania o un supuesto ahorro energético han sido las justificaciones que se dieron para una decisión que a día de hoy todavía se mantiene, a pesar de que tiene un notable impacto en la salud de las personas año tras año.
En materia de cronobiología, es decir, la ciencia que estudia los ritmos biológicos, la doctora en esta materia Mª Ángeles Bonmatí advierte de que estos cambios de hora “no son nada convenientes”. Pero, si comparamos ambos cambios (el de ahora con el que atrasamos el reloj o el de marzo que lo adelantamos una), este es el menos ‘dañino’ ya que, como apunta la doctora Mª Ángeles Bonmatí, “el cambio de hora de ahora, de octubre, en realidad no es un cambio como el de marzo si no que supone volver al horario en el que debemos estar”.

Esto se debe a que nuestro reloj interno, ese mecanismo que regula nuestra fisiología, tiene un periodo endógeno que se acerca más a las 25 horas que a las 24. Por ello, ‘ganar’ una hora en octubre nos beneficia, mientras que ‘perder’ una hora en marzo nos perjudica. “Lo ideal sería mantener siempre el mismo horario y conseguir que nuestro ‘mediodía’ coincidiera con el momento en el que el sol está de forma perpendicular que es el mediodía real. Como es el caso de Reino Unido o Portugal. En invierno vamos con una hora de desfase, pero en verano son dos”, explica la cronobióloga.
Sobre esa ‘buena fama’ que tiene el cambio de hora que se produce en marzo debido a que, según la creencia, ‘ganamos horas de luz’, es necesario recordar, añade la experta, que los días se acortan cuando nos vamos acercando al invierno y se alargan conforme nos acercamos al verano, cambiemos o no la hora; pero esto se produce de forma paulatina, más fisiológica. “Mucha gente asocia tener más horas de luz con el horario de verano, cuando en realidad es, simplemente, porque es verano, no por el cambio de la hora”.
Tampoco podemos olvidar que el hecho de que anochezca antes puede tener un impacto en la salud mental de las personas y en otros ámbitos como el comercio o la cultura, “estos cambios de hora generan mucho desajuste, sobre todo en población vulnerable” como pueden ser los niños o las personas mayores. Entre estos desajustes, puede darse el insomnio, la fatiga, los problemas de concentración o la irritabilidad en los días posteriores al cambio de la hora.
¿DEJAREMOS DE CAMBIAR LA HORA?
Cada año, cuando llega el momento de cambiar la hora, todo el desajuste y la incomodidad que provoca lleva a la población a preguntarse: ¿es necesario? ¿por qué no dejamos de hacerlo? La doctora Mª Ángeles Bonmatí explica que en 2018 la Unión Europea quiso abordar la controversia sobre la conveniencia o no de cambiar la hora, ya que ya se ha visto que el ahorro energético es mínimo, se hizo una encuesta participativa. El resultado de esta cuestión es que la mayoría de países sí estaba a favor de dejar un solo horario en su territorio a lo largo de todo el año. El problema es que no se pusieron de acuerdo sobre cuál era el horario más conveniente para cada país, ya que había que ponderar cuestiones cronobiológicas, psicológicas, comerciales, sociales, etc., que, en muchos puntos, lo que beneficiaba desde una perspectiva, dañaba desde otro punto de vista. El resultado fue, finalmente, que se mantendrían las cosas como estaban, al menos por el momento.
CONSECUENCIAS DE DORMIR MAL

Aunque dormir es una cuestión tan importante como puede ser comer o respirar, a menudo no se le da tal estima. Por ello es importante recordar, explica la doctora Mª Ángeles Bonmatí, que “mientras dormimos se pone en marcha un mecanismo de limpieza en el cerebro que hace que se vayan aquellos residuos que se han generado durante el día. Por lo tanto, el hecho de dormir lo suficiente hace que el cerebro esté a pleno rendimiento”. Si, por el contrario, no dormimos bien de manera continuada, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades neurodegenerativas como es el alzhéimer.
Por otra parte, a nivel hormonal, “mientras dormimos se segregan hormonas que no se segregan mientras estamos despiertos. Un ejemplo es la hormona del crecimiento, que es muy importante en niños, pero que, en los adultos, también tiene funciones de reparación y de mantenimiento muy importantes”. Otra cuestión importante es el equilibrio emocional que viene derivado de un buen descanso. Cuando tenemos un sueño reparador, nos encontramos menos irritables, más resolutivos, más creativos y más capaces.
‘QUE NADA TE QUITE EL SUEÑO’
Toda esta información relativa al sueño y mucha más sobre la ciencia que es la cronobiología, la podemos encontrar en el libro de la doctora Mª Ángeles Bonmatí titulado ‘Que nada te quite el sueño’. “El libro trata de acercar el conocimiento científico que se tiene sobre el sueño a la población general, porque considero que lo que no se conoce no se puede valorar. Conocer qué hay detrás del sueño, qué ocurre en nuestro cuerpo y nuestro cerebro mientras dormimos, es muy importante para valorar ese proceso. También hay consejos y recomendaciones, pero es necesario recordar que no hay fórmula mágica en el sueño”, concluye la cronobióloga y autora del libro◙

