Detrás de los altos muros de cualquier centro penitenciario, la vida se rige por un conjunto de normas estrictas y rutinas inquebrantables. Sin embargo, en el corazón de este ambiente de reclusión opera un servicio esencial que a menudo permanece invisible: la atención sanitaria.
La labor de los médicos, enfermeros y sanitarios que atienden a la población reclusa va mucho más allá de un simple acto administrativo. Es una tarea que exige un profundo valor humano, compromiso ético y una vocación a prueba de las circunstancias más desafiantes. Su misión es garantizar que el derecho fundamental a la salud se mantenga intacto, incluso cuando la libertad ha sido suspendida.
Este artículo se adentra en el complejo y delicado mundo de la medicina penitenciaria a través de la perspectiva de uno de sus profesionales, el doctor Martin Zapata Férez, responsable de la salud de los internos del Centro Penitenciario Murcia I, conocido comúnmente como Cárcel de Sangonera. Practica la Medicina Familiar y Comunitaria, es facultativo de Sanidad Penitenciaria, y ha trabajado en los centros penitenciarios de Almería, Murcia II y Murcia I.
¿Cuáles considera que son los principales desafíos o diferencias al proporcionar atención médica en un entorno penitenciario en comparación con la sanidad pública ‘exterior’? (Por ejemplo, en términos de acceso a especialistas, continuidad de tratamientos, o recursos).
MARTIN ZAPATA FÉREZ: Las personas internadas en nuestro centro suelen pertenecer a una población vulnerable en la que predominan las adicciones a drogas, los trastornos mentales y las enfermedades infecciosas. De la atención a sus problemas de salud se encarga la sanidad penitenciaria, perteneciente al Ministerio de Interior por lo que su estructura y organización es totalmente diferente a la sanidad de un centro de salud. También la organización del régimen de vida en un centro penitenciario donde está regulado el horario diario de todas las actividades condiciona esta atención.
Sin lugar a dudas, que el gran reto de la sanidad penitenciaria es su integración en los servicios de salud de las comunidades autónomas.
¿Cómo aborda el centro la salud mental de la población reclusa y cuáles son las patologías psiquiátricas más prevalentes que atienden?

M.Z.F: Los problemas de salud mental de las personas que se encuentran en la prisión son más frecuentes que en la población general, y un objetivo es detectar estos problemas durante su ingreso en el centro y alojarlos en el departamento de enfermería para su mejor atención y tratamiento. Contamos con la visita semanal de una compañera psiquiatra del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca.
En todos los centros contamos con equipos multidisciplinares (enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, educadores y monitores) responsables sobre la intervención del interno y la aplicación de programas terapéuticos y preparar su derivación centros comunitarios cuando llegue el momento de su libertad.
Respecto a las patologías más frecuentes, podríamos decir por este orden que son los trastornos por el uso de sustancias, los trastornos afectivos y los trastornos psicóticos.
Dada la particularidad del entorno, ¿qué protocolos específicos se siguen para la prevención, detección y tratamiento de enfermedades infecciosas (como VIH, Hepatitis o Tuberculosis)?
M.Z.F: Para la prevención y detección de enfermedades infecciosas en el momento del ingreso, en nuestro centro realizamos con el consentimiento del interno serologías que nos permiten la detección temprana de las enfermedades víricas más frecuentes y el inicio lo antes posible de tratamiento en estrecha colaboración con el servicio de medicina interna de nuestro hospital de referencia Virgen de la Arrixaca. Con lo que se está consiguiendo la erradicación de la Hepatitis C y que todos los internos con infección por VIH estén en tratamiento y con cargas virales indetectables.
Para la detección de la tuberculosis desde hace años dejamos de utilizar la prueba de la tuberculina para todos los internos que ingresaban en el centro, y en la actualidad nos basamos en la sospecha clínica en la población de riesgo.
¿Cómo gestionan los servicios médicos las situaciones de dependencia o abuso de sustancias al ingreso y durante la estancia del interno, y qué programas de desintoxicación o mantenimiento ofrecen?
M.Z.F: La dependencia a sustancias es uno de los graves problemas de la sociedad actual, y en algunas ocasiones esta dependencia puede influir en un comportamiento delictivo, lo que lleva a estas personas a su ingreso en prisión. Y si el fin de la pena es la reinserción y rehabilitación de estas personas, debemos de tratarlas lo más eficazmente posible, y para ello contamos con programas de deshabituación por abuso de psicofármacos y de abuso de otras sustancias. Mantenemos contacto directo con los diferentes Centros de Atención a Drogodependientes de la Comunidad Autónoma y continuamos con el programa de mantenimiento de metadona. También contamos con la colaboración de Cruz Roja, Colectivo Paréntesis con el programa Matrix, y entidades como AMAS y CONCAES.

Pero el proyecto más importante es la creación hace unos dos años de una Unidad Terapéutica Educacional en un módulo separado del resto, que aborda la problemática de la dependencia del interno y de su entorno de forma integral por un equipo multidisciplinar y prepara a este para continuar su rehabilitación en libertad.
En un contexto donde la privación de libertad es inherente, ¿qué medidas o enfoque adoptan para humanizar la asistencia sanitaria y garantizar que los pacientes se sientan atendidos con la misma dignidad y respeto que en cualquier otro centro de salud?
M.Z.F: Podríamos decir que uno de los momentos más estresantes para una persona es su ingreso en prisión, y el primer contacto que esta persona tiene es con el médico del centro. Es ahí, durante la entrevista médica, el momento en el que hay que dispensar ese trato humanizado; que el hecho de estar en prisión le va a restar durante un periodo de tiempo su libertad, pero que cuenta con un equipo de profesionales que velarán por su salud física y mental.
También es básico la privacidad y confidencialidad en materia de salud, disponiendo de salas con presencia exclusiva de personal sanitario. Y en caso de que algún interno presente enfermedades graves, solicitar por razones humanitarias su puesta en libertad para que pueda estar con sus seres queridos.
En el año 2003 la Ley de Cohesión y calidad del SNS planteo la integración de la sanidad penitenciaria en las diferentes comunidades autónomas ¿Qué ha sucedido desde entonces y que consecuencias ha tenido?
M.Z.F: Pues que en estos años no han logrado ponerse de acuerdo los responsables del Ministerio de Interior con las comunidades autonómicas en esta materia y solamente se ha conseguido la integración en Cataluña, Navarra y País Vasco, manteniendo en estas comunidades las plantillas de sanitarios cubiertas en su totalidad y prestando una buena calidad asistencial, no así como en el resto del territorio español en el que se sigue manteniendo una sanidad paralela, con jubilaciones de médicos en los últimos años que están dejando plazas sin cubrir.
Podemos decir que en estos momentos un 70% de las plazas de funcionarios facultativos de sanidad penitenciaria están vacantes y que en unos 13 centros penitenciarios hay ausencia de médico, lo que supone sobrecargas para cuerpo de enfermería, derivaciones frecuentes a servicios de urgencia extra penitenciarios y sobrecarga para las fuerzas de seguridad. Todo esto requiere una solución urgente, porque para cualquier persona que por cualquier circunstancia tenga que ingresar en un centro penitenciario (y la edad media de la población penitenciaria ha aumentado en los últimos años, así como la prevalencia de enfermedades crónicas) debería contar con los mismos recursos y calidad asistencial que la que le proporcionaba su sistema público de salud cuando esta disfrutaba de libertad◙

