Por qué siempre nos queda espacio para el postre

Evolutivamente, nuestros antepasados buscaban alimentos densos en energía (azúcares y grasas) para sobrevivir.

Es una sensación que todos hemos tenido: terminas un plato enorme de comida, sientes que no puedes dar un bocado más, pero en cuanto aparece el pastel o el helado, ‘mágicamente’ aparece espacio.

➡️El factor más importante es lo que se conoce como ‘saciedad sensorial específica’. Cuando comes mucho de un solo tipo de alimento, por ejemplo, algo salado como pasta o carne, tus papilas gustativas y tu cerebro se ‘cansan’ de ese sabor específico. Así, tu cerebro envía señales de que estás lleno para detener el consumo de ese sabor particular. Al introducir un sabor completamente distinto (dulce), el cerebro se entusiasma de nuevo. La novedad del postre anula temporalmente la señal de saciedad porque es una experiencia sensorial nueva.

➡️El ‘reflejo de relajación gástrica’ es el segundo elemento a considerar. Cuando vemos o anticipamos algo que nos gusta mucho, como un postre apetitoso, nuestro cuerpo reacciona físicamente.

Luego está la reducción de la presión, una especie de relajación que reduce la sensación de plenitud y presión interna, creando, literalmente, un poco de espacio físico adicional para el dulce. El azúcar y la anticipación del placer pueden provocar que las paredes del estómago se relajen y se expandan, generando un espacio extra.

➡️La tercera causa viene de la mano del ‘sistema de recompensa’, siempre conducido por nuestra vieja amiga, la dopamina.

Y en este punto, tiene mucho que ver nuestra historia. Evolutivamente, nuestros antepasados buscaban alimentos densos en energía (azúcares y grasas) para sobrevivir. Aquello tan lejano ha generado un atavismo del que nos resulta difícil desprendernos.

➡️También está lo que los especialistas, como la Dra. Barbara Rolls (una de las investigadoras más reconocidas en el campo del comportamiento alimentario), calificó por los años 80 como ‘hambre hedonista: A diferencia del «hambre homeostática» (necesidad de energía), el postre activa el comer por placer. El deseo de esa recompensa es tan fuerte que puede ignorar las señales de que el estómago ya está satisfecho. El dulce activa el sistema de recompensa del cerebro, liberando dopamina◙

Fuente: Rolls, B. J., et al. (1981). «Variety in a meal enhances food intake in man». Publicado en la revista Physiology & Behavior.

REDACCIÓN

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