A menudo el cine, los libros o las series de televisión ayudan a dar a conocer realidades que pueden ser desconocidas para el grueso de la población. Otras, por el contrario, hacen un flaco favor a las personas que conviven con esa realidad porque crean estigmas e ideas preconcebidas que poco tienen que ver con la verdad. Por desgracia, este segundo caso es el de las personas con trastorno de identidad disociativo o TID.
Sergi March, de 41 años, tiene 17 identidades diagnosticadas y, para él, su vida comenzó hace dos años, cuando surgió su identidad. Divulgador en redes sociales y medios de comunicación sobre el TID, Sergi March aporta algo de rigor y luz en un trastorno que sufre el 1% de la población pero que está altamente infradiagnosticado.
“Se trata de un diagnóstico que se desarrolla entre los 5 y los 16 años de edad a raíz de un abuso sexual, una violencia continuada o un maltrato intrafamiliar”, explica Sergi March, que continúa: “Como el cerebro del niño o adolescente no está preparado para afrontar lo que está viviendo, el cerebro va a crear otra persona para que siga la vida de ese niño o adolescente. Esto va a continuar hasta que haya un diagnóstico y un tratamiento haciendo que, cada vez que la persona se enfrente a algo traumático o algo problemático a lo largo de su vida, se sigan creando identidades”.
Este punto de inflexión en el diagnóstico, explica el divulgador, demuestra la importancia vital que tiene el diagnóstico temprano en una persona con trastorno de identidad disociativo y la gravedad de la falta de profesionales especializados en este trastorno que deriva, a su vez, en diagnósticos erróneos: “Hace unos años, a otra identidad del ‘cuerpo’ (término que usa Sergi para referirse al individuo en el que convergen las identidades) se le diagnosticó trastorno bipolar. A otra, amnesia por estrés y a otra, trastorno límite de la personalidad. A mí, hace dos años y medio, me diagnosticaron por fin trastorno de identidad disociativo”.
Conseguir este diagnóstico no solo es complicado por la falta de profesionales sanitarios que sean expertos en el mismo, sino también porque la persona no es consciente de que tiene esa diversidad de identidades.
“En mi caso – ejemplifica – lo que ocurrió fue que una de mis identidades, llamada Gi, se quiso casar con Xandra, que es mi pareja actual. La familia de ella descubrió que la ‘persona’ ya estaba casada. Xandra podría haber pensado que la estaba engañando pero a ella no le cuadraba, porque ya lo teníamos todo reservado y no haces todo eso si sabes que te van a pillar. También recordó que yo a veces me perdía por la ciudad y decidió que fuéramos a un psicólogo”. Tras diversos test psicológicos en septiembre de 2024, la respuesta para Sergi March fue clara: tenía trastorno de identidad disociativo.

VIVIR SIENDO ‘MUCHOS’
“Ahora que estoy en tratamiento solo me disocio cuando me asusto, me estreso o me chillan. Por eso, el objetivo de la terapia y la medicación es estar lo más tranquilo posible. Pero también ante situaciones concretas como, por ejemplo, si voy en el metro y se me acerca mucho un hombre. Porque en mi caso, el TID es fruto de un abuso sexual infantil y, en ese momento, mi cerebro me ‘saca de ahí’ y al volver, esas dos o tres horas no las voy a recordar porque otra identidad ha tomado el mando y, además de TID, tengo amnesia disociativa como el 70% de las personas con TID”, apunta Sergi March.
En términos de frecuencia, apunta el divulgador, gracias a la terapia esta disociación ocurre entre tres y cuatro veces a la semana gracias al tratamiento, ya que antes, explica, le ocurría entre treinta y cuarenta veces al día. “El cerebro se acostumbra a ser una máquina de disociación, lo que hace es que el cerebro sabe con qué persona debe usar cada identidad. Entonces va cambiando y rellenando los huecos para que, por ejemplo, tú nunca te preguntes dónde has estado ese tiempo en el que ha habido otra identidad”.
También en términos de frecuencia, Sergi March es la identidad que está más tiempo presente en el ‘cuerpo’, pero las demás identidades conviven de manera independiente. “Cuando empecé la terapia con mi psicóloga me dijo que había dos opciones: la terapia de integración, es decir, que todas las identidades se fusionan, pero esta opción es complicada de conseguir a mi edad porque son muchas identidades; o la terapia de convivencia. Para explicar esta terapia, ella la llama ‘terapia del ejército’ porque consiste en enseñar a las demás identidades que tú (Sergi) eres el capitán general, y por debajo hay sargentos, cabos, tenientes, soldados… Lo estuve pensando y pensé que quién era yo para matar a identidades que tienen muchos más años de vida y de historia que yo. Así que decidimos la terapia de convivencia”.
Del miso modo, explica Sergi March, antes de la terapia escuchaba un “batiburrillo de voces” en su cabeza, pertenecientes a las demás identidades que, aunque no están ‘fuera’ en ese momento, siguen existiendo. Ahora, con la terapia psicológica y la medicación, el divulgador es capaz de percibirlas de manera ordenada, entenderlas y saber cómo responden ante cosas que él está viviendo. Esto resulta positivo para el divulgador porque le permite vivir sin ese vocerío dentro, pero también le exige vivir con diferentes ‘puntos de vista’ en todo momento. “A veces escuchó llorar al niño que sufrió el abuso. Otras identidades, por ejemplo, no quieren que sea divulgador y me insultan cuando hablo con periodistas o hago algún podcast”, explica.
Aunque las identidades no puedan morir, Sergi explica que “pueden quedarse como dormidas, aletargadas, salir con menos frecuencia. Hay 4 o 5 que no han salido desde hace un año. Quizá porque no tienen nada que aportar. Al final, el trastorno de identidad disociativo es una manera que tiene el cerebro de asegurar tu supervivencia, cada identidad tiene su función. Quizá, con el tiempo, pierden su función. Pero pueden salir, y se van a acordar que en algún momento alguien, en mi caso Xandra, les explicó que tenían TID como parte de la terapia de convivencia”.
LAS PESADILLAS
Conocer su diagnóstico también ha resuelto una de las grandes dudas que ha perseguido al ‘cuerpo’ durante toda su vida: las pesadillas que, en realidad, son recuerdos. “Uno de los problemas que tiene el TID son los flashbacks cuando duermes. Es como un sueño, pero muchísimo más real porque estás reviviendo el trauma que sufriste en primera persona. Yo no sabía lo que era, hasta que me explicó mi psicóloga actual. Le dije que tenía muchas pesadillas y problemas para dormir y ella me preguntó si se repetían, le dije que sí y descubrimos que eran flashbacks, que estaba recordando el trauma. Esto me hizo preguntarle al entorno de otras identidades del ‘cuerpo’ si estas identidades dormían bien y me dijeron que no, que siempre habían dormido mal. Eso hace que siempre estés agotado”, explica el divulgador de TID.
LAS ‘MENTIRAS’ Y LOS PREJUICIOS
La mencionada acción involuntaria del cerebro que constituye la disociación marca una diferencia fundamental en uno de los puntos más complicados de una persona con TID: que el entorno crea que, simplemente, está mintiendo. “Una persona con TID no miente, vive en una irrealidad, que es diferente. Mentir es el acto de decir algo sabiendo que no es cierto, pero una irrealidad es creer que tú vives en ese algo que no es real. Si el primer recuerdo que tiene una identidad es de Andorra, creerá que es andorrano porque en cerebro construye la idea de que, como estás aquí, eres de aquí, para no hacerte dudar”, explica Sergi March.
Aunque el diagnóstico esclarece muchas dudas para la persona con TID y parte de su entorno, el divulgador reconoce que no todo el mundo encaja bien la idea de que un familiar o alguien cercano tiene TID: “solo ocurre en el 20% de los casos porque el resto cree que tienes algo, pero no eso. Esto, me explicó mi psicóloga, que es porque en realidad es el único trastorno de la salud mental que es culpa de la sociedad, que tiene un origen evitable. No puedes evitar tener TOC, o tener TLP, pero sí podrías haber evitado ese trauma que causa el TID”.
Además de encontrarse con un alto porcentaje de gente que cree que están mintiendo o que desestiman la existencia del TID, las personas con este trastorno se encuentran con gran cantidad de prejuicios en la sociedad, muchos derivados de personajes de series de televisión o películas en las que se muestra una imagen distorsionada y nada real del TID.
Uno de los casos más famosos es el de la película ‘Múltiple’, en la que el personaje principal se supone que tiene TID. “Para empezar – rebate Sergi March -, la OMS ya le cambió el nombre, ya no se llama ‘personalidad múltiple’, porque no cambia la personalidad, cambia la identidad. En cuanto a la personalidad de cada identidad, pueden ser diferentes las unas de las otras, pero no con cambios muy relevantes. En la película se enseña un hombre que pasó de ser una buena persona a un asesino. Eso no pasa con el TID”.
Otro personaje que muestra, aparentemente, a una persona con TID pero que se aleja mucho de la realidad de este trastorno es el del actor Carlos Areces en la serie ‘La que se avecina’. “Este personaje pasa de ser un señor nazi a una mujer inglesa o a un payaso. Esto será muy gracioso, pero no es real y resulta trementamente estigmatizante”, acusa el divulgador.
Mostrar estas supuestas realidades del TID genera, como explica Sergi March, un gran estigma sobre el trastorno. “Esto se manifiesta de dos maneras: el que tiene miedo y el que no te cree porque opina que estás exagerando y te invalida”.
FALTA DE ASOCIACIONES
El enorme estigma alrededor del TID y las consecuencias tanto a nivel personal como profesional que perciben las personas con este trastorno hace que, a menudo, decidan ocultarlo y no comunicarlo. Esto, explica Sergi March, causa a su vez que no existan asociaciones de personas con TID ni familiares: “la gente no quiere decir que tiene TID por el estigma, pero es que, además, puede haber identidades que quieran decirlo y otras que no dentro del mismo cuerpo, como en mi caso, que algunas identidades no quieren que sea divulgador”.
SEÑALES DE ALERTA
En caso de tener sospecha de que alguien de nuestro entorno puede tener trastorno de identidad disociativo, el divulgador Sergi March recomienda “siempre ser directo. Lo mejor es decirle que estás notando cosas que no cuadran y que queréis buscar una solución. Si crees que se va a enfadar si le dices que tiene que ir a un psicólogo, prueba a decir que necesita ir a un neurólogo porque, aunque no sea nada neurológico en realidad, ya está dentro del sistema y el neurólogo le va a derivar. Pero no abandones a esa persona, no pienses de primeras que la persona es una mentirosa o que es una persona que vive en su mundo. Hay cosas que sí pueden ser mentiras pero si la persona te está diciendo que es de Almería y te deja su DNI donde pone que es de Barcelona, no te estará mintiendo sabiendo que le vas a pillar”.

