En un mundo donde la biodiversidad se enfrenta a amenazas sin precedentes, los bancos de germoplasma surgen como arcas de Noé modernas, depositarios de la herencia genética de nuestro planeta. Estas instituciones, a menudo ocultas a la vista del público, desempeñan un papel crucial en la conservación de la diversidad vegetal, asegurando la disponibilidad de recursos genéticos para futuras generaciones.
Un banco de germoplasma es una instalación diseñada para la conservación a largo plazo de la diversidad genética de plantas, animales y microorganismos. Pero los bancos de germoplasma son mucho más que simples depósitos de semillas; son centros de investigación y conservación que albergan colecciones vivas de material genético, desde semillas y tejidos vegetales e, incluso, ADN. Su labor es fundamental y está destinada a la seguridad alimentaria, la agricultura sostenible y la adaptación de los cultivos al cambio climático.
En los medios se habla mucho del Banco Mundial de Semillas, en Noruega, y casi siempre relacionado con la atrayente idea de una futura apocalipsis. Pero aquí, en la Región de Murcia, el material genético vegetal ha sido almacenado desde 1975 en las instalaciones del actual Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA), gracias a numerosos proyectos de investigación y actuaciones como colectas de material genético o intercambio con agricultores y ganaderos. Pero no es hasta el año 2013 cuando nace el Banco de Germoplasma (BAGERIM) con el objetivo de mantener y recuperar variedades tradicionales desaparecidas, mejorar los cultivos existentes y garantizar su aprovechamiento futuro. Actualmente, cuenta con más de 15.000 entradas conservadas de distintas especies vegetales. En ganadería se conservan 14.665 pajuelas y 170 embriones (entre cerdo chato murciano, bovino murciano-levantino y caprino murciano-granadino).

Andrés Martínez Bastida, director del IMIDA, destacó que “muchas de las variedades que atesoramos las estamos reintroduciendo para su cultivo en sistemas agrícolas sostenibles, favoreciendo así los mercados de cercanía y son, además, una importante fuente de variación genética en los distintos programas de mejora desarrollados en el IMIDA, y un elemento clave de su éxito”.
El Banco de Germoplasma se ubica en distintas instalaciones del IMIDA. Las colecciones que se conservan por semilla se almacenan en una cámara frigorífica con temperatura controlada y humedad relativa, en La Alberca. Las especies leñosas se mantienen cultivadas en distintas fincas experimentales por toda la Región, y el germoplasma animal se conserva en tanques de nitrógeno líquido.
En el Banco Mundial de Noruega hay 13.500 semillas de 27 variedades diferentes como pepino, calabaza, judía, tomate, berenjena o trigo, entre otras, procedentes de localidades de gran parte de la Región. De cada variedad se envían 500 semillas, y se seleccionan de cultivos que corren el riesgo de desaparecer y que tienen importancia para la alimentación, como puede ser el trigo.
CURIOSIDADES
Una curiosidad relacionada con este último producto es que, algunas variedades de trigo que desaparecieron del mercado, actualmente están siendo recuperadas por panificadoras de la Región de Murcia para reintroducirlas en sus establecimientos. Fruto de la colaboración con agricultores, comercializadores y consumidores, el IMIDA ha creado una plataforma para la comercialización de variedades hortofrutícolas tradicionales que tienen gran interés, tanto para los consumidores como para los cocineros por su extraordinaria calidad y cualidades gastronómicas. Con esta iniciativa se potencia la agrodiversidad, se fomenta la sostenibilidad y se recuperan variedades que no están disponibles en el mercado, caracterizadas por su diferente sabor, calidad, textura, color y cualidades nutricionales

La conocida marca de melones ‘El Abuelo’ desarrolló con el IMIDA una variedad de melón antigua e histórica a la que bautizaron con el nombre de ‘Érase una vez’. También la empresa ‘Murciana de vegetales’ dedicada a la producción de hortalizas desde 2014, ha evaluado más de un centenar de tipos diferentes de lechuga para ofrecer al mercado productos con características diferenciadas de calidad, sabor, color o textura. Esto ha permitido la producción y comercialización de nuevas variedades de lechuga.
Desde el año 2018 los agricultores pertenecientes al proyecto AGRODIVERSO eligen y cultivan variedades tradicionales que han despertado gran interés por algunos de los cocineros más reputados de la Región, y que, además, las han incluido en sus recetas por su calidad y cualidades gastronómicas.
Pero esta iniciativa no persigue solamente la originalidad, sino que alberga un fin todavía más importante y necesario. Lo que pretende el IMIDA es impulsar el mercado de proximidad y la compra directa entre consumidor y agricultor, lo que contribuye a generar nuevas oportunidades de negocio en las zonas rurales y a fijar su población.

