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Una menstruación menos contaminante es posible

Las mujeres buscan opciones respetuosas con su cuerpo y con el medio ambiente que, además, supongan un menor gasto y una reducción del riesgo para la salud

Las personas que tienen menstruación, por lo general, lo harán durante más de la mitad de su vida. Este ‘evento’ fisiológico mensual supone el uso de productos de higiene específicos: las compresas y los tampones.

Estos artículos suponen tres problemas: el desembolso constante de dinero, los daños que pueden causar al organismo y el impacto negativo que tienen sobre el medio ambiente.

Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en el caso de que una  menstruación normal, una mujer puede llegar a gastar 60 euros anuales en compresas o tampones. Esto supone, a lo largo de la vida, unos 1.800 euros, llegando según la OCU a los 2.000 euros para las mujeres con menstruaciones abundantes.

Menstruación, cuerpo y planeta

Las compresas y tampones están fabricados en su mayoría con plástico. Esto, unido a que se usan en un período y zona del cuerpo muy delicados, pueden causar irritaciones o alergias, además de suponer un riesgo de alteración hormonal por estar en contacto con plástico, que es un disruptor endocrino.

El plástico de estos artículos de higiene para la menstruación también supone un gran impacto en el medio ambiente. Al ser un producto de un solo uso y con un tiempo de vida limitado, la cantidad de compresas y tampones que se desechan cada año alcance los millones de toneladas.  A esto hay que sumar el plástico necesario para su comercialización como aplicadores, paquetes y bolsas.

Alternativas sostenibles

Cada vez son más populares las alternativas sostenibles en el sector de los productos de higiene. Entre las alternativas, las más extendidas son la copa menstrual, las bragas menstruales y las compresas de tela.

Lo que tienen en común estos tres artículos es que son reutilizables y están exentos de plásticos. Además, tienen diferentes versiones para que puedas escoger la que mejor se adapte a tu cantidad de flujo. Todo esto los convierte en una solución para los tres problemas mencionados.

En el caso de la copa menstrual, la OCU explica que se trata de un dispositivo que suele estar hecho de silicona, que permite su reutilización durante largos periodos de tiempo (puede durar unos 10 años si se hace un buen uso y mantenimiento del mismo) y que cuesta entre 20 y 30 euros. 

Esto supone un gran ahorro ya que el gasto de 60 euros anuales queda reducido a unos 20 o 30 céntimos. La silicona con la que está hecha no supone riesgos para la salud, ya que no genera alergias ni contiene residuos químicos indeseables. Su reciclaje en el momento de desecharla también es fácil ya que se trata de un solo artículo cada diez años.

Las compresas de tela y las bragas menstruales, por su parte, están fabricadas con materiales absorbentes y diseñadas para acoger el flujo menstrual con seguridad y sin fugas. Sus materiales, además, no generan reacciones alérgicas y, por lo general, las marcas encargadas de su fabricación se encuentran comprometidas con el medio ambiente y usan materiales sostenibles y ecológicos.

En este caso, el ahorro puede ser menor o incluso inexistente ya que las bragas y las compresas de tela tienen una vida útil de entre uno y dos años dependiendo también de la calidad de los tejidos, y su precio oscila entre los 15 y los 35 euros. Aún así, supone igualmente una opción más sostenible y una enorme reducción en cuanto al uso de compresas y tampones.

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